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Luis Jiménez, director ejecutivo del OSE

'Respirar también puede matar'

"Respirar también puede matar"

Por Carmen M. Gutiérrez
lunes 11 de abril de 2011, 00:00h
El Observatorio de la Sostenibilidad en España acaba de publicar su último informe. Madridiario entrevista a su director ejecutivo, Luis Jiménez, quien cree que las grandes ciudades como Madrid no solo son insostenibles, sino también insoportables, y traza cómo serán las urbes del futuro.
Madrid es la comunidad con más emisiones de CO2 por unidad de territorio y también es la que importa más energía. ¿Qué quiere decir esto?
Madrid también tiene características especiales que hay que matizar. Por ejemplo, muchas empresas están domiciliadas en Madrid, aunque luego la fábrica la tengan en Huelva. Hay muchos datos que corresponden a Madrid por esto y no porque haya producción, como también sucede en Barcelona. Hecha esta matización, Madrid es una comunidad que no produce energía y que consume mucha. Ahí hay que plantearse que es una comunidad que va a estar siempre pendiente de la producción de otras comunidades y, en ese sentido, si buscamos equilibrios territoriales habrá que pensar cómo puede compensar a otras regiones. Y en el tema de las emisiones, es una comunidad que emite mucho por unidad de territorio y hay que tener en cuenta también que absorbe poco CO2. El cambio climático es un fenómeno global así que no importa dónde se producen las emisiones, ni cómo se absorben, pero hemos hecho este análisis sobre los balances de carbono para que se pueda comparar qué emite cada comunidad y qué cubierta vegetal tienen. Habría que buscar el concepto de solidaridad regional para compensar el impacto ambiental de las ciudades y comunidades que absorben sostenibilidad de otros sitios.

¿Cómo se podría compensar?

Yo buscaría compensaciones entre el mundo rural y el urbano, y plantearía, como viene diciendo el observatorio, que es necesario un diálogo estratégico campo ciudad porque no puede ser que la sostenibilidad de los urbanitas se consiga a costa de la insostenibilidad de los ruralitas. La atención política y financiera está en la ciudades y las inversiones también, y el mundo rural es un mundo olvidado, pero nos garantiza que los bienes y servicios de los ecosistemas se sigan prestando por parte de la naturaleza de forma gratuita, pero no pagamos. Es un concepto de pago de compensación territorial y se llama pago por servicios ambientales.

Cambiando de tema, hay una serie de datos sobre desarrollo urbano en el informe que llaman mucho la atención. En el plazo de 19 años la población ha crecido un 20 por ciento, las viviendas un 65 por ciento, el precio un 320 y las hipotecas un 700. A primera vista esto no tiene ningún sentido, ¿no?

Sí, tiene un sentido muy claro. Lo que está detrás es un modelo altamente consumista y especulativo, ya que si construimos suelo artificial en una proporción mucho mayor a la demanda social que corresponde al aumento de población, algo raro hay detrás. Desde el año 87 hasta el 2006, el suelo artificial en España ha aumentado un 52 por ciento, que es mucho más de lo que se ha hecho en la historia pasada. Cada hora se iba cubriendo de suelo artificial una superficie equivalente de 3,37 campos de fútbol y esto es mucho. Hay un proceso, lo que se llama en Europa el urban sprawl, que es la expansión incontrolada del urbanismo, que hay que asociar con un modelo de financiación barato y con una demanda un tanto artificial y especulativa. La gente compraba para revender, que es lo que nos ha llevado a la burbuja inmobiliaria y, finalmente, a la crisis inmobiliaria, conjuntamente con la crisis financiera internacional. Si el año 2006 hicimos unas 800.000 viviendas y la demanda social de hogares era de 400.000, pues esas otras 400.000 viviendas irían para fines especulativos. Y, claro, era la crónica de una crisis anunciada. El resultado ahora mismo es que hay un millón de viviendas vacías, los centros de las ciudades no se pueblan o tienen una población distinta, que es la inmigración en alquiler, la gente se desplaza a la periferia y, en definitiva, hacemos ciudades cada vez más difusas. Hemos copiado un modelo insostenible como es el anglosajón, que es el de la ciudad en extensión horizontal, en vivienda unifamiliares, frente al modelo sostenible de verdad que es el de la ciudad mediterránea, porque si la dieta mediterránea es buena para la salud, la ciudad mediterránea es buena para la sostenibilidad.

