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Miguel de Cervantes

miércoles 18 de marzo de 2015, 14:14h

Cuando se puso en marcha la operación para rescatar los restos de Miguel de Cervantes, perdidos en algún punto de la iglesia de las Trinitarias desde hace 400 años, me pareció una de las historias periodísticas más apasionantes en las que había tenido la suerte de trabajar. Ahora, que ha concluido con éxito -aunque la necesidad de evidencias frene a los científicos-, creo que fue una excelente idea poner en marcha este proyecto. Por cierto, una idea en la que apenas nadie creía.

Ahora es muy fácil criticar, achacar la operación a propaganda electoralista -¿de una alcaldesa que deja la política?-, o menospreciar el hallazgo -"total, si ya sabía todo el mundo que estaba allí..."-. Pero creo que ha habido mucho de valentía en dar un paso al frente y, arriesgándose a un fracaso que podría rozar el ridículo, poner no sólo la voluntad, sino también los medios y el dinero para llevar a cabo la investigación.

Que no se nos olvide, ahora que tanta risa nos dan los resultados: el equipo de científicos -más de 25- que han trabajado en la iglesia-convento de las Trinitarias son de los mejores del mundo en sus respectivas materias, profesionales con muchísimo prestigio ganado a pulso en años de trabajo continuado y exitoso. Yo desde luego no me considero en disposición de refutarles ni una coma de lo que dijeron durante sus conclusiones. Y entiendo que los ritmos, los tiempos y las expresiones de un científico no son las de un periodista. Aunque a ambas profesiones nos debe regir la misma querencia al rigor, por desgracia en ocasiones el espectáculo o el deseo de un titular impactante se llevan por delante lo que el celo y la prudencia aconsejarían.

Un último recuerdo para el historiador que puso en marcha este proyecto, Fernando de Prado, incomprensiblemente apartado -al menos de cara a la opinión pública- a medida que avanzaba la investigación.. De él fue el mérito de iniciar esta aventura; fue él quien tocó a las primeras puertas, y quien vio cómo algunos directivos de empresas muy representativas de este país se las cerraban en las narices, riéndose de su pretensión. Seguro que muchas de esas empresas son ahora las primeras que se quieran apuntar al carro de la exposición de los restos de Cervantes. Al "manco" universal no le extrañaría nada esta actitud. Ni a su Quijote: "Cosas veredes, amigo Sancho...".

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