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La candidatura era muy optimista tras su presentación

Madrid 2016 se presentó como patria de todos pero ni el Rey pudo con Río

Madrid 2016 se presentó como patria de todos pero ni el Rey pudo con Río

viernes 02 de octubre de 2009, 00:00h
Actualizado: 02/10/2009 21:32h
Madrid sólida. Madrid capital multicultural. Madrid cruce de caminos entre Europa, África y Latinoamérica. Madrid comprometida. ¡Madrid olímpica! Así se vendió la candidatura de Madrid 2016 frente a un Comité Olímpico Internacional al que no le quedaron dudas sobre la profesionalidad, la calidad y el compromiso de una ciudad y un país volcados con el deporte, pero al que no otorgaron su confianza.
El primer objetivo se consiguió en Copenhague. Con toda la influencia olímpica del Rey Juan Carlos y Juan Antonio Samaranch -los únicos que podían llamar compañeros a los miembros del COI- como inmejorable plataforma de lanzamiento, presentó un proyecto realista y fundamentado justo en lo que demandan las reglas: los valores del espíritu olímpico, la fraternidad y el juego limpio. Quizá por no ser más agresiva la presentación de Madrid no tuvo toda la fuerza de la vencedora Río de Janeiro, aunque sí destiló más tenacidad, emoción y corazón que una Chicago que apeló demasiado a Obama y a una Tokio que no estuvo a la altura de las exigencias.

A las 14.45 horas, Madrid 2016 levantó su telón en el Bella Center de Copenhague. Desde el primer momento, el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón quiso romper los tópicos. Si a Brasil no le han dado nunca unos juegos, Madrid es "la tercera vez" que se presenta. ¿Nos importa haber perdido? No, aquí reluce el fair play y no haberlo conseguido "no supone un fracaso". Gallardón y el presidente José Luis Rodríguez Zapatero no se olvidaron de poner en valor el trabajo del resto de aspirantes -también de la ya organizadora Pekín- para demostrar que hay que ser tan buen ganador, como participante o perdedor.

Disparo al corazón y conejos en la chistera
La capital apuntó y disparó al corazón de los hombres y mujeres en cuyas manos estaba la decisión. Madrid quiere los juegos de las personas y por eso la otrora olímpica Mercedes Coghen, consejera delegada de la candidatura, tiró de lo que se ve cada día en sus calles: la multiculturalidad, las oportunidades y la armonía entre ellas. En Madrid nadie es extranjero porque es la patria de todos y aprovecha esa corriente para tomar lo mejor de cada uno. En este punto, la regla no escrita de la rotación de continentes estaba más presente que nunca. Londres albergará la competición en 2012, pero Madrid 2016 no es sólo Europa, sino que es África, es Latinoamérica y mucho más.

Para quien dudaba del peso de España en el nuevo escenario internacional, el presidente Zapatero sacó otro de sus habituales conejos de la chistera: la presidencia española de la Unión Europea en el primer semestre de 2010. Con este aval, se comprometió a lanzar un Plan de Apoyo al Deporte en los países más desfavorecidos, a empujar hacia África el movimiento olímpico y a convocar en abril de 2010 un Foro Internacional de gobiernos del mundo con el COI y las altas instituciones deportivas. Con ello, trató de sumar apoyos a uno y otro lado del globo.

Madrid 2016, como le gusta al Comité y demanda al espíritu olímpico, trabajó como un equipo. Esperanza Aguirre, como todos los que tomaron la palabra, recalcaron que se han seguido al pie de la letra todas y cada una de las recomendaciones que le hizo la Comisión de Evaluación del COI; Gallardón pidió en la 'Carta de los madrileños al COI' la confianza necesaria para transformar la vida de los ciudadanos; y Alejandro Blanco dio paso en el estrado al elegido como ejemplo de deportista de éxito, esforzado, respetuoso y sacrificado: el capitán del Real Madrid, Raúl González Blanco.

En Copenhague se echaba en falta a Pau Gasol, Rafael Nadal o Fernando Alonso, hoy los máximos representantes del deporte español -sin desmerecer a nadie, del primero al último-, pero estaban en cambio Marta Domínguez, Amaya Valdemoro o Miguel Induráin por mencionar sólo a unos pocos. Raúl quizá no es el más mediático ni el más conocido, pero simbolizaba a la perfección lo que Madrid quería transmitir. Junto a él, la paralímpica Teresa Perales (16 medallas a sus espaldas) y la joven promesa del hockey Mónica Figar (a la sazón hija de Mercedes Coghen) subrayaron lo importante: "El deporte nos hace a todos iguales".

Samaranch emociona
El broche al trabajo en equipo que tanto le gusta al COI y que es la esencia del deporte lo pusieron el presidente de honor del Comité, Juan Antonio Samaranch y el Rey Juan Carlos. Tan queridos como respetados entre la familia olímpica, la suya, el mensaje del monarca caló entre los presentes: "El voto a Madrid es un voto por el éxito total". Samaranch, completamente volcado, puso un nudo en la garganta del Bella Center con sólo una frase: "Estoy cerca del final de mi tiempo. Tengo 88 años. Me gustaría pedirles que consideren darle a mi país el honor y la obligación de organizar los JJ.OO. en Madrid".

Que las instalaciones e infraestructuras de Madrid 2016 son una absoluta garantía quedó claro desde el principio tanto en los vídeos como en las presentaciones. Se pretendía "realismo" y eso se consiguió. Ni si quiera las preguntas al respecto a la herencia de la Villa Olímpica (realizada por el ínclito Alberto de Mónaco) o la comunicación con la sede de Valencia (por la que se interesó el mítico atleta Sergei Bubka) pusieron en aprietos a unos seguros Gallardón y Coghen. Sobre la legislación antidopaje, Zapatero solventó todas las dudas: hay un real decreto aprobado, la exigencia es mayor incluso de lo que obliga las Agencia Mundial Antidopaje (AMA) y hasta el propio organismo lo reconoce de palabra y por escrito.

El poso tras salir de los focos fue insuperable: "Es la mejor presentación. Vamos a ganar", pero no pudo ser por segunda vez consecutiva. Rendirse es sí fracasar y Madrid no lo ha hecho, había advertido Alberto Ruiz-Gallardón. ¿Lo hará ahora? ¿Habrá Madrid 2020? Todo está por hacer.
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