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España reacciona frente al Brexit y la crisis política y económica

Turistas en la Plaza Mayor
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Turistas en la Plaza Mayor (Foto: Kike Rincón)

Los profesionales del turismo se preparan para una alternativa al turismo de masas, barato, de sol y playa y muy estacionalizado

lunes 01 de agosto de 2016, 15:41h
El turismo representa para España el 10% de su PIB, con una aportación a la economía de más de 124.000 millones de euros sólo en 2015. Este año puede que incluso se superen las previsiones, pero el Brexit y la competencia de los países mediterráneos ponen en peligro esta gran fórmula de negocio. La pregunta es obvia: ¿vamos a seguir con el turismo de masas, barato, de sol, playa y muy estacionalizado que venimos ofreciendo desde hace más de cincuenta años o, por el contrario, vamos a apostar por un turismo de calidad que mejore el ingreso medio y que abra la puerta a otros nichos de negocio paralelos? Es decir, ¿estamos matando la gallina de los huevos de oro en vez de aprovechar al máximo su rendimiento? ¿Tenemos que formar profesionales para un nuevo negocio?

Algunas voces cualificadas se han alzado alertando del peligro y pidiendo que cambiemos de política turística y que, además de recibir al ‘turismo de botijo y botellón’, ofrezcamos una oferta de turismo de calidad que garantice y amplíe unas décadas más nuestro gran nicho de negocio. Dicho en otras palabras: que preparemos educativamente a nuevos profesionales para que sean muy creativos y capaces de adaptarse a los nuevos tiempos y poder satisfacer así a los clientes cada vez más exigentes que podrían visitarnos. Sería preciso una nueva cualificación profesional y unos planes adecuados para ‘pescar’ en ese sector económicamente poderoso que podría potenciar de forma aún más millonaria el turismo en nuestro país.

En estos momentos no parece haber peligro, si no tenemos en cuenta otras consideraciones a largo plazo y sólo analizamos las cifras desnudas: en los últimos años, este sector ha superado el 10% del PIB en España; el turismo español marcó en 2014 un máximo histórico de llegadas de turistas internacionales, rozando los 65 millones de viajeros, y en 2015 las visitas rebasaron los 69 millones de turistas al cierre del ejercicio. Además, en el primer trimestre de 2016 se mantuvieron las expectativas de crecimiento que se habían previsto en el ejercicio anterior.

Todo parece idílico y esas cifras permiten que foros profesionales de la industria turística -de pensamiento, por cierto, muy lineal y corto de vista- sigan hablando de forma insistente que en 2030 podremos alcanzar los 90 millones de turistas. Para cementar aún más ese optimismo acaso exagerado, desde la propia administración pública se lanzan las campanas al vuelo en conversaciones reservadas en las que se afirma que el sueño de alcanzar los 100 ó los 110 millones de visitantes a medio plazo está más cerca que nunca de hacerse realidad.

Las consecuencias del Brexit y de la crisis política española

Pero esa euforia es más aparente que real. Aunque el turismo ‘tradicional’ en España ha contribuido con 0,5 puntos al crecimiento del PIB y el sector creció un 3,7% en ejercicios anteriores, organizaciones turísticas como Exceltur -la Alianza para la Excelencia Turística- han reducido esas expectativas de crecimiento en 2016 a sólo el 2,7% si no se forma un gobierno estable. Es decir, que, además de que España no se ha renovado en su oferta de turismo de masas, barato y de borrachera, la inestabilidad política se suma a que los operadores extranjeros miren a nuestro país con un cierto recelo. Sobre todo en el turismo de calidad.

Además, los conservacionistas e inmovilistas en este sector olvidan los efectos negativos que de aquí a dos años puede tener la salida del Reino Unido de la Unión Europea: ¿qué va a ocurrir con sus residentes en España? ¿Cómo va a afectar realmente el Brexit a nuestra cuenta turística? No hay que olvidar que, oficialmente, unos 300.000 ciudadanos están registrados en España pero que, en realidad, hay más cientos de miles de británicos viviendo en nuestro país.

