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Enemigo mío...

Enemigo mío...

domingo 01 de febrero de 2009, 00:00h
“No se equivoque, esos son los adversarios, los enemigos los tiene sentados a su espalda”. W. Churchill respondía así a un joven parlamentario conservador que manifestó, en referencia a los diputados laboristas, no saber que “los enemigos” estaban tan cerca. Esto parece ser lo que está pasando, llegando al paroxismo, en nuestra Comunidad, donde nos hemos encontrado con una red de espionaje y contraespionaje entre cargos de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid, todos destacados dirigentes del PP madrileño.

El derecho a la intimidad personal de todos y cada uno de los ciudadanos queda recogido en el título primero capítulo segundo de nuestra Constitución. Por ello estos sucesos, en los que se ha violado un principio básico de la convivencia, y en los que dicha violación se ha subvencionado con fondos públicos, implican una responsabilidad penal que se dirimirá en los tribunales. Pero más allá de la gravedad de los hechos, que sin duda es más que elevada, yo me pregunto ¿Para que tantas molestias?

Si ya resulta importante en su gravedad el hecho de espiar, no lo es menos –si no lo es más- el fin último por el que se ha espiado. Eso es lo que más inquietante resulta. Qué motivación puede existir para que un grupo de ex-policías, a sueldo de la Consejería de Interior, investigue, siga y elabore dosieres sobre actores clave del mundo de la política madrileña y de las finanzas en nuestra Comunidad.

Por más vueltas que le doy a esta idea, no se me ocurre ninguna buena razón, ninguna razón lícita, legítima, para que se haya podido dar esta situación. Ya que si bien la desconfianza entre los miembros del PP puede estar justificada, a la vista de los acontecimientos, la utilización de información conseguida mediante tales actividades, con el objeto, supongo, de obtener algún tipo de rédito de cualquier clase a cambio de dicha información, sólo tiene un nombre.

El uso de información, elaborada de forma ilícita, para obtener provecho personal o político, no sólo degrada la práctica de la gestión pública, sino que degrada también a todos aquellos que conocen, permiten y fomentan esta práctica. El ámbito privado, siempre que no contenga connotaciones punitivas, y aún así, siempre que no sea conocido de forma fraudulenta, no debe de ser usado contra nadie sea cual sea su posición, a no ser que deseemos volver al Chicago de Alfredo Capone y sus secuaces.

En política, como en la vida, existen unas reglas del juego que uno debe cumplir. Que se deben cumplir. Son las reglas que garantizan la permanencia del sistema democrático. Nadie está por encima de la ley. No vale todo, ni existe la impunidad. Aunque esto debe sonar raro, incluso desconocido, a una presidenta que llegó a ocupar su puesto tras la compra de dos diputados y a un alcalde que cree que todo sirve con tal de satisfacer sus aparentemente ilimitadas ansias de poder. Por eso nos equivocaríamos al decir que esto es únicamente un problema de desconfianza entre administraciones y compañeros de partido, esto es el resultado de una forma de entender la vida y la acción política donde hasta la coacción y la intimidación estan permitidas.

Decía Christopher Morley que “en política siempre debemos optar entre dos males”. Por suerte en España y en la Comunidad de Madrid aun quedamos algunos que pensamos y actuamos de otra forma. Por fortuna, en España y en la Comunidad de Madrid, hay otras alternativas.

Daniel Méndez es secretario general de Juventudes Socialistas de Madrid y diputado del PSOE en el Congreso
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