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Crítica teatral. - Glow! Cómics en teatro negro

Crítica teatral. - Glow! Cómics en teatro negro

lunes 26 de octubre de 2009, 00:00h
Seguramente “Glow!” es el espectáculo más original de los que se presentan en esta primera parte de la temporada teatral madrileña. El teatro Nuevo Apolo acoge este montaje creado por Lior Kalfo que bebe de distintas fuentes. Es, finalmente, un gran cómic desarrollado con la técnica del teatro negro.
La historia, como en todos los cómics, es elemental: Glow, un oficinista gris, se enamora de la chica nueva del trabajo. Su fantasía desarrolla enfrentamientos y situaciones amorosas con ella como protagonista y su malvado jefe como objeto de los ataques. Lo atractivo de este espectáculo es el desarrollo. Un derroche de técnica y fantasía con inspiración en títulos cinematográficos como “La muerte tenía un precio”, “La máscara” o “Matrix”. El dominio de esta técnica teatral deja a los espectadores con la boca abierta.

El precedente de Praga
El uso de una caja negra para, con una iluminación especial, representar historias fantásticas no es nuevo. Está hasta en los comienzos del cine gracias al mago-director Georges Méliès. Pero nosotros estamos más familiarizados con el teatro negro gracias a la compañía de Praga, fundada por Jiri Smec,  que nos ha visitado con regularidad y presentarnos cada una de sus producciones, llenas de humor y delicadeza. “La bicicleta voladora” sigue siendo un clásico. Hace unos veinticinco años “El lebrel blanco” navarro, una de las compañías amateurs más dinámicas de la Transición, montó con teatro negro el “Perlimplín” lorquiano, con un brillante resultado. El espectáculo del que hablamos supera cualquiera que hayamos visto anteriormente.

Actuando en la oscuridad
En este tipo de teatro es difícil que se produzca la emoción porque todo el trabajo está al servicio de la técnica. Nueve actores trabajan denodadamente en la oscuridad para servir a los tres protagonistas que dan la cara. El actor-sombra sólo tiene unas ranuras en la capucha para ver. Debe intentar a toda costa no “manchar” los elementos escenográficos pintados con materiales reflectantes. Además también debe evitar cruzarse con sus otros compañeros para no arruinar los efectos.

La representación se desarrolla en dos planos. En primer término los actores “visibles” interpretan la historia. En la parte de atrás un laberinto de telones y cortinas negras permite el juego de las apariciones y desapariciones. Y, además, decenas de elementos de atrezzo deben ser matemáticamente utilizados por los manipuladores. Un error puede ser fatal para la representación. En “Glow!”, no se produce y el resultado es espectacular.

Amor y violencia
Las distintas escenas, que funcionan perfectamente como historietas independientes, mezclan los géneros cinematográficos más populares. Y el ritmo crece y crece a medida que avanza la representación, así como la complejidad de los efectos visuales. Algunos, como la habitación a vista de pájaro, provocan la cerrada ovación del público. También la pelea al estilo “Matrix” resulta extraordinaria. Hay un hallazgo escénico –el mexicano que canta siempre Guantanamera- que se prodiga en todas las situaciones. A él le corresponde una divertidísima coda al espectáculo después de que la numerosa compañía reciba las aclamaciones de los espectadores. No tengan prisa por abandonar el teatro.
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