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Crónica histórica

Tren reventado el 11M junto a Atocha.
Tren reventado el 11M junto a Atocha.

Diez explosiones que dejaron a Madrid en silencio

lunes 10 de marzo de 2014, 19:00h
El 11 de marzo de 2004 Madrid sufrió el mayor atentado terrorista ocurrido en Europa. En apenas cuatro minutos se produjeron diez explosiones en cuatro trenes de Cercanías atestados de madrileños. Murieron 191 personas y 1.858 resultaron heridas.

Eran las 07.37 horas de la mañana cuando estallaron tres artefactos compuestos por Goma-2 ECO ocultos en mochilas dentro del tren 21431, que estaba situado en la vía 2 de la estación de Atocha. Pocos segundos más tarde, explotaba otro en otro convoy situado en la estación ferroviaria de Santa Eugenia, dos en la de El Pozo del Tío Raimundo y cuatro en un tren que aguardaba a la altura de la calle Téllez. Según se comprobaría después, otros tres explosivos repartidos por los trenes habían fallado y un cuarto, hallado en El Pozo, pudo ser desactivado.

El efecto de estas explosiones fue terrible, pues acabaron con la vida de 191 personas, 177 de ellas en el acto, y causó heridas a otros 1.858 viajeros, aparte de los costes materiales. La magnitud del suceso fue tal que provocó una enorme ola de solidaridad en un Madrid que se quedó en silencio. Taxistas y particulares transportaron a los heridos en sus vehículos particulares hasta hospitales a los que llegaban sanitarios que se hallaban fuera de servicio, mientras muchos pacientes abandonaban el área de urgencias para dejar sitio a las víctimas. Los vecinos más cercanos a los lugares de las explosiones bajaron mantas y comida para los afectados y los madrileños colapsaron los centros de donación de sangre con el objetivo de auxiliar a una ciudad en 'shock'.

Además de los hospitales de campaña, el Samur tuvo que improvisar un hospital en el polideportivo Daoiz y Velarde para atender a los afectados de la calle Téllez. Ifema habilitó, por su parte, un pabellón para el traslado, identificación y pruebas policiales de los cadáveres y restos. También fue el lugar al que se acercó la familia real para compartir el dolor los allegados de las víctimas.

El atentado se produjo tres días antes de las elecciones generales y las primeras reacciones de los partidos políticos y los medios de comunicación se centraron en atribuir el atentado a ETA, a pesar de que Batasuna negó la vinculación del grupo terrorista vasco con este criminal atentado. El ministro del Interior, Ángel Acebes, consideró una "intoxicación" cualquier otra posibilidad. Era algo usual que ETA lo intentase en fechas cercanas a los comicios. De hecho, las Fuerzas de Seguridad estaban alerta ante un atentado de la banda terrorista, ya que la policía le había desbaratado uno en el mes de diciembre de 2003 con explosivo titadine en trenes con destino a Madrid. La tesis de la autoría de ETA se estableció como línea de investigación prioritaria, aunque en Interior contemplaron también otras posibilidades de forma secundaria.

Primeras pistas
Precisamente la policía había podido encontrar las primeras pistas para identificar a los autores materiales del atentado. Los investigadores habían hallado una furgoneta abandonada en la estación de Cercanías de Alcalá de Henares, de la que, según testigos, esa mañana habían salido varios hombres cargados con mochilas. Aunque no se hallaron explosivos en su interior, se encontró una cinta de audio que contenía versículos del Corán grabados y caracteres en árabe en la solapa, así como detonadores de cobre, distintos de los que usa ETA, y parte de un cartucho de dinamita plástica debajo de uno de los asientos.

