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Madrid sin taxis

Madrid sin taxis

sábado 19 de septiembre de 2009, 00:00h
Seguro que alguna vez les ha pasado. Pedir un taxi por teléfono y que al llegar a destino el taxímetro tuviera ese mal de altura que le hace marcar seis euros sin despeinarse. Para serles sincero, a mí también me ha pasado. Pero han sido muy pocas veces ya que los taxistas madrileños son honrados y honestos.

El Ayuntamiento estudia ahora con la nueva ordenanza para el sector del taxi, la posibilidad de que la bajada de bandera en los servicios pedidos por teléfono se produzca en el mismo momento en el que el cliente sube al taxi y no cuando el taxista acepta el servicio desde la emisora. Esto, desde luego, evitará abusos de algunos desaprensivos, que hay que insistir que son la inmensa minoría. Pero si el beneficio para el profesional se rebaja a cero corremos un riesgo: quedarnos sin taxistas por teléfono en Madrid.

El coste de tener una emisora se supone que se cubre, en parte, por el de éste sobreprecio – siempre que sea con moderación – que tienen las peticiones de vehículos a través de las llamadas a algún servicio de radioteléfono. Pero si nos cargamos la emisora, los barrios periféricos quedarán desabastecidos de luces verdes. ¿Quién en su sano juicio buscaría un cliente por el PAU de Vallecas o de Carabanchel? Todos los taxistas patrullarían el centro que es donde están los clientes. Ni uno sólo se aventuraría en calles en las que por mera ley estadística cae una carrera de higos a brevas.

Así que por el bien de todos hay que pedirle al ayuntamiento y a los taxistas que lleguen a un acuerdo: un canon fijo por una carrera pedida a la emisora parece la decisión más salomónica, más correcta y más moderna. O el tope en la bajada de bandera. El profesional se garantiza una rentabilidad con la que cubrir el precio de llevar emisora y el madrileño se garantiza tener un servicio sin sobrecostes abusivos. Pero en esto hay una postura que suena más al Far West que al Madrid olímpico.

La actitud un tanto chulesca del concejal Pedro Calvo cuando antes de sentarse a negociar – el marrón le tocará a Autrán – lanza la amenaza de que lo que se hará será obligar al coste cero en las carreras pedidas por emisora. No se lo creé ni él. Si el taxista no obtiene el más mínimo rendimiento al servicio de radioteléfono la decisión está clara: no habrá radioteléfono. Y sin taxis por teléfono, la ciudad se para.
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