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Cervecitas, ¡y a vivir!

Cervecitas, ¡y a vivir!

Por Ángel del Río
lunes 20 de febrero de 2012, 00:00h
No es lo mismo 50.000 que 500.000. Esto es una obviedad, pero resulta una barbaridad si puestos a contar personas unos cuentan 500.000 donde otros han contado 50.000. Esta diferencia sería ridícula si no estuviéramos hablando de contadores convocantes de una manifestación y de controladores del orden de esta manifestación.

La llamada de los sindicatos para que ayer salieran a la calle en Madrid todos los que decidieran protestar contra la reforma laboral, se tradujo, según ellos, en unas 500.000 personas, mientras que según el recuento de la Policía, no rebasaron las 50.000. La diferencia es tan disparatada, que no se le puede dar credibilidad a ninguno de los recuentos. Una simple apreciación del espacio y el contenido permite asegurar que había más de 50.000 y mucho menos de 500.000. En cualquier caso, si los sindicatos consiguen persuadir u obligar a todos los liberados sindicales que hay en Madrid para que salgan a la calle, llenan una manifestación, y bien llena.

Todos los liberados sindicales de paseo por Madrid en una mañana soleada, pueden dar una cifra espectacular de participantes. Lo que ocurre es que no podemos decir que los liberados sindicales sean trabajadores, y en muchos casos, son algo más que mileuristas; es más, los hay que tienen más vocación de banqueros que de obreros, a tenor de lo que cobran de empresas donde no trabajan porque están liberados de currar, y de lo que perciben de las administraciones públicas por aquello de estar en un sindicato. Después de lo conocido en los últimos días, me parece indignante cómo entra dinero en los sindicatos de los presupuestos generales del Estado, por los llamados cursos de formación, por la tramitación de los Expedientes de Regulación de Empleo, por la representación de las Cajas de Ahorros y quién sabe porqué otros conceptos.

Ya está bien que los sindicatos estén viviendo, y muy bien, del erario público. Que vivan de las cuotas de sus asociados y no de las de todos lo españoles. Y lo mismo pido para las organizaciones empresariales y políticas. En este país, del sueldo de un trabajador que tiene la suerte de seguir trabajando, sale dinero para el Estado, la Comunidad Autónoma, el ayuntamiento, el parado, el jubilado, el empresario, el partido y el sindicato, incluso en algunos municipios, como Getafe, hasta para el equipo de fútbol por decreto. Así están de famélicas las ubres de los que todavía tienen la suerte de tener un trabajo y poder pagar a todos los citados.

Pero como dijo ayer un sindicalista de CC.OO. al término de la manifestación: “¡Ahora a tomar cervezas y a vivir!”, una frase que probablemente se convierta en bandera de cierre de toda manifestación que se precie.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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