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Jesús Barahona, codirector del máster en Economía Digital de la EOI

'La cultura libre es bastante vieja'

"La cultura libre es bastante vieja"

Por Carmen M. Gutiérrez
domingo 22 de mayo de 2011, 00:00h
Lo digital no solo lo revoluciona todo, sino que también cambia a una velocidad de vértigo. Para poner un poco de claridad en este asunto, entrevistamos a Jesús Barahona, director del máster en Economía Digital e Industrias Creativas de la EOI y de la Semana de Obras Libres, que comienza este viernes.
¿En qué momento está la economía digital y qué potencial tiene?
Si consideramos que la economía digital es toda la tecnología que ha posibilitado Internet y la informática y la unión entre las dos, que es lo que llamamos la telemática; yo diría que es uno de los sectores que más fuertemente está creciendo, incluso en época de crisis. Y diría más, está creciendo por dos vías. Una como sector en sí mismo, pero otra también como posibilitador de nuevas cosas. No solo de fenómenos sociales, que quizás sea lo que más se vea en los medios, sino también de nuevos modelos de negocio o de nuevas formas de que la gente simplemente se ponga en contacto para probar nuevas ideas, que obviamente luego tienen su impacto económico.

La economía digital es algo que nos afecta prácticamente a todos, pero también es una industria. En ese sentido, ¿qué demanda hay ahora? ¿qué nichos?
Yo creo que en gran medida toda la actividad empresarial se está, entre comillas, digitalizando. Más bien casi lo plantearía al revés. Es difícil encontrar nichos o tipos de empresas donde la vertiente digital no haya entrado ya y en la mayor parte de los casos con fuerza. Incluso hay sectores en los que hace tan solo unos años se consideraba muy difícil que fuera a entrar, como la agricultura. En este campo se está posibilitando que cooperativas de regiones relativamente lejanas a los centros de consumo estén vendiendo directamente, con lo cual les está cambiando el negocio a ellos y básicamente pueden hacer cosas que nunca habían podido hacer. Sin embargo, hay una parte de la economía digital que es específicamente digital, que es en la que más está cambiando las cosas. Es la que tiene que ver con las industrias que trabajan con la información, las editoriales, la música o las de tratamiento de datos o la cultura en general. Todas esas industrias se están desarrollando como nunca lo habían hecho, porque ahora hay unas posibilidades de intercambio que son muy grandes y detrás de cada uno de esos desarrollos hay oportunidades de negocio. No siempre se van a crear enormes empresas con un montón de beneficios, pero a veces sí y de hecho hay varios casos muy conocidos.

¿Un endurecimiento en la propiedad intelectual podría suponer un freno a la industria digital?
Hay un problema general y es que tenemos una tecnología nueva, Internet más los ordenadores, que solamente ahora estamos empezando a aprender un poco cómo usar. Si prohibimos demasiado pronto qué hacer con esa tecnología simplemente estamos perdiendo oportunidades. La mayor parte de los expertos en este campo reconocen que aún no sabemos qué vamos a hacer con esta tecnología. Entonces, si decimos cosas como "no se puede copiar de ninguna manera durante 70 años", obviamente nos estamos perdiendo muchas posibilidades. Estas limitaciones podían tener sentido en el siglo XVIII o en el siglo XIX, cuando en realidad prácticamente era imposible hacer la copia. Sin embargo, hoy en día, cuando sí podemos, ¿tiene sentido esa prohibición o incluso el propio creador va a ganar más si se hacen las cosas de otra manera? Y, por supuesto, hay que preguntarse si socialmente vamos a ganar más si se hacen las cosas de otra manera. Por eso creo que es bueno pensar en toda la regulación que tienen las obras digitales. Todas las legislaciones, si son demasiado restrictivas, están impidiendo oportunidades de negocio y sociales.

¿Qué le parece la Ley Sinde como ha quedado al final?
Yo tengo la impresión de que la ley Sinde es en general un buen ejemplo de una ley montada con muy poca reflexión y sin pensar qué cosas están potenciando y cuáles no. De hecho, mucha gente opina que la Ley Sinde tiene que ver con la propiedad intelectual, pero tal y como ha quedado definida tiene mucho más que ver con qué puedes expresar en Internet que con ninguna otra cosa y toca aspectos relacionados con la libertad de expresión, de comunicación e incluso de organización más que de ninguna otra cosa. Eso sin duda es un error. No ha habido ninguna reflexión política previa ni mucho menos una reflexión social sobre si realmente este país quiere una ley como esa.