¿Qué situación se ha dado en Madrid?

En Madrid se ha producido la expansión por excelencia, como se ve en los mapas. Esa ciudad en manchas de aceite, que no ha ido creando tejido urbano continuo, sino que ha ido despoblando el centro de la ciudad, desplazando las industrias  y la población a la periferia. ¿Eso que requiere? Más infraestructuras, más transporte, mayor consumo. Como no se facilita el transporte público, en esas nuevas extensiones periféricas de desarrollos urbanos se utiliza el coche privado, lo que significa más emisiones, más contaminación, más gasto de energía, más infraestructura y, al final, es un despilfarro. Es decir, la dispersión de la población va contra la lógica de sostenibilidad de las ciudades. Ahí tienes la Ciudad de la Justicia o la de la banca y hay universidades privadas fuera que tienen unas extensiones de aparcamiento enormes, porque no tienen autobuses. Se ha diseñado una ciudad o una universidad sin transporte público coherente para vertebrar el tejido urbano y, al final, es todo a base de coche privado. Y la ciudad tiene un enemigo número uno, que es el coche.

En Madrid el 26 por ciento de los desplazamientos se hacen en transporte público, según los datos del observatorio.

Se puede fomentar el transporte alternativo, como ir a pie. La mayoría de los desplazamientos de menos de dos kilómetros se hacen todavía en coche y se pueden hacer perfectamente andando, que es mucho más saludable y te facilita la comunicación. En fin, se vive mejor si vas andando o en bicicleta que si vas en coche, con la congestión, el estrés y la contaminación que se genera.

Madrid es la comunidad donde más se urbanizó entre 2000 y 2006, los años de la burbuja, y hay suelo para construir más o menos lo que ya hay.

Hay datos que hablan por sí solos. Con los estudios que hemos hecho, llegamos a la conclusión de que en algunos casos se puede decir que el suelo que hay planificado es casi el doble que el ocupado en las ciudades existentes. Estamos alertando de que ahí hay una bomba de relojería, porque este modelo ahora se ha frenado con la crisis, pero la pregunta es si, en el caso de que vuelva a recuperar la economía, volveremos a utilizar los mismos mecanismos para seguir haciendo desarrollos urbanos, haciendo esa construcción poco sostenible y provocar otra vez una nueva burbuja inmobiliaria. Habrá que planificar de forma diferente y no urbanizar por urbanizar. El suelo urbanizable casi duplica la ciudad existente y eso sin aumento de población apenas. Están las segundas residencias y las que demanda los extranjeros, pero no se justifica.

Hay más oferta que demanda en las viviendas, pero además la gente sigue teniendo dificultades para acceder a esas viviendas.
Ese es el drama, que a pesar de la crisis, hay una falta de acceso a la vivienda clarísima. En primer lugar, las bajadas de precios han sido poco sensibles. Donde más han bajado ha sido en la costa. Nosotros hemos hecho un análisis de las grandes ciudades y en algunos barrios, como en el distrito de Salamanca apenas se ha abaratado. En cambio, se espera que haya un ajuste mucho más pronunciado. Ha pasado en Estados Unidos. Aquí hay más de un millón de viviendas vacías y no hace falta construir más. Lo que hace falta es reconstruir la ciudad con vida y eso pasa por rehabilitar los edificios viejos. Ahora hay un concepto nuevo que es el de ruina energética. La rehabilitación ecoenergética de los edificios es básica. Además, habría que obligar a ocupar lo edificios.

Al final el desarrollo urbanístico afecta tanto a las emisiones de CO2 como a las emisiones que empeoran la calidad del aire en las ciudades. ¿En qué situación está Madrid en ese sentido?
Mal. Madrid tiene altos índices de contaminación atmosférica y lo que significa una baja calidad del aire es a su vez baja calidad de vida para los ciudadanos e insostenibilidad urbana; es una ecuación muy simple. Y Madrid y Barcelona son de las grandes ciudades donde más se nota. No somos conscientes de un hecho claro: respirar también puede matar. En los paquetes de tabaco dice "fumar puede matar", pero no somos conscientes de que por el mero hecho de respirar también puedes morir. Las estadísticas de la Unión Europea son claras. En las grandes ciudades de Europa se sabe que la esperanza de vida media disminuye entre nueve meses y dos años por la contaminación. Esto significa unas pérdidas de productividad muy importantes. La UE cree que hay 350.000 muertes prematuras por efectos de la contaminación, de las que 16.000 le corresponden a España. Influye, sobre todo, en las embarazadas, en los niños, en los ancianos, digamos en los colectivos más débiles. Por ejemplo, en el caso de partículas en suspensión más finas, se ha comprobado que bajar de 25 a 10 microgramos por metro cúbico podría evitar hasta 3.700 muertes en ciudades grandes como Madrid o Barcelona. Y eso por el mero hecho de rebajar las partículas, que proceden de los coches. También se podrían poner filtros con catalizadores en los coches, pero el mejor contaminante es el que no existe. Lo más importante es evitar el uso del coche.

