Los veteranos profesores de periodismo siempre aconsejan limitar el uso de adjetivos para redactar un buen artículo. Resulta difícil seguir este consejo para criticar el musical 'Hoy no me puedo levantar', que ha vuelto a la Gran Vía y, supongo, para quedarse durante mucho tiempo. Pero quizá un solo adjetivo pueda calificarlo: apabullante.
Este es un espectáculo con un derroche de medios
tecnológicos raramente vistos en nuestra cartelera. La nueva versión del
musical estrenado en 2005 mejora sensiblemente la primera edición, pero sigue
provocando el delirio en la platea, ahora del Coliseum.
Lo de menos es el libreto, escrito para engarzar los
temas de las distintas canciones de Mecano. Lo que importa es la puesta en
escena. Y ahí este montaje tendrá poca competencia. La obertura desata
aullidos de admiración. No es para menos. La combinación de audiovisual,
música, coreografía y luz invade todo el teatro literalmente. Después hay
números que siguen por esa vía, como la llegada a Madrid de los dos
protagonistas. Y hay cinco minutos geniales: los saludos finales de la
compañía. Las proyecciones son fascinantes y el derroche de energía sorprende
porque, para ese momento, han pasado tres horas y media agotadoras.
David Ottone es el director de escena de la revisión. Se
nota su experiencia teatral, sobre todo en la segunda parte. En la primera se
decanta por el espectáculo puro y duro, con numerosas y originales coreografías
para la versión de las populares canciones. No esperen encontrar el sonido
Mecano, sino una interpretación de sus grandes éxitos. Seguramente podríamos
destacar detalles individuales de cada escena, como el vestuario en 'Maquíllate' o el impactante audiovisual de 'Perdido en mi habitación'. Pero
todo contribuye a epatar y disimular las carencias de texto o la
inexperiencia de algunos intérpretes. Me atrevería a sugerir que alguno de
estos actores tuviera en cuenta que un tono intimista no funciona en un
escenario y espectáculo de estas dimensiones, aunque lleven micrófono. Algunos
diálogos no se entienden porque, sencillamente, no se escuchan.
Ottone carga los tintes dramáticos en la segunda parte. Daniel Diges tiene
su momento más espectacular en 'Aire', que deja con la boca abierta gracias a
una iluminación magistral en este género escénico. Diges emociona también, en
formato íntimo, cantando 'Me cuesta tanto olvidarte'. Hay personajes que se hacen rápidamente simpáticos al
espectador. Son los que interpretan Canco Rodríguez, David Carrilo y la
explosiva Ana Polvorosa, un ciclón en escena. Ellos son los graciosos y se
aprovechan a fondo. El numeroso cuerpo de baile tiene un trabajo agotador,
mostrando una ductilidad muy reseñable al tener que poner en pie coreografías
de artistas tan dispares como Carlos Chamorro (¡fantástico el 7 de
septiembre!), Chevy Muraday, Carlos Rodríguez, Federico Barrios o Lluis Burch.
Se nota la mano del director en el momento de superar el
gran drama final para que no se acabe tristemente. 'No es serio este
cementerio' no disimula su admiración por el 'Thriller' de Michael Jackson y es
el gran momento de Adrián Lastra, especialmente dotado para traspasar la
batería y enganchar al público.
'Hoy no puedo levantar' es un espectáculo con una
producción que no tiene nada que envidiar a cualquiera de Nueva York o Londres.
Estoy seguro que la tecnología que incorpora será de referencia para futuros
montajes. Los medios humanos luchan hasta la extenuación para que no decaiga el
interés y, al final, la audiencia ruge durante muchos minutos. No esperen ver
Arthur Miller o Bob Wilson. Es un musical para el gran público, que recupera
con creces lo que ha pagado por la entrada. Sobre todo porque divertirá,
emocionará a ratos, hará bailar y cantar y a muchos les dejará con ganas de
repetir.