¿Por qué se dice que limita la libertad de expresión?
No soy jurista, pero los términos en los que está redactada la ley, queda sujeto a una comisión administrativa el que identifiquen si tú estás poniendo en Internet contenidos que puedan vulnerar la propiedad intelectual de alguien. Esto quiere una comisión en algún sitio ante una demanda de alguien puede decir que cualquier cosa que yo ponga o que enlace está yendo en contra de la propiedad intelectual. En otros ámbitos no hacemos nada de eso. Imagina que la legislación de protección de cualquier otra cosa te impidiera escribir una nota en tu blog sobre algún tema y que alguien pueda poner una demanda y que una comisión administrativa lo mirara y que únicamente un juez vaya a mirar aspectos muy específicos de derechos fundamentales y nada más. En realidad, pueden perfectamente no estar vulnerando mis derechos fundamentales, pero me hacen borrarlo, y dicen lo podrás poner después cuando acabe el proceso judicial en cinco años. Esto no tiene sentido en los tiempos de Internet.

Hay personas, sobre todo la industria cultural, que piden que se haga una nueva ley de propiedad intelectual y que incluso se prohíba la copia privada, que es un derecho que sigue existiendo.
Yo creo que por un lado, desde el punto de vista social, hay dos visiones de la propiedad intelectual. Hay gente que opina que esto es igual que la propiedad física y, por lo tanto, se tienen que tener todos los derechos absolutos al igual que se tendrían sobre una silla o un coche. Y hay gente que piensa, que pensamos que la información es completamente diferente de los bienes físicos. Se suele poner el ejemplo de las manzanas y las ideas. Si yo te quito una manzana tú te quedas sin la manzana; yo me la puedo comer y tú no. Si yo te quito una idea, tú sigues teniendo tu idea y los dos podemos trabajar con ella. Con la información pasa igual. Cuando yo por ejemplo, hago una copia privada para mi uso de una obra que he comprado, ¿cuál es el prejuicio para el autor? ¿que hipotéticamente está dejando de ganar dinero? En realidad, él me la dio para que yo la usara. Parte de esa equivocación viene de tratar de asimilar las cosas del mundo físico al mundo de la información y, en realidad, no tienen mucho que ver.

A la vez hay todo un movimiento de cultura libre...

Yo diría que hay dos líneas entre la gente que no está de acuerdo con el estatus actual de la propiedad intelectual. Una la forma la gente que está trabajando en ver cómo cambiar las leyes, oponiéndose, por ejemplo, a la ley Sinde o tratando de modificar la legislación sobre propiedad intelectual, desde luego no solo en España, es un movimiento global. Y hay otro movimiento que dentro de la legislación actual está viendo qué se puede hacer para que el autor pueda ejercer su libertad para dejar que la gente use su obra. Esto es la cultura libre o las obras libres. Entonces, yo diría que no es una cosa tan nueva. Yo creo que ha sido así desde el principio, algunas cosas se protegían y el resto no. Solamente hace treinta o cuarenta años la legislación internacional empezó a decir todo está protegido por defecto. Si yo dibujaba un monigote en una servilleta de un bar no estaba protegido. Ahora, en cambio, sí. En cuanto se haga una muestra pública de ello es protegible por la ley de propiedad intelectual. Si pensamos desde ese punto de vista las obras libres son bastantes viejas. En los últimos años hay gente que se ha preocupado específicamente por ello, Creative Commons es un buen ejemplo.

Yo puedo coger una idea y la otra persona sigue teniendo la idea, pero si una película que se estrenaba este fin de semana se sube a la red para que se descargue gratuitamente sin el permiso del autor si que se está haciendo un daño, ¿no?
Si el autor quiere elegir que su obra sea cerrada y que nadie la toque, la situación actual le permite hacerlo, pero creo que esto merece una discusión sobre cuánto tiempo o en qué condiciones. Mi opinión es que cuanto más difícil sea el acceso a las obras privatizas, tradicionales, más fácilmente se desarrollará la cultura libre. Hay muchas películas, músicas que ahora se están escuchando porque hay formas de acceder a ellas gratuitamente, aunque también se vendan. Si esa música no tuviera esas posibilidades sería mucho menos popular y dejaría más cancha para obras libres que iban a poder ser escuchadas en cualquier caso. Ahí sé que mi postura es un poco rara dentro de este mundo, porque yo tengo la impresión de que cuanto más restrictiva sea la legislación y los medios tecnológicos con respecto de los autores que han decidido que su obra no sea cerrada, más posibilidades tiene la obra libre. Y eso se ha visto ya antes en el mundo del software libre. En aquellos países donde más copia ilegal había más difícil era la penetración del software libre, porque la gente no percibía qué valor tenía eso, para ellos todo era libre.

