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¿Por qué son tan caros los perfumes?

¿Por qué son tan caros los perfumes?

martes 09 de noviembre de 2010, 00:00h
Un equipo de investigación de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) estudia la gran cantidad de ejemplares y especies utilizadas en la industria de la perfumería, y de sus trabajos se pueden derivar sistemas de prevención de desequilibrios, así como sistemas de cultivo que ayuden a conservar estas especies que tanto valor tienen en los ecosistemas.
¿Alguna vez te has cruzado con una persona que dejara por unos segundos un agradable rastro de olor en el ambiente? Enseguida piensas: “Es una colonia de las buenas”. Cuando en el Día de la Madre decides comprar un perfume, no puedes más que echarte las manos a la cabeza por el precio tan elevado que suponen unos cuantos mililitros. ¿Realmente el perfume lo vale o pagamos la marca que lo comercializa y el delicado frasco en el que viene embotellado, IVAs aparte? Una mezcla de todos esos factores, diríamos nosotros.

Un perfume es una mezcla compleja de materiales odoríferos con una identidad propia, única y estéticamente adecuada desde el punto de vista perceptivo. Podrían encontrarse más de 400 componentes distintos si lo analizásemos por técnicas cromatográficas de alta sensibilidad. Debe ser suficientemente intenso, difusivo, persistente, químicamente estable como producto final y retener su carácter esencial durante todo el tiempo de evaporación de sus componentes. Si todo esto ya resulta complicado de conseguir, hay que sumarle la ausencia de patentes que regulan las fórmulas magistrales de cada perfume, un secreto celosamente guardado que aumenta la complejidad de su copia o reproducción.

Es por todo ello un arte, más que una ciencia. Existen distintos métodos de formulación propuestos a lo largo de la historia por los más singulares perfumistas. Entre sus componentes, los fijadores o notas de fondo, son los más problemáticos en cuanto a sus fuentes. Son los componentes menos volátiles de un perfume que, al asociarse con los más volátiles posibilitan que percibamos el estímulo de todos juntos de una vez en nuestra pituitaria y también durante más tiempo. Los hay de origen animal, vegetal y de síntesis química diversa.

Más del 50% de los fijadores que forman parte de los perfumes se extraen de tres especies liquénicas: Evernia prunastri, Pseudoevernia furfuracea y Usnea
barbata. Los líquenes son organismos resultantes de la simbiosis entre dos seres vivos, un hongo y un alga ó cianobacteria, o las dos a la vez, encargadas de realizar la fotosíntesis. Muchas de estas especies viven epífitas en las cortezas de los árboles de donde se recogen toneladas al año por parte de las industrias perfumeras. Una vez en las fábricas, se dejan secar sin ningún tipo de aporte nutritivo o matriz de inmovilización para aumentar la producción, y obtener finalmente extractos con más de 300 compuestos distintos mediante extracción con solventes orgánicos.

La problemática estriba en que se necesitarían en torno a unos 100 años para poder recuperar la biomasa de la zona donde se recolectan los líquenes debido a su lenta tasa de crecimiento. Por ese motivo muchas especies de líquenes están en peligro de extinción, lo que constituye un grave problema, ya que son responsables del 8% de la fijación de Nitrógeno atmosférico en bosques boreales y templados. Además debemos resaltar su uso en la alimentación, como colorantes en países como Japón, y sobre todo la actividad antitumoral de algunas fracciones polisacarídicas de muchas especies de líquenes.

La producción de estos fijadores es exclusivamente fúngica, aunque el alga regula la diversidad y cantidad de compuestos sintetizados. Por tanto, el delicado equilibrio entre los formadores del simbionte es esencial tanto para su conservación como para su uso industrial. Muchos biólogos consideran a los líquenes como uno de los más elaborados ejemplos de mutualismo a causa de su amplia distribución y la aparente salud de los fotobiontes (las algas o las cianobacterias) en el talo. A partir de los años 80, se empezó a pensar que la relación en un liquen podría ser un parasitismo controlado, dado que las células
del fotobionte son víctimas, antes que compañeras, del micobionte (el hongo).

Estudios fisiológicos y ultraestructurales realizados por nuestro grupo de investigación “Interacciones Celulares en Simbiosis Vegetales”, fundado hace unos 30 años por los profesores Carlos Vicente Córdoba y Mª Estrella Legaz, sugieren que el hongo regula el crecimiento y desarrollo de las algas así como el control del número de células del fotobionte dentro del talo. Tal relación está basada en factores de reconocimiento a través de unas glicoproteínas fúngicas denominadas lectinas. Hasta el momento hemos conseguido aislar proteínas glicosiladas de líquenes como Evernia prunastri y Xanthoria parietina, que muestran una actividad lectina (proteína capaz de “leer” un mensaje químico de compatibilidad o incompatibilidad). El ligando de estas lectinas ha sido identificado como una ureasa glicosilada y particulada en la pared del alga. Igualmente nuestro grupo de investigación está abordando desde hace unos años la síntesis a nivel génico de la lectina fúngica con el fin de justificar todos los descubrimientos realizados hasta ahora en el reconocimiento alga-hongo. Actualmente se está investigando el mecanismo de la motilidad celular. Los resultados obtenidos con cianobacterias pertenecientes a Peltigera canina frente a una lectina como quimioatractante revelan quimiotactismo positivo hacia la lectina. Dicho movimiento parece estar mediado por un mecanismo de estrangulamiento-relajación “muscular”, a través de interacciones actina-miosina, que provocan un desplazamiento en el medio.

El estudio de este tipo de organismos tiene una gran importancia teórico-práctica, tanto por el beneficio potencial de la investigación básica así como por la gran cantidad de ejemplares y especies utilizadas en la industria de la perfumería, cosmética y farmacéutica entre otras. La buena salud de este tipo de vegetación es de capital importancia bajo el punto de vista de la Biología Conservacionista. De nuestros estudios se pueden derivar sistemas de prevención de desequilibrios, así como sistemas de cultivo que ayuden a conservar estas especies que tanto valor tienen en los ecosistemas.

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