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Lorenzo Pedroche, coordinador de centros de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI)

'Queremos que los jóvenes infractores tengan las mismas oportunidades que los demás'

"Queremos que los jóvenes infractores tengan las mismas oportunidades que los demás"

Por MDO/E.P.
lunes 25 de mayo de 2009, 00:00h
Contra la reincidencia, empleo y formación. Esa es la receta que aplica la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI), dependiente de la Consejería de Presidencia, Justicia e Interior, para reinsertar a los jóvenes madrileños, a través del programa Príamo-é.
¿En qué consiste el programa Príamo-é?
Príamo-é significa ‘Programa Regional de Inserción y Apoyo a Menores para el Empleo’. La finalidad es conseguir que el mayor número de menores dependientes de la ARRMI que se encuentren desempleados lleguen a insertarse en el mundo laboral.

¿De qué forma consiguen esta inserción laboral?
El programa nació con un convenio con la Consejería de Empleo y Mujer. Además, firmamos otro con la Asociación Opción 3; con el Programa Elfos, que también se relaciona con la formación y reinserción laboral; con Eslabón, otra asociación dedicada a la orientación, formación y búsqueda activa de empleo; y un convenio con la Agencia para el Empleo del Ayuntamiento de Madrid, para actuaciones encaminadas a la orientación laboral.

¿Cómo funciona el programa?
El técnico responsable de la ejecución de la libertad vigilada o del centro de internamiento en semiabierto o abierto valora, a través de su proyecto individualizado de ejecución de medidas, si este menor tiene necesidad o capacidad para enfrentarse a un puesto de trabajo. Así, lo derivan al programa Príamo. La ARRMI ha creado, además, la Unidad de Atención al Menor, compuesta por tres técnicos de la agencia y uno del Servicio Regional de Empleo. Esta unidad cita al menor para la entrevista inicial, teniendo en cuenta sus necesidades e intereses. A continuación tiene lugar la entrevista ocupacional, en la que participan el menor o joven y, según las circunstancias, su representante legal o su técnico de ejecución de medidas. Aquí un responsable trata de confirmar la filiación, documentación, la actitud del chaval hacia el trabajo, la motivación para el empleo, para así poder valorar su situación y poder derivarlo al recurso más adecuado para su caso. Todo ello queda reflejado en un documento titulado entrevista ocupacional y valoración y propuesta de actuación.

¿Cómo se produce la derivación al recurso de formación y empleo?

Tras decidir cuál es el recurso más adecuado para el menor o joven, un responsable del programa cumplimenta la derivación, que se envía al programa de empleo o a la empresa correspondiente, donde concertará la entrevista. A partir del momento en que el menor finaliza su proceso de inserción laboral, se produce un continuo flujo de información relativa a la evolución de este chaval en el puesto de trabajo o programa de inserción laboral. El seguimiento se realiza recopilando información sobre su evolución cada 15 días.

Algunos menores infractores necesitan desarrollar habilidades sociales para enfrentarse a un puesto de trabajo. ¿Tienen recursos para dar respuesta a esta necesidad?

Estos chavales, debido a su edad y a sus circunstancias, a veces o tienen hábitos, ni madurez, ni formación para desempeñar un puesto de trabajo, así que hay que formarles en el empleo: carpintería, jardinería, electricidad, soldadura… Luego está la orientación laboral en los puestos de trabajo más acordes con su perfil. Y luego está la inserción laboral propiamente dicha en el puesto de trabajo correspondiente. Así, hay que formarles antes, porque algunos de los menores dependientes de la ARRMI no saben leer ni escribir. Hoy en día hay que tener unos conocimientos básicos para poder enfrentarse a cualquier puesto de trabajo; como mínimo, exigen el graduado escolar.

¿Qué recursos sirven para que estos menores adquieran esos conocimientos y habilidades básicas?
La ARRMI dispone de unos recursos formativos escolares, el CREI, donde se imparten conocimientos escolares homologados con cualquier centro o colegio, donde tenemos la ESO, educación para adultos, programas PCPI de cualificación profesional inicial (la antigua Garantía Social)… Todo esto ayuda para después iniciar unos programas de inserción laboral, pero el convenio que se firmó con la Consejería de Educación nos ha venido muy bien para dar respuesta a los déficit y carencias de estos chicos cuando ingresan en nuestros centros. Así, procuramos que los jóvenes infractores disfruten de las mismas oportunidades que los demás.

