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Frenesí Navideño

Frenesí Navideño

Por Ángel del Río
martes 07 de diciembre de 2010, 00:00h
Una vez restablecido este país del impacto del fin de semana producido por el plante salvaje de los controladores aéreos, todo volvió a la normalidad de lo cotidiano y tradicional de este país, que son las compras navideñas, a pesar de la crisis, y son las vacaciones de puente, a pesar de la crisis.

A quienes los controladores arruinaron su plan de vacaciones, se las ingeniaron para buscar alguna alternativa; otros, aprovecharon un puente más reducido en la longitud y retomaron sus previsiones de viajes, y aquellos que no pensaban salir a otros lugares, y que no salieron, fueron fieles cumplidores de las tradiciones, que indican que, estando como estamos en periodo navideño, hay que salir a la calle, ¿para qué?... Pues, da lo mismo. Hay que salir, bien sea a comprar, a ver, a curiosear, a hacer bulto o a formar parte del paisaje navideño. Hay necesidad de salir y no quedarse en casa en estas fechas, que aunque no esté previsto, siempre se compra algo inútil por aquello de no hacerle un feo al tópico típico del derroche consumista en Navidades.

Y si hay que salir, la vocación es llegar hasta el centro de Madrid, hasta el corazón de la ciudad, que es donde más concentración humana se produce, donde más se empuja, más se aprieta, más se sufre y más riesgo se corre de que a uno le vuelen la cartera, porque en la Puerta del Sol y aledaños en estas fechas los carteristas, que con los artesanos del 'mangui', hacen horas extras y no les da tiempo a distraer una cartera cuando ya tienen la otra mano en el bolsillo de una nueva víctima.

El personal quiere llegar hasta el corazón de Madrid, y si puede ser en coche, mejor que mejor, aunque esto resulta materialmente imposible, y al final, después de vueltas y más vueltas, de mareos y niños a punto de estallarles la vejiga, uno regresa frustrado al punto de partida, con la única satisfacción de haber pasado la tarde dentro del coche, calentito y a resguardo de la lluvia.

Pero si acceder al centro en coche es físicamente imposible, hacerlo a pie tampoco resulta fácil en estas fechas. Ayer por la tarde, hubo momentos en los que caía el agua a cántaros, y a pesar de ello, todo el corazón de Madrid están atrofiado por una muchedumbre que hacía difícilmente transitable cualquier calle o plaza. Las imágenes eran espectaculares. La calle llena y los centros comerciales y las tiendas a rebosar. Si no se explica ese frenesí por ir al centro en Navidad a pesar de las molestias, menos se explica ese desaforado consumismo en tiempo de crisis. España y yo somos así.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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