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Vista de la casa desde el patio posterior.
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Vista de la casa desde el patio posterior. (Foto: Kike Rincón)

Visita a Velintonia, la casa olvidada de Vicente Aleixandre

Muy cerca de la estación de Metropolitano, al lado de Ciudad Universitaria, se encuentra Velintonia, la casa del Premio Nobel Vicente Aleixandre. Cerrada a cal y canto desde que murió el poeta en 1984, se abre una vez al año para las veladas poéticas que organiza la Asociación de Amigos que lleva el nombre del escritor. Este colectivo, que defiende la necesidad de proteger y conservar esta residencia por el enorme valor cultural e histórico, nos abre las puertas de un inmueble en el que todavía se respira poesía en cada rincón.

Cuesta abajo y en curva de la calle Vicente Aleixandre, divisamos la vivienda del Premio Nobel de Literatura en 1977 y uno de los poetas más relevantes de una generación, la del 27, que tanta herencia literaria nos ha dejado. Sus desgastadas puertas verdes, las verjas en las ventanas y el desconchado del exterior de la fachada es la imagen del inmueble al que acompaña el cartel de 'Se vende', raído por el paso del tiempo que lleva esperando a que alguien o alguna institución, quiera volver a ocupar la morada.

En un entorno tranquilo y muy cerca de la clínica de Santa Elena, donde falleció Vicente Aleixandre en 1984, la casa aparece imponente entre la vegetación que no llega a cubrir su fachada. Una vivienda de tres plantas y un espacioso jardín -que alberga un Cedro protegido-, por el que el poeta paseaba a menudo, incluso cuando las bajas temperaturas invernales no animaban demasiado, conforman un inmueble en el que vivió casi siempre, ausentándose tan solo algunos años cuando el edificio fue bombardeado durante la Guerra Civil. Un tiempo en el que se trasladó a vivir a casa de sus tíos en la calle Españoleto. Años más tarde, cuando regresaron a Velintonia, la casa fue reconstruida cambiando la ubicación y el uso de algunas estancias. Como ocurrió con la biblioteca que tras el enfrentamiento bélico ocupó el espacio que se había destinado a la cocina. "Lo hemos averiguado con los planos originales de la casa", explica Alejandro Sanz, presidente de la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre. Un colectivo que, desde hace años, lucha de manera incansable por "salvar la casa y la poesía". Unos planos que descubren que bajo la tarima de madera de este espacio, en el que descansaba el fondo bibliográfico del autor y en el que recibía la visita de escritores y personalidades relevantes de la época, asoma un suelo propio de una cocina, ennegrecido por el continuado uso de una cocina de carbón. Una biblioteca escasa tras el bombardeo, con apenas 3.000 ejemplares que fueron recuperados por el poeta junto a Miguel Hernández, recogiéndolos ambos en carretilla juntos a los enseres que se libraron de ser destruidos.

Pero Miguel Hernández no fue el único poeta y dramaturgo de especial relevancia en la literatura española del siglo XX que visitaba Velintonia. En la larga e intensa vida de Aleixandre, esta casa se convirtió en un santuario poético de obligada visita para varias generaciones. Luis Cernuda, José Hierro, Pablo Neruda, Gerardo Diego y Jorge Guillén acudían a encuentros en la vivienda. Quienes le conocieron recuerdan también las asiduas visitas de Federico García Lorca para tocar algunas piezas musicales en el piano que ocupaba la habitación contigua a donde dormía el Premio Nobel. Esta habitación, con vistas al jardín, fue testigo de los versos que cada noche brotaban de la inspiración del poeta. "Vicente Aleixandre escribía de noche y tumbado en la cama", cuenta el presidente de la asociación, amigo de José Luis Cano, uno de los mejores conocedores de la poesía de la generación del 27 y la del 36, y uno de los amigos íntimos de Aleixandre. "Durante el día no tenía demasiado tiempo libre. Era una persona que escuchaba a todo el mundo y lo hacía de verdad, no por compromiso".

Así era el poeta, antes y después de recibir el Nobel en 1977. Un galardón que, a pesar de provocar una mayor difusión a su persona y obra, "desestabilizó" al escritor tan poco acostumbrado a los medios de comunicación y a ese éxito popular. "Tenía menos tiempo para leer, escribir y responder cartas. Un estrés que le pasó factura provocándole un herpes que casi le deja ciego", recuerda Sanz.

Paseando por las instancias, no queda apenas rastro de los enseres que acompañaron la vida del poeta, salvo unas cuantas bombillas -todavía de 125 vatios-, el orinal, algunos armarios y unos curiosos radiadores que albergan una pequeña cavidad en la que el poeta aprovechaba para calentar la comida o bebida cuando permanecían encendidos. Pero sí perduran en el tiempo las numerosas anécdotas y viviencias que el poeta disfrutó en esta casa. Porque en Velintonia, Aleixandre escribió la mayor parte de su obra a pesar de tener constancia que también la casa de veraneo de Miraflores de la Sierra sirvió de inspiración de parte de su obra poética.

Aquí hay historia y patrimonio cultural que debe ser "conservado y preservado"

Esta residencia, donde se instaló su capilla ardiente en la sala que encontramos enfrente de la entrada principal, es mucho más que una simple edificación que necesita un buen lavado de cara. Aquí hay historia y patrimonio cultural que debe ser "conservado y preservado", reclaman desde la asociación. En esta lucha no pierde la esperanza la asociación aunque reconocen que se encuentran con la "desidia y abandono de las instituciones de Madrid" desde hace ya demasiado tiempo.