De hecho, hay más británicos expatriados en España que en cualquier otro país europeo. De esos cientos de miles de ‘turistas británicos permanentes’, a los mayores de 65 años lo que más les preocupa es, sobre todo, ¿qué pasará con su pensión y con su derecho de residencia si el Reino Unido abandona la UE? El temor a que sus pensiones se devalúen y que, además, no puedan acceder a la sanidad pública española como hacían hasta ahora puede obligarles a volver a su país, con unas pérdidas adicionales a las arcas españolas.

Una alternativa al turismo barato y de borrachera

A nadie se le escapa, por tanto, que la gallina de los huevos de oro que en España representa el turismo empieza a sufrir síntomas de congestión... y que resultaría tan raro que pudiera llegar a colapsar si no se toman las medidas adecuadas.

El turismo de la España de hoy se asienta sobre las bases del turismo de la España desarrollista de hace sesenta años: un turismo de masas, barato, de sol y de playa, y ahora también de borrachera de litrona y, en todo caso, muy estacionalizado. Para los auténticos especialistas del sector, la sostenibilidad a largo plazo del modelo pasa por renovar esa fórmula para apostar por la calidad que mejore el ingreso medio y que abra la puerta a otros nichos de negocio.

No vale ahora, en pleno siglo XXI, lo que era válido en esa España que tenía la necesidad de dejar la alpargata y montarse en el 600 y que encontró en el turismo uno de los caminos para poder hacerlo. Resulta obvio que ya no es el tiempo de las suecas, ni del landismo, ni de la proliferación de los hoteles en primera línea de playa, cosa que, además, está prohibida y duramente penalizada por ley. Hemos rebasado con creces aquella apuesta de los gobiernos españoles y de los touroperadores internacionales por un modelo de turismo barato, centradísimo en el negocio de sol y playa y concentrado en los meses de verano.

Es cierto que aquella fórmula nos permitió convertirnos en una potencia turística global: aún hoy somos el tercer destino turístico mundial por número de viajeros y el segundo en ingresos gracias a esa experiencia de sesenta años. Pero ese modelo, pese a haber envejecido relativamente bien, está quedando obsoleto: las islas griegas, las arenas tunecinas o marroquíes o las playas de la costa croata, desde Istria hasta Dubrovnik, son duros competidores en precios y en escenarios.

Un turismo sostenible y de calidad: los nuevos profesionales

Con esas ‘novedades’, no es de extrañar que desde el propio sector muchas voces alerten de la necesidad de renovar la fórmula del éxito para hacerla sostenible, innovar e introducir mejoras para garantizar el futuro. España es un gigante del turismo, pero con pies de plomo, y arrastra unos problemas que más que estructurales empiezan a verse como endémicos. El temor es tal que nuestro país participa ya en diversos programas internacionales para impulsar el turismo sostenible.

Pero para ello se necesitan profesionales especialmente preparados en Dirección y Gestión de Empresas Hoteleras, que hayan seguido programas formativos dirigidos a aquellos alumnos apasionados del sector turístico que quieran estar sobradamente preparados para dirigir y gestionar un hotel o una cadena hotelera. Según algunos, ésa es la salida profesional del futuro.

La constante innovación y crecimiento del turismo requiere cada año profesionales creativos capaces de adaptarse a los nuevos tiempos y satisfacer a clientes cada vez más exigentes. Pero a esto hay que sumarle la constante aparición de nuevos servicios y productos asociados en gran parte a las nuevas tecnologías, un nuevo modelo de marketing online, la ampliación de servicios de atención al cliente que hagan único al establecimiento y la gestión medioambiental en los hoteles, tan valorada en los últimos años.

El sector hotelero busca profesionales innovadores y creativos, y de ahí el ascenso y arraigo de los másteres en este campo para convertirse en auténticos expertos en innovación y desarrollo de estrategias que rentabilicen al hotel y satisfagan las exigencias de los clientes. Y ésa parece ser una salida de futuro para muchos que podrían trabajar como responsables operativos de cualquiera de las áreas que componen la estructura organizativa del hotel, pero centrados especialmente en la gerencia y dirección de establecimientos hoteleros con una amplia visión de las necesidades del ‘nuevo’ cliente, o como responsables funcionales dentro de cadenas hoteleras.

Ésa parece que es la línea de futuro para que España no pierda que más rentable le es de todos.

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