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Ana Botella
Ana Botella

La alcaldesa del plan de ajuste y el 'relaxing cup'

martes 09 de septiembre de 2014, 18:34h
Ana Botella anuncia que deja paso libre en el Partido Popular para que otros opten a la Alcaldía. Tres años después de su cantada irrupción en el Palacio de Cibeles, tras la espantada de su predecesor, Alberto Ruiz-Gallardón, la regidora anuncia que cierra una etapa de su vida, aunque asegura que va a seguir trabajando por los madrileños hasta final de mandato.

Desde el principio, no lo ha tenido fácil. Botella ha tenido que lidiar con la crítica situación económica que le dejó Alberto Ruiz-Gallardón y con el sanbenito de que no fue elegida por los madrileños. Empezó con fuerza, recorriéndose todos los distritos y tratando sacar a flote la ciudad a base de austeridad. El intensísimo plan de ajuste que presentó fue el catecismo que aplicó a todos los sectores del Ayuntamiento y la capital, dejándola al ralentí. Sus cercanos hablan de que esta mortificación fue necesaria para que la ciudad saliese de la crisis y volviese a ser el motor del país cuanto antes. El hecho es que la deuda se ha reducido drásticamente (aunque se ha computado la deuda de otros organismos, lo que ha resultado en un incremento), se ha conseguido superávit dos años consecutivos, y se ha reducido el tiempo de pago a proveedores.

El efecto colateral ha actuado como una bomba de racimo: expedientes de regulación de empleo, la quiebra de varias empresas municipales y consiguiente reducción del sector público... Y, sobre todo, la implantación de contratos integrales que han tratado de optimizar el servicio público con menor inversión a costa de reducir trabajadores y recortar la actuación de las adjudicatarias a mínimos desconocidos hasta ahora, provocando un evidente deterioro en la limpieza y la recogida de basuras, el mantenimiento de calzadas y mobiliario, y un peor cuidado de las zonas verdes. La huelga de basuras fue el punto álgido de esa situación. Madrid fue portada internacional por llenarse sus calles de residuos hasta alcanzarse la alerta sanitaria.

Sin embargo, no ha sido la austeridad la que ha golpeado con más dureza el Gobierno de Botella. La muerte de cinco jóvenes en el Madrid Arena y la pésima gestión de la crisis por el equipo de Gobierno se llevó por delante a los pesos pesados de la cúpula municipal, restando potencia al proyecto que la regidora trataba de poner en marcha. Se señaló que quizás no tenía capacidad para conducir este proyecto y comenzaron los rumores de recambio electoral, colocando a Esperanza Aguirre, Cristina Cifuentes y Soraya Sáenz de Santamaría como posibles candidatas al sillón municipal.

Cuando pensaba que se estaba reponiendo del golpe, Madrid fue eliminada a las primeras de cambio en la carrera olímpica, por tercera vez consecutiva. El sueño olímpico se convirtió en pesadilla y ese 'relaxing cup of café con leche' fue la sal en la herida, ya que todos cargaron las tintas sobre ella, a pesar de que el proyecto nació sin la planificación adecuada en época de Ruiz-Gallardón. Quedó en sus manos la patata caliente de gestionar un paquete de infraestructuras que se vendían como hechas y que, hoy día, aún se estudia como sacar rentabilidad. A día de hoy, se ha externalizado la gestión de la Caja Mágica, se han abandonado algunos proyectos y otros están lejos de ver su final, como es el caso del enorme esqueleto del centro acuático.

No obstante, salvó a la ciudad de la parálisis provocada por la caída del plan general de ordenación urbana y está haciendo lo propio con los nuevos desarrollos. Ha desbloqueado operaciones como la del Mahou-Calderón (con el riesgo de convertir el río en una suerte de Manhattan a la española), la manzana de oro de Canalejas o el edificio España, entre otros. Ha abierto la puerta a la externalización de la gestión de áreas urbanas, como el proyecto de Azca y ha realizado una agresiva política de venta de patrimonio, a costa de fuertes rebajas en el coste de las propiedades, con la enajenación de la sede de Urbanismo como principal icono.

También ha implantado el servicio de alquiler público de bicicletas, ha retirado los parquímetros del exterior de la M-30 y ha anunciado la eliminación de la tasa de basuras. Está desarrollando un parque de la seguridad en los recintos feriales de la Casa de Campo, rodeando al fatídico Madrid Arena, y ha modernizado los servicios policiales y de emergencias. También ha hecho un esfuerzo por crear una nueva normativa de convivencia, aún en información pública, que renueve la ordenanza franquista de 1944.

Este verano, nuevas muertes han salpicado al Ayuntamiento. La caída de árboles en toda la capital han producido dos muertos y varios heridos, entre ellos una niña, que quedó herida grave cuando una rama le abrió la cabeza. Por delante le quedan retos como relanzar el turismo de la ciudad con la creación de un 'cluster' turístico semipúblico, el remate de Valdebebas y la conclusión general. Lo que no podrá cumplir es con la creación de 150.000 empleos que prometió Ruiz-Gallardón.

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