Algunos menores necesitan un empleo para cuando terminen de cumplir la medida; por ejemplo, los no acompañados o los que tengan cargas familiares.
Esto es muy frecuente. Cuando un chaval ingresa con 16 años, puede que cumpla la mayoría de edad penal mientras está ejecutando la medida judicial. Por eso hay que promover un puesto de trabajo para estos chavales. Sí nos encontramos con algunas dificultades, por ejemplo con menores inmigrantes. De eso se ocupa la Unidad de Atención al Menor. Por ejemplo, si un chaval tiene permiso de trabajo, un técnico cita al empresario y al menor en la delegación del Gobierno para acreditar el permiso de residencia del chaval y por otro lado la oferta de empleo del empresario. Otra dificultad podría ser que el chaval no tenga permiso de residencia. Este es un proceso más largo porque porque hay que acreditar el arraigo y justificar un tiempo de estancia en España.

¿Cuáles son los oficios más demandados por los menores?
Ahora mismo hay un gran abanico de oportunidades. En los centros tenemos talleres prelaborales: carpintería, mecánica de coches o la panadería que acaba de ponerse en marcha en el Teresa de Calcuta, gestionado por Ginso. También hay un taller de PCPI, antigua Garantía Social, de peluquería, instalado en El Madroño, del que las chicas saldrán con su titulación de peluqueras cuando terminen la medida. Es decir, hemos puesto medios para que incluso los menores sujetos a medidas judiciales en régimen cerrado puedan aprender un oficio en el propio centro.

¿Pueden cobrar un sueldo en ese momento?
La ley dice que los menores tienen derecho a un trabajo remunerado, incluso cuando cumplen medidas en el centro, dentro de las posibilidades que existan. Así que hay bastantes chavales que están cobrando un incentivo por participar en estos talleres prelaborales. Por ejemplo, mantenimiento de edificios, mecánica, etcétera.

Para hacer esto posible, necesitan la colaboración de los empresarios. ¿Cómo responden?
Hay que descubrirse ante los empresarios que están colaborando con nosotros para reinsertar a nuestros menores. Sobre todo, tal y como está la coyuntura laboral, hemos propuesto hacer unos cursos cortos para que nuestros chavales aprendan un oficio lo más rápido posible y darles una respuesta inmediata.

¿Cuáles son las facilidades que ofrecen a los empresarios para participar en el programa?
Hacemos un seguimiento muy exhaustivo de estos menores, una vez que acceden a las empresas. Ofrecemos atención directa por parte de la Unidad de Atención al Menor, así que es difícil que este chaval nos falle. Por eso, los empresarios suelen estar contentos, porque hacemos un seguimiento muy estrecho. Y cuando vemos alguna señal negativa, ahí estamos, al pie del cañón, en el momento en que se produce.

¿Está afectando la crisis a la inserción laboral de los menores?
Una dificultad que nos hemos encontrado es la falta de hábitos de los chavales para el trabajo, que hay que inculcárselas poco a poco. Tampoco ayuda su escasa formación escolar y prelaboral ni la falta de documentación para poder acceder a un empleo para los extranjeros, tanto por falta de permiso de trabajo como de residencia. En cuanto a la situación actual de las empresas, notamos que se nos están colocando a menos chavales. Esperemos que esto dure poco tiempo para empezar otra vez a funcionar como hace un año o dos, pero sí, efectivamente se están firmando menos contratos.

Pero, a falta de contratos, Príamo-é dispone de programas de formación para el empleo
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Para cursos de formación trabajamos con la Agencia para el Empleo del Ayuntamiento de Madrid y el Servicio Regional de Empleo, que son los que más cursos de formación nos ofrecen para los menores. Así, a falta de trabajo, nos dedicamos a la formación. Además, contamos con el programa de inserción laboral Asombra!, fruto de un convenio entre Instituciones Penitenciarias, la ARRMI y Ginso, que actualmente trabaja en coordinación con el programa Príamo-é.

¿Cuáles son los resultados obtenidos?
En 2008, gracias a este programa, 158 menores dependientes de la ARRMI accedieron a un puesto de trabajo. Con todos estos recursos de inserción laboral, pretendemos bajar lo máximo posible el porcentaje de reincidencia en el delito de nuestros menores, que en la actualidad está en un 11 por ciento. Nuestra directora gerente, Carmen Balfagón, se ha propuesto algo muy difícil pero no imposible: conseguir el 0 por ciento de reincidencia.
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