No solo el colectivo, también los herederos reclaman la necesidad de poner en valor la vivienda y convertirla en la Casa de la Poesía y en un Centro de documentación y estudio de la poesía española del siglo XX. Debe ser "salvada", insiste Sanz. "Es la mejor manera de rendir homenaje al poeta, a su generación y a las que falten por llegar". Pero ha de ser -detalla- un "centro vivo" que esté en constante movimiento y con una programación estable.

Hace dos semanas, la Comunidad de Madrid desestimaba la petición de declarar Bien de Interés Cultural la casa. Según informó el Ejecutivo de Cristina Cifuentes, la vivienda"no poseía el valor" requerido para ser considerado BIC y además no tenía una "especial significación" para considerarla Bien de Interés Patrimonial. Sin embargo, la mirada hay que enfocarla mucho más allá de lo arquitectónico si se tiene en cuenta la historia que guardan silenciosas estas paredes que sobreviven al paso del tiempo. Una de las sobrinas de Vicente Aleixandre confiesa a Madridiario que las adminisitraciones "no se están portando bien con los dueños porque la situación en la que se encuentra la vivienda es culpa de ellos". Mientras esperan que alguna de las instituciones baraje una buena propuesta, la casa fue ocupada hace tiempo, sufrió un incendio en el jardín y lo que afecta más a sus herederos: han visto como ofertas privadas de venta se perdían. Amaya Aleixandre asegura "que les han tomando el pelo perdiendo oportunidades de venta". Tuvieron varias ofertas aunque ninguna llegó a buen término porque no igualaron el precio que pedían sus dueños. Y desde el Gobierno, en la época en la que César Antonio Molina ocupó el cargo de Ministro de Cultura, se iniciaron negociaciones para una posible compra pero todo quedó en agua de borrajas. "Ofrecer menos dinero que el valor catastral de a vivienda no tiene sentido", añade la heredera.

"Convertir Velintonia en un centro vivo de poesía es la mejor de las opciones"

Si es cierto, explica Amaya, que convertir Velintonia en un centro vivo de poesía "es la mejor de las opciones". Por esta razón, hasta ahora no se han desvivido en promocionar la venta privada de la vivienda; ni siquiera la agencia inmobiliaria que tienen contratada hace publicidad de ella. Pero el tiempo pasa y la paciencia de la familia se agota. "Ahora que se están recuperando los mercados, a ver qué pasa, tendremos que volver a mover su venta privada", concluye la sobrina.

Una propiedad que ya sabe de alquileres cuando el autor de 'Sombra del paraíso', 'La destrucción o el amor' y 'Mundo a solas', ya no podía subir y bajar escaleras. Fue enconces cuando la planta de arriba se independizó del resto de la casa a la que se accedía por el número 5 de la misma calle. Un diplomático y su pareja ocuparon la estancia superior una larga temporada, sin conocer -con toda probabilidad- los asuntos amororos que escondieron las alcobas. "Ahí llegaron a vivir la poetisa Carmen Conde, Cayetano, amigo de la universidad de Vicente, que estaba casado con Amanda Junquera, que a su vez era amante de Conde".

Veladas poéticas
Anécdotas y recuerdos que nos traslada Alejandro Sanz en el recorrido por la vivienda. Un lugar que el pasado viernes fue escenario de una velada poética abierta al público. Llevan siete años organizando este encuentro en el que participaron Caro López, Vicente Molina Foix, Manuel Rico y Emilio Calderón, entre algunas de las personalidades del mundo de la cultura. También el grupo musical Maga, que ha dedicado a la casa una canción de su último disco. "Se trata de un homenaje a los poetas que han pasado por la residencia sin olvidar al propietario principal"; y una oportunidad más -denuncia la asociación- para "manifestar el estado de abandono insitucional del histórico inmueble".

Una cita anual, la única en la que se abre Velintonia. El resto del año, la puerta de la morada de Vicente Aleixandre permanece cerrada dejando en su interior cientos de recuerdos y momentos históricos que han dejado poso en la vida de varias generaciones. Olvidar es morir y eso es lo que no debe pasar con este patrimonio de la vieja colonia de Metropolitano.

BIOGRAFÍA
Vicente Aleixandre y Merlo (Sevilla, 26 de abril de 1898-Madrid, 13 de diciembre de 1984). Poeta perteneciente a la Generación del 27, recibió el Premio Nobel de Literatura en 1977. Su infancia transcurriço entre Málaga y Madrid. Estudió Derecho y Comercio, y durante unos años fue profesor en la Escuela de Comercio de Madrid especializándose en Derecho Mercantil.

Su amistad con Dámaso Alonso y sus inquietudes literarias le llevaron a leer y a estudiar a los grandes poetas de la literatura universal, como Bécquer y Rubén Darío. También fue conocida su amistad con los otros componentes de la Generación del 27, como Federico García Lorca y Luis Cernuda.

Tras la Guerra Civil permaneció en España y su obra tomó una trayectoria muy personal. En 1949 es nombrado Académico de la Lengua y desde entonces se convirtió en maestro y protector de los jóvenes poetas españoles, que acudían a visitarle con frecuencia a su casa de Madrid, Velintonia, donde con frecuencia organizaba tertulias literarias.

Su obra se caracterizó por el uso de la metáfora y se le reconoció como el principal poeta surrealista español. Se dice que su trayectoria se dividió en tres etapas: una primera de poesía pura (con influencias de Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas y Jorge Guillén), otra de poesía surrealista y una tercera de poesía antropocéntrica.

En 1977 recibió el Premio Nobel, con el que se reconoció universalmente su obra y la de toda la Generación del 27.

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