Patrimonio Nacional ha recuperado una hermosa escultura que ha permanecido cien años ignorada en un jardincillo del centro madrileño. Se trata de ‘Hércules apoyado en su clava’, una obra del siglo XVII que, muy probablemente, perteneció a los jardines del Palacio Real de Aranjuez.
Pero durante el último siglo ha estado a la intemperie en uno de los puntos con más contaminación de la Capital: la confluencia de las calles Alcalá y Jorge Juan. Allí tiene un edificio el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Al realizar obras para recuperar su jardín se encontraron con esta escultura, a la que nadie prestó nunca atención, pensado que sería una de tantas reproducciones. Desde el ministerio se pusieron en contacto con Patrimonio y sus técnicos concluyeron que era una escultura original esculpida bajo el reinado de Felipe III. Seguramente fue obra de un artista genovés. Agricultura decidió cederla a Patrimonio, cuyos restauradores llevaron a cabo una profunda y delicada limpieza que ha permitido recuperar toda la belleza original. La escultura se encuentra prácticamente intacta.
Durante los próximos meses ‘Hércules apoyado en su clava’ se exhibirá en la galería de estucos del Palacio Real, dentro del recorrido museístico. La estancia, primitivo dormitorio de la reina María Luisa, ha sido despojada de cualquier otro elemento ornamental. Posteriormente se contempla llevar la escultura al futuro museo de las colecciones reales aunque su destino definitivo será su lugar de procedencia: el Palacio Real de Aranjuez.
La figura mitológica del semi dios Hércules (hijo del dios Zeus y la mortal Alcmena) está muy vinculada a la iconografía de los Austrias desde el reinado del emperador Carlos I. Las legendarias columnas que estaban en el estrecho de Gibraltar, colocadas allí por Hércules, según la mitología, al terminar su décimo trabajo, se incorporaron al escudo de Carlos I y, posteriormente, al de España en el que figuran entrelazadas con la leyenda ‘Plus ultra’.
La escultura pesa 400 kilos y muestra a Hércules de cuerpo entero recostado sobre la clava, donde cae la piel de un león. La figura lleva tres manzanas –las del jardín de las Hespérides- en la mano derecha.