En este contexto, ¿qué supone el máster?
El máster tiene tres grandes partes: tecnología, economía y judicial. La idea es  que todo el mundo de la economía digital y, en particular, quien tiene que ver con la industria de la creación o de la información tiene que entender las tres partes. Si no entiendes el marco jurídico, no vas a poder aprovechar modelos ni desarrollos tecnológicos. Si no entiendes los modelos de negocio, no vas a poder tener empresas u organizaciones sostenibles. Y si no entiendes la tecnología, no vas a poder saber qué cosas se pueden hacer y qué cosas no. De hecho, el máster está diseñado para contar estas tres partes prácticamente a la vez. Sobre todo se trata de dar a los alumnos las herramientas intelectuales para que puedan entender cualquier problema desde todos los puntos de vista.

¿A qué alumnos va dirigido? ¿Quién podría sacar provecho de este máster?
Cualquier persona que esté pensando en trabajar en el entorno de la economía digital. Quizás se dirija más a los perfiles menos técnicos, porque en un máster como este no conseguirías todo el perfil técnico que necesitarías, pero sí lo necesario para entenderlo. Desde ese punto de vista, está orientado a gente que vaya a trabajar en administración de empresas o en departamentos jurídicos. Además, a un tecnólogo que le interesen estos temas y que incluso esté buscando evoluciones profesionales también le puede interesar la interacción de la tecnología con la economía y la parte jurídica y también le va a parecer también muy interesante.

¿Es muy novedoso este máster? ¿En esta segunda edición tiene más competencia?
Aunque másteres de economía digital hay otros, yo tengo la impresión de que es, entre comillas, más novedoso que lo era hace un año, porque hemos trabajado mucho en esta parte de integración, que es uno de los valores fundamentales del programa. Es difícil encontrar ese tipo de máster integrado porque no es fácil encontrar equipos de profesionales con perfiles tan diferentes. Desde ese punto de vista, no solo creo que siga siendo interesante, sino que es más distinto que antes.

Vamos a hablar de la primera Semana de Obras Libres que empieza este viernes. ¿Qué es?
El objetivo fundamental es visualizar las obras libres. La idea es juntar actividades que permitan ver que hay otras alternativas; y como consumidor de obras, apreciar las ventajas que te dan estas, por ejemplo, no te van a poner requisitos de copia o reelaboración. Pero también queremos que sea un espacio de reflexión sobre esto y que se hable de en qué condiciones un creador puede acogerse a estas licencias y sobrevivir o cómo funcionan los creadores que deciden seguir los dos modelos. La idea surge de una asignatura sobre obras libres que tenemos en la Universidad Rey Juan Carlos. Cada año hemos hecho en distintos sitios una jornada relacionada con la asignatura. El último año se hizo en la EOI, el año anterior en Medialab Prado. Y este año se nos ocurrió hacerlo en varios sitios a la vez y cada institución ha propuesto lo que le ha parecido razonable en un marco común, que son las obras libres.

¿Y realmente te puedes acoger a las licencias abiertas y sobrevivir?
Sí, de hecho, en la semana se presentan algunas experiencias de gente que está viviendo de ello. Todavía las experiencias son pocas, pero yo en vez de pensar si puedes sobrevivir con ello, plantearía si se puede crear un proyecto sostenible, con el puedas generar los suficientes recursos como para mantenerte. La Wikipedia es un ejemplo clave de proyecto sostenible, que recauda en donaciones casi diez millones de euros y acumula un trabajo voluntario que es difícilmente cuantificable. En la música, igual el modelo está en dar conciertos y que al ser mis obras libres la gente las conozca y así vienen a los conciertos. También se están explorando ahora modelos interesantes en cine, como el Cosmonauta, que se podrá descargar gratis, pero también la llevarán al cine y venderán merchandising.

¿Cuál cree que será el lugar de la cultura libre en el futuro?
Si tuviéramos una bola de cristal nos dedicaríamos a otros negocios. Yo creo que sin duda las obras libres tienen su sitio en el futuro claramente. De hecho, socialmente siempre hemos tenido obras libres como comentábamos antes y la idea de poner barreras en las obras culturales es relativamente nuevo en la historia de la humanidad. Sin duda tiene un sitio, ¿cómo de grande? Yo personalmente, creo que muy grande. Cuando pones a competir un modelo libre con un modelo tradicional, el privativo entra en muchas dificultades y es muy normal que muchos recursos vayan pasando del privativo al libre.
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