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La huelga que no existió

La huelga que no existió

Por Ángel del Río
miércoles 09 de junio de 2010, 00:00h
Nos situamos en la jornada de ayer martes, jornada de huelga, donde, salvo los agentes de movilidad que secundaron el paro al cien por cien e hicieron que el tráfico fuera caótico, la mayoría del resto de los funcionarios decidieron dar de lado a los sindicatos, demostrarles que han llegado tarde a la huelga, cuando ya se ha consumado el decreto del gobierno recortándoles los sueldos un 5 por ciento; que  ya de nada vale movilizarse ante los hechos consumados y no están las economías de los trabajadores para soportar un día sin sueldo por ir a la huelga.

Los sindicatos, que cada vez se especializan más en contar mal o en contar a su manera, tuvieron el atrevimiento, sin sonrojarse, de decir que el seguimiento de la huelga de funcionarios había rebasado el 70 por ciento, frente al apenas 10 por ciento que fijaron Comunidad y Ayuntamiento de Madrid. No sé si este último porcentaje es demasiado exiguo, pero desde luego el de los sindicatos es sumamente exagerado.

La percepción es que la huelga fue un fracaso y quienes hicieron bulto fueron probablemente los sindicalistas liberados, esos que están para aparecer en ocasiones de esta naturaleza, porque en la jornada de huelga no pierden dinero y, en ocasiones, viven en un estado de huelga permanente remunerada.

Insisto, la ciudadanía se dio cuenta de que algo pasaba, de que había algo que pretendía ser una huelga, gracias a los agentes de movilidad y la consiguiente conflictividad en el tráfico, gracias también a los pancarteros de turno y, desde luego, quienes sí notaron que estaba pasando algo especial, fueron los trabajadores de bares y cafeterías, porque en todo el área de influencia de la concentración mañanera y de la manifestación vespertina, estos locales estaban hasta la bandera de banderas sindicales, de huelguistas o liberados que se preparaban para la dura jornada a base de cafelitos con porras o pinchos de tortilla con cerveza, y es que por encima de crisis, huelgas y manifestaciones, la hora del bocata es sagrada.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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