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Un 'hogar' para después del cole

Un 'hogar' para después del cole

Por Celia G. Naranjo
lunes 23 de febrero de 2009, 00:00h

Algunos niños no tienen quien les recoja del colegio o les ayude a hacer los deberes. Las largas jornadas laborales suponen un auténtico calvario para los padres, y más si no hay dinero para un canguro. Un local de Tetuán sirve de 'hogar vespertino' para setenta menores del distrito.

A N., de cuatro años, le esperan cada día a la salida del colegio. No es su madre, ni un canguro, ni una amiga de la familia, sino una empleada del servicio de ayuda a domicilio del Ayuntamiento que la acompaña desde el 'cole' hasta el local de la Fundación Balia, donde la niña se quedará hasta que su madre pueda recogerla.

N. acude allí cada tarde porque su madre no puede ir a buscarla ni tiene a nadie que la ayude. El sueldo no le llega para pagar por ese servicio: da lo justo para vivir. Por eso mismo, no puede trabajar solo a media jornada, y en su caso la jornada completa es, además, partida, con lo que no termina hasta las 17.30, una hora después de que su hija termine el colegio. Así que a ella la palabra "conciliación" le suena a chino.

Este círculo vicioso la llevó a llamar "a todas las puertas" para buscar soluciones. Por fin, en septiembre, después de haber pasado todo el verano sin trabajar "porque no tenía con quién dejar a la niña", se hizo la luz: le concedieron, "de momento por tres meses", el servicio de ayuda a domicilio. Y la plaza que N. obtuvo en Balia hizo el resto. Ahora ya podía trabajar a jornada completa.

Lo mejor de todo, asegura, es que sabe que "N. estará bien atendida". En Balia, los niños meriendan, pero también hacen los deberes, actividades de refuerzo —según las recomendaciones del colegio—, cocinan bizcochos y tartas —que a veces sirven de merienda al día siguiente— y hacen deporte. En definitiva, como señala Gilda Ibeas, coordinadora del centro, "esto no es un mero 'aparcaniños'". Están distribuidos en grupos por edades, que permiten desarrollar las actividades más adecuadas para cada edad. Pero todos tienen algo en común: sus padres no pueden hacerse cargo de ellos por las tardes y tampoco pueden recurrir a nadie de su entorno; sus ingresos no les permiten pagar por ello.

"Aquí hay algún niño que no ve a sus padres en todo el día. Cuando llegan de trabajar, sus hijos ya están dormidos", explica Ibeas. También abundan en el centro las familias monoparentales, como la de N., cuyo padre o madre no puede arreglárselas para cuidar de sus hijos y trabajar a la vez; y las que comparten piso con otras familias, porque no pueden permitirse un techo propio.

Así las cosas, resulta frecuente que los hermanos mayores, cuando los hay, asuman la responsabilidad de cuidar de los pequeños, hasta el punto de que un niño de 11 años tuvo que rechazar una plaza en el centro porque no podía dejar a su hermano solo. "En ese caso, necesitaban que se les concedieran las dos plazas a la vez", explica Ibeas.

Algo especialmente difícil si se tiene en cuenta que hay 38 menores en lista de espera, y que las bajas suelen producirse por traslado de la familia a otro distrito o porque su situación ha mejorado y ya pueden atenderlos mejor. La mayoría de estos 38 candidatos tiene entre 3 y 6 años, "ya que el distrito tiene pocos recursos para estas edades". A la hora de dar plaza, se valoran los ingresos y la situación sociofamiliar de los menores, cuyos padres deben pagar una cuota simbólica de 17 euros mensuales.

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