A pesar de todo ello, a última hora de la tarde de ese 11-M el ministro del Interior certificó la autoría de ETA. Informó de la existencia de la furgoneta y su contenido, sin mencionar que los detonadores eran distintos de los que acostumbraba a utilizar la banda terrorista. Poco después, Al Qaeda reivindicaba los ataques a través de un periódico londinense. La red de Bin Laden acusó a España de complicidad con Estados Unidos y Gran Bretaña en su "cruzada contra el Islam". Poco a poco, la idea del terrorismo islamista fue tomando forma. Los medios de comunicación extranjeros pusieron en duda la autoría de ETA y los nacionales esbozaron una posible manipulación de la información desde instancias oficiales. Acebes siguió reiterando que ETA quería matar antes de las elecciones y que el 'modus operandi' era similar al de atentados anteriores de la banda ocurridos en Nochevieja de 2002 y Nochebuena de 2003.

El viernes 12 por la tarde, millones de personas salieron a la calle, en la mayor parte de las ciudades españolas, para mostrar su repulsa al terrorismo. A la cabeza de la marcha en Madrid estaban el príncipe Felipe, las infantas y varios jefes de Estado. En la manifestación había pancartas que condenaban a ETA y atacaban a los partidos nacionalistas. Después de una profunda investigación, la policía movió ficha el sábado. Apresó a tres marroquíes y dos españoles de origen indio. Desde Interior se empezó a apuntar que, aparte de ETA, podía haber una colaboración eventual de otras organizaciones criminales.

Convocados a través de internet y el teléfono móvil, miles de manifestantes se concentraron esa tarde ante las sedes del PP, acusando al Gobierno de mentir y retrasar deliberadamente la información sobre la responsabilidad de la masacre. El candidato popular, Mariano Rajoy, denunció que la manifestación era un "hecho gravemente antidemocrático que tiene por objetivo influir y coaccionar la voluntad del electorado en el día de reflexión". La Junta Electoral Central declaró ilegales esas manifestaciones. La Fiscalía, finalmente, no actuó.

La oposición acusó abiertamente al Gobierno de "golpe de Estado informativo" y de "dirigir todas las sospechas en una sola dirección" con la finalidad de "favorecer" sus posiciones políticas en materia antiterrorista y de "evitar que nadie pudiera relacionar este atentado con la participación de España en la guerra y la ocupación ilegal de Irak". De facto, se rompió el pacto antiterrorista entre PP y PSOE, ante las acusaciones mutuas de uso electoralista de los atentados. A medianoche, el Ministerio del Interior informó de que un supuesto 'portavoz militar' de Al Qaeda en Europa había asumido la responsabilidad de los atentados.

Las elecciones estuvieron marcadas por la mayor participación de la historia democrática española. El PSOE venció contra todo pronóstico y los analistas señalaron los atentados como la principal razón del cambio de tendencia política. El 3 de abril, la policía cercó a siete de los supuestos responsables del atentado en un piso de la calle Carmen Martín Gaite, en Leganés. Los islamistas decidieron suicidarse detonando varias cargas de dinamita. En la explosión no solo murieron los terroristas, sino también el subinspector policial del Grupo Especial de Operaciones, Francisco Javier Torronteras.

El juicio por los atentados se desarrolló entre el 15 de febrero y el 2 de julio de 2007 en un pabellón de la Audiencia Nacional en la Casa de Campo. El juez Javier Gómez Bermúdez dictó sentencia el 31 de octubre de 2007 tras un intenso juicio en el que declararon 650 testigos y 98 peritos. En la misma concluyó que los atentados fueron obra de una célula yihadista inspirada por Al Qaeda, que quería responder así a la participación española en la guerra de Irak. De los 29 procesados, 12 fueron absueltos. Otman El Gnanoui (con 42.922 años de prisión) y Jamal Zougam (con 42.924 años) sufrieron las principales condenas, junto a Emilio Suárez Trashorras (34.715 años), por haber facilitado los explosivos a los terroristas. El legado del 11-M se reflejó en la construcción de numerosos monumentos por toda la región. El Parlamento Europeo declaró el 11 de marzo Día de las Víctimas del Terrorismo.

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