Los sindicatos ya lo habían advertido. Llevaban meses
amenazando con la posibilidad de convocar una huelga general e incluso habían medido sus fuerzas, el 8 de junio, con un
paro de funcionarios. Las amenazas, sin embargo, cayeron en saco roto. El Gobierno aprobó por decreto una reforma laboral que no gustó ni a sindicatos ni a empresarios y comenzó, a instancias de Bruselas, una serie de recortes sociales que debían aplacar a los mercados.

Las amenazas se convirtieron en realidad a mediados de junio. Los líderes de los sindicatos UGT y CC.OO., Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, confirmaban que el paro se celebraría el
29 de septiembre. La huelga general -la séptima de la democracia y la quinta de 24 horas- ya estaba en marcha.
El 29 de septiembre sacó a la calle a miles de manifestantes en Madrid, aunque los sindicatos no lograron su objetivo de
paralizar la capital. La huelga se dejó notar sobre todo a primera hora de la mañana, cuando la
falta de autobuses causó algunos estragos entre los trabajadores que no habían secundado el paro. El sabotaje de algunos comercios y de oficinas bancarias también ralentizó el despertar de una ciudad en la que siete de cada diez madrileños secundó el paro.

Eso, claro, de acuerdo con los datos facilitados por los sindicatos. En esta ocasión, el Gobierno central evitó dar cifras para no entrar en una
guerra de cifras con los representantes de los trabajadores. Sin embargo, las patronales y las corporaciones locales sí lo hicieron, rebajando la incidencia de la huelga hasta un 25 por ciento.
Fue precisamente a primera hora de la mañana cuando se produjeron los incidentes más destacables de la huelga. En concreto, los principales problemas tuvieron lugar en las cocheras de la EMT, donde la Policía Nacional se empleó con fuerza para evitar que los piquetes bloqueasen la salida de los autobuses, y en la sede de la empresa EADS CASA, en Getafe.

Allí,
nueve trabajadores resultaron heridos en los enfrentamientos con los agentes antidisturbios de la Policía Nacional, que llegaron a efectuar varios disparos al aire con munición real. Así las cosas, el balance de la huelga fue de cerca de medio centenar de detenidos y más de 1.500 personas identificadas por los diversos incidentes.
Ya por la tarde, y en un ambiente más tranquilo y festivo,
miles de manifestantes recorrieron las calles de la capital para exigir al Gobierno que frenase la reforma laboral. La marcha se inició en la plaza de Neptuno y concluyó en la Puerta del Sol, donde los líderes sindicales insistieron en lanzar un mensaje al Gobierno: la crisis no la pueden pagar los trabajadores.

Una vez pasada la jornada de huelga, los sindicatos valoraron el paro como una demostración de fuerza ante los recortes de Zapatero. Independientemente del seguimiento y de las cifras, lo cierto es que la huelga general no logró el objetivo de hacer retractarse a un Gobierno que, antes al contrario, ha acabado el año planteando el restraso en dos años la edad de jubilación.
Esta huida hacia delante del Ejecutivo ha tenido su reflejo en los sindicatos, que se mantienen en pie de guerra contra los ataques al estado del bienestar. Este
clima de conflictividad social se mantuvo hasta final de año y se concretó en una nueva jornada de paro celebrada el
18 de diciembre. Y las espadas siguen en alto. El año 2010 se cierra con la sombra de una nueva huelga general que podría concretarse en los primeros días de 2011.