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Mirabeau y el Ayuntamiento de Madrid

miércoles 04 de noviembre de 2015, 13:23h

En política hay gente con talento pero sin talante y personas con lo que parece talante y sin ningún talento. Además, puedo confirmar el rumor, hay quien aúna talante y talento. Estos últimos pasan más desapercibidos porque dedican su tiempo a trabajar. No son tan pocos como pudiéramos llegar a pensar. Son como los animalillos de un bosque, que parece que nunca están cuando paseamos por la naturaleza. Sin embargo, viven con pasión y entrega en su entorno y nos emocionan cuando alguien les graba o fotografía en su hábitat de compromiso. Ellos no van a la cámara, es la cámara la que les busca. Decir que no hay buenos políticos es igual que decir que no hay buenos ciudadanos.

Muestra más desahogo que rigor, más veneno que crítica, más hambre de rabia que sed de justicia. A los generalistas e inquisidores les pediría yo un resumen del Tratado sobre la estupidez humana de Carlo M. Cipolla.

La política municipal es la más bonita de todas al ser la más cercana. Es la política en la que las trampas se descubren fácilmente y las falacias sonrojan a los pocos minutos de decirlas. Los ciudadanos acaban conociendo la esencia moral de sus representantes. En las distancias cortas el excusarse antes de ocasión es culparse, como dijo nuestro sabio Baltasar Gracián. Cuando la política municipal funciona el engranaje administrativo y el conglomerado social sólo tienen que hacer un clic para que los resultados comiencen a palparse. El buen hacer político en el ámbito local cala como la lluvia lenta, la demagogia cae sobre el suelo como un manguerazo a presión.

Los madrileños tienen derecho a saber quién trabaja para ellos, quién se aprovecha de ellos y quién vive gracias a ellos. Entiendo que pedirles un seguimiento del día a día consistorial es un acto tan heroico como inútil en tanto que no sería justo para ellos hacerles perder (invertir) un tiempo que han delegado democráticamente. Sin embargo, a poco que uno sienta de cerca la vocación política entenderá que lo primero que debe esperar es el cumplimiento de lo prometido, aunque esto fuera tan etéreo como un abrazo.

También descubrirá que, visitando la casita de caramelo de la abuelita de Hansel y Gretel, la sonrisa de quien saca tajada del esfuerzo de otro nunca es del todo limpia. Por añadidura, observará que los titulares mediáticos que acompañan un triunfo del gobierno llevan detrás un trabajo denodado y de largo recorrido que, en el caso madrileño, corresponde con demasiada frecuencia a un partido concreto de la oposición. Como diría el gran escritor Antonio Enrique: Esto ya no es casualidad, ¡es empecinamiento!.

Al final de lo que se trata es de que las cosas sean mejores, lo reconozco. Pero en política queda una honrilla, que no es personal (aunque pica) sino que defiende la dignidad de los votantes de una opción concreta, que clama por la maternidad biológica de algunos proyectos. Es fácil no hacer nada. Más fácil aun es apropiarse del trabajo de otros. Aprovecharse de lo que otros hacen no es noble. Como escribiera Mirabeau "para vivir existen tres métodos: mendigar, robar o realizar algo". El grupo municipal socialista ha optado por esto último, el resto de fuerzas políticas debe aclarar cuál es su opción.

Mar Espinar.

Concejala socialista en el Ayuntamiento de Madrid.

Mar Espinar

Concejala socialista en el Ayuntamiento de Madrid

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