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Malaria

Malaria

viernes 05 de junio de 2009, 00:00h
La malaria o paludismo, como habitualmente se denominó a esta enfermedad en los programas institucionales antipalúdicos españoles de la primera mitad del siglo XX, es una vieja conocida de la Humanidad, a la que ha venido azotando cruelmente durante siglos. Hoy día sigue diezmando a la población a razón de 1,5 a 2,7 millones de fallecimientos al año; sin embargo, conviene precisar que su distribución geográfica no es, ni mucho menos, uniforme.
 Se trata de una enfermedad más propia de zonas tropicales y templadas, lo que la hace común en aquellas áreas geográficas que venimos en denominar Tercer Mundo, como Centro y Sur América, África y Asia; no obstante, a mediados del siglo pasado el mapa de la malaria también se extendía a territorios como EE.UU., Europa y Australia.

Los especialistas en esta enfermedad suelen hacer referencia a una serie de factores que resultan determinantes para su implantación y desarrollo: el tipo de vector (mosquito del género Anopheles) y su capacidad transmisora, las distintas especies de parásito (protozoos del género Plasmodium), la propia idiosincrasia del paciente y una serie de condicionantes -como la calidad de los sistemas de salud de los países implicados, la estabilidad política y social y, sobre todo, la pobreza- que caracterizan a los países subdesarrollados y que, sin duda, les han impedido erradicar esta enfermedad como en su día lo hicieron los estados más ricos.

No se me ocurren razones más poderosas que la solidaridad y la justicia social para mantener viva la llama de la lucha antimalárica. Creo que la exposición “Malaria”, de la que podemos disfrutar los madrileños en la Biblioteca Nacional, participa de estos planteamientos, como bien ha quedado explicitado por sus comisarios -José A. Nájera y Antonio González Bueno, con la colaboración de Alfredo Baratas- en el planteamiento general de esta muestra: “Malaria persigue tres grandes objetivos: concienciar a la ciudadanía sobre el problema que, en el mundo actual, supone la enfermedad; mostrar al público que la malaria tuvo una importancia histórica en países de clima templado; y exponer los medios y modos en que, bajo diferentes perspectivas y situaciones históricas, se luchó y, en algunos países, se consiguió vencer esta enfermedad”.

La exposición se divide en seis espacios, ordenados en base a criterios temáticos y cronológicos, de manera que el visitante podrá reconocer las principales señas de identidad de esta enfermedad, así como su evolución a lo largo de la Historia, hasta obtener una visión actualizada de la malaria y de los actuales programas internacionales de erradicación. “Fiebres intermitentes” es el título del primero de estos espacios, donde se hace un recorrido, erudito y ameno, por la historia de las enfermedades febriles, desde el diagnóstico, la prevención y las prácticas terapéuticas desarrollados durante la Antigüedad, hasta la utilización preferente de corteza de quina como febrífugo por excelencia durante los siglos XVI-XVIII.

La síntesis del principal principio activo de la quina, la quinina, se produjo durante el primer tercio del siglo XX, al igual que buena parte de los glucósidos y alcaloides que revolucionaron la terapéutica farmacológica y contribuyeron al desarrollo de la Medicina moderna. Los trabajos de laboratorio que condujeron al aislamiento de la quinina, así como los esfuerzos de potencias como Gran Bretaña, Francia u Holanda por aclimatar estos vegetales en sus territorios coloniales, son los asuntos tratados en la segunda parte de esta exposición: “la quinina”.

Avanzamos ahora por el tercer espacio, “el descubrimiento del parásito y el vector”, que nos acerca al descubrimiento del agente infeccioso causante de la enfermedad, allá por 1880, y de su ciclo vital dentro del mosquito Anopheles. En “Estrategias de lucha” se detallan los modos y medios utilizados por Europa y EE.UU. para eliminar esta enfermedad de sus territorios durante la primera mitad del siglo XX, gracias a esfuerzos internacionales coordinados que permitieron eliminar el parásito en el reservorio humano, eliminar el mosquito transmisor y evitar el contacto con el hombre, y prevenir, en la medida de lo posible, las epidemias. En estos mismos parámetros se mueve el quinto espacio, el dedicado a “las campañas antipalúdicas españolas”, donde se recuerda al visitante el esfuerzo llevado a cabo por gobiernos y profesionales para erradicar la malaria de nuestro país durante los últimos años del siglo XIX y toda la primera mitad del siglo XX, hasta la inclusión de España en la OMS y la erradicación definitiva de esta enfermedad en 1965.

Llegamos así al último espacio, “la malaria en tiempos recientes”, un repaso a la situación actual de la malaria en el Mundo, a las investigaciones e iniciativas internacionales en funcionamiento y a las limitaciones infraestructurales, económicas y culturales que siguen favoreciendo el desarrollo de la enfermedad, precisamente en las zonas más desfavorecidas y golpeadas del Planeta.Estamos ante una exposición de gran utilidad y alcance social, con claros valores educativos y divulgativos, y generosa en los medios (150 piezas de procedencia diversa, entre manuscritos, libros, láminas, fotografías, carteles, instrumental de laboratorio y colecciones de índole sanitaria, además de video-documentales relativos al tema), muy recomendable para cualquier visitante interesado en el pasado, presente y futuro de esta implacable enfermedad.


Raúl Rodríguez Nozal
Universidad de Alcalá


Lugar:
Biblioteca Nacional (Sala Recoletos). Paseo de Recoletos, 20-22 28071 Madrid
Fecha: Hasta el 14 de junio de 2009.
Horario: Martes a sábado de 10:00 a 21:00 h y los domingos de 10:00 a 14:00h (último pase, 30 minutos antes de cierre).
Enlaces:
Malaria
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