¿Por qué soluciones pasa mejorar la calidad del aire en las ciudades?

Por el coche, porque es el elemento más crítico. Las ciudades están pensadas y diseñadas en torno al coche y no giran alrededor del ciudadano. Se trata de cambiar el metabolismo urbano y cómo se mueven la gente, las mercancías y los residuos. Hay que reorganizar la ciudad, pero ¿el coche eléctrico es la solución? Solo parcial, pues emitiría menos, pero seguiría ocupando las calles y congestionando. Incluso podría haber un efecto rebote, porque como contamina menos pues lo uso más. A corto plazo hay soluciones como la penalización con tasas o impuestos para acceder al centro de las ciudades en coche, incentivar el transporte público, el fomento de la bicicleta... que la gente empiece a moverse de una forma más consciente. También es necesaria una conciencia urbana de la sostenibilidad, que a veces las administraciones públicas no fomentan. Esto implica que haya nuevos esquemas de gobernanza participativa, corresponsabilidad en el buen gobierno de la ciudad, transparencia, debate y participación en toma de decisiones.

Madrid es la comunidad que más CO2 emite por unidad territorial, tiene altos índices de contaminación, es la que más suelo ha urbanizado. ¿Se pueden justificar todos estos datos porque también contribuye mucho al PIB por su generación de riqueza?

Es una forma de relativizar los problemas, es decir, tengo una serie de impactos negativos y positivos, pero ¿se puede hacer una valoración económica en términos de PIB? Todavía no se ha valorado. De todas formas, no creo que todo lo que contribuya al PIB se convierta en desarrollo. Aquí hay una cuestión muy significativa: más crecimiento, más PIB, no siempre es desarrollo, no siempre se transforma en bienestar ni en felicidad. Más crecimiento no siempre es mejor. Otro crecimiento es posible. Lo importante es pasar de crecimiento a desarrollo, porque este tiene unas dimensiones más cualitativas, no solo materiales. No hay una correlación exacta entre crecimiento desarrollo, bienestar y felicidad. Nosotros ahora estamos en un proyecto con la OCDE que se llama 'La medida del progreso de las sociedades', con el subtítulo 'Más allá del PIB'. Porque el PIB es el gran becerro de oro, al que todo el mundo adora, los políticos, los economistas, la gente; y hay vida más allá del PIB.

¿Qué valoración podemos hacer de Madrid y del resto de España? ¿Estamos mejorando en sostenibilidad?

Los grandes problemas se concentran en las grandes ciudades y también ahí se concentran las soluciones, porque tienen el capital intelectual, la cultura y la capacidad de innovación. El campo tiene muchos valores patrimoniales y culturales, pero la revolución es en las ciudades. Si no hacemos que las ciudades sean sostenibles, no hay esperanza para la sostenibilidad. En España el 70 por ciento de la población vive en ciudades, que son el uno por ciento del territorio, consumen el 75 por ciento de la energía y representan el 85 por ciento del PIB. En este sentido, Madrid sigue teniendo muchas potencialidades para desarrollar. Los indicadores muestran que hemos ido por un modelo que ha sido poco sostenible, pero que hay capacidad para reconducirlo por la senda de la sostenibilidad y darnos mayores niveles de bienestar. No está todo perdido. Yo no me imagino las ciudades en el futuro como ahora. El modelo será totalmente distinto. Serán sin coches, con transporte público, con cintas para que anden las personas, llenas árboles, con la gente andando mucho más. Nada que ver con esto, porque esto no es que sea insostenible, es que es insoportable. Estamos ante la insoportabilidad urbana.
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