Stéphane Hessel, único redactor vivo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos,
visitó Madrid en marzo para presentar su libro
¡Indignaos! Su mensaje, que abogaba por la insurrección pacífica, caló hondo. Además del
abrumador éxito de ventas —fue número uno en las librerías durante cinco meses vendiendo más de 170.000 ejemplares— muchos lo consideran el empuje que
invitó a la juventud a desperezarse y a cambiar la indiferencia por la indignación activa.

Las protestas multitudinarias comenzaron el 15 de mayo, de ahí que, más adelante, el movimiento se llamara 15-M. Una manifestación convocada por
Democracia Real Ya a través de internet (Twitter y Facebook, principalmente) congregó a miles de personas en el centro de la capital al grito de "esta crisis no la pagamos" o "no más corrupción, pasamos a la acción". La Policía Nacional informó aquel día de la
detención de 24 personas por "quemar contenedores y romper mobiliario urbano". Los antidisturbios cargaron contra algunos jóvenes. Hubo incluso dos heridos ajenos a la protesta.
La indignación creció y un centenar de personas decidieron acampar en plena Puerta del Sol como señal de protesta.
Sin embargo, los medios de comunicación mayoritarios
apenas informaron de la situación. Se publicó algún breve y alguna mención en los informativos de televisión. No importó. Los ciudadanos, principalmente a través de las redes sociales, ya se habían movilizado. La indignación crecía y crecía.
La noche siguiente ya eran 500 los acampados. Las
primeras reacciones políticas parecían no haber captado el mensaje. El socialista
Tomás Gómez dijo compartir las reivindicaciones de los jóvenes indignados.
Cayo Lara, de IU, dijo que quería formar parte del movimiento —de hecho, lo intentó, sin éxito, en varias ocasiones—.
Esperanza Aguirre les tachó de 'radicales' y 'antisistema' desde el primer momento, aunque aprovechó también para utilizarles como arma contra el Gobierno de Zapatero.
El campamento fue haciéndose
cada vez más grande según avanzaban los días. Por las tardes, concentraciones multitudinarias. Carecían de permiso, eran espontáneas, pero lo cierto era que los manifestantes
desbordaban la plaza a diario. Aquí ya sí que había cobertura informativa y no solo de la prensa nacional.
La prensa internacional se interesó por el tema (incluso llegando a ser portada del
Washington Post el 19 de mayo). Las protestas y acampadas empezaron a sucederse por todas las ciudades españolas y numerosas capitales alrededor del mundo. El Movimiento 15-M acababa de nacer.

Desde entonces,
no ha parado. Los 'indignados' dejaron la plaza a
mediados de junio, después de haber permanecido allí durante las
elecciones municipales del 22 de mayo —incluyendo la
jornada de reflexión pese a estar prohibido por la Junta Electoral— bajo el lema 'No nos vamos, nos expandimos'. Se crearon entonces
'asambleas populares' en cada barrio y en casi cada municipio de la Comunidad.
Desde entonces, han llevado a cabo todo tipo de acciones de protesta, que han ido desde grandes manifestaciones, hasta
paralizar desahucios u 'okupar' edificios vacíos —destaca la
'okupación' del Hotel Madrid— para entregárselos a familias víctimas de la "especulación financiera". En concreto, comenzaron por una
gran manifestación el 19 de junio, como una gran
acampada frente al Congreso, la marcha del
'Orgullo indignado', la salida de una
marcha rumbo a Bruselas, etcétera.
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En verano, una multitudinaria protesta
volvió a inundar el centro, terminando en esta ocasión en carga policial al
impedirse la entrada en Sol. Tras los disturbios, durante dos días todos
los accesos a la plaza permanecieron cerrados, por decisión de la Delegación del Gobierno, con el consiguiente enfado de los comerciantes de la zona —que tuvieron que cerrar sus tiendas— y de los propios 'indignados'. Finalmente, el 5 de agosto la Policía levantó el blindaje y los manifestantes
'reconquistaron' la plaza.
Días más tarde, durante la celebración de la
Jornada Mundial de la Juventud cristiana que trajo al papa
Benedicto XVI a la capital, se sucedieron diferentes protestas que exigían el
cese la discriminación positiva que las administraciones públicas estaban teniendo con los jóvenes peregrinos —rebajas en el transporte o libertad para acampar libremente, por ejemplo—.
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Otro de los grandes momentos encabezados por el 15-M durante el 2011 fue la manifestación del
15 de octubre, donde decenas de miles de personas volvieron a reunirse para pedir "
un cambio global", al cumplirse en esa fecha cinco meses desde el inicio del movimiento. Esa noche terminó
"sin altercados" aunque con la
'okupación' del emblemático Hotel Madrid, ubicado en la céntrica calle de Carretas. El inmueble, que llevaba años vacío, se destinó a
ofrecer alojamiento a familias desahuciadas hasta que la Policía procediera a su desalojo a principios de diciembre.
Actualmente, el Movimiento 15-M, ya global, continúa activo. Entre sus principales actividades destacan las aún vigentes 'asambleas populares' así como acciones puntuales de 'okupación' de edificios vacíos o
performances contra el capitalismo. El movimiento, para algunos, es simplemente una unión de "radicales de izquierda". Para otros, es la manera de
emprender una revolución contra la dictadura de los mercados. Lo innegable es que se ha convertido en el
movimiento pacífico de lucha civil que más fuerza ha tenido de los últimos tiempos.