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Mundial Sudáfrica 2010: la mayor hazaña del deporte español
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(Foto: Chema Barroso)

Mundial Sudáfrica 2010: la mayor hazaña del deporte español

Y en esto llegó Iniesta y lo revolucionó todo: 10 años del Campeonato

jueves 09 de julio de 2020, 19:06h

Sí, porque se cumplen diez años del mejor 10 de julio deportivo y más. En este siglo de las siglas es justo y necesario, nuestro deber y casi salvación en los complejos tiempos que vivimos, y sufrimos, recordar que hace una década, el jugador manchego nos subió al altar de la gloria de esa religión compulsiva y laica, olorosa y flamígera que es el fútbol. Su mítico y mágico gol frente a Holanda, en la finalísima del Mundial de Sudáfrica 2010, coronó la extraordinaria competición de un superequipazo que, con Del Bosque en el banquillo, marcó una época y puede considerarse como la mayor gesta colectiva del deporte español a lo largo de la historia.

No sólo, que también, por el propio título, no sólo. Sino porque aquel conjunto del ‘tiki taka’, liderado en la sala de máquinas que es el centro del campo por unos locos bajitos, que, bajo la batuta sabia de Luis Aragonés, ya se había proclamado campeón de Europa dos años antes, en Austria y Suiza, puso de moda planetaria su forma de entender el fútbol. Con el añadido del Mundial y la repetición inmediata -por primera vez en la historia un conjunto ganaba dos campeonatos continentales seguidos- del título europeo en 2012, La Roja –que, por cierto se quedó ya por los siglos de los siglos con esta denominación en Sudáfrica- fue el adalid, el banderín de enganche que el resto de selecciones quisieron imitar.

Y, como siempre acontece en cualquier orden de cosas de la vida, todo tuvo su principio y todo tiene su ocaso. Precisamente con ‘el sabio de Hortaleza’ en el banquillo, la selección inició su escalada hacia la cumbre tres años antes del Mundial. Y es que mientras los clubes, con el Real Madrid al frente, se apuntaban Copas de Europa –luego Champions-, Recopas y Copas de la UEFA, la selección iba de fracaso en fracaso en los títulos continentales y mundiales. Camino de otro similar, incluso con el añadido de ni siquiera alcanzar la fase final del Europeo 2008, iba el conjunto que llegó el 13 de octubre a Aarhus (Dinamarca) con la obligación de vencer a los locales para no quedarse fuera de la fase final en Austria y Suiza.

Antes de aquel partido, todo era pesimismo, máxime con las lesiones de cuatro puntales básicos del equipo como Puyol, Torres, Villa y Silva, y todas las expectativas de prensa y aficionados eran un luto adelantado a un nuevo y previsible fiasco. Todo era negativo, excepto la siempre positiva y luchadora mente de Aragonés, que tuvo la ocurrencia de meter juntos en el once inicial a tres ‘locos bajitos’ como Xavi, Iniesta y Cesc. El resultado, además del triunfo por 1-3 -en el que participaron con sus goles dos no habituales en la selección como Tamudo y Riera, éste tras 28 pases seguidos entre todos los futbolistas españoles sin que la olieran los nórdicos- fue un anticipo del brillante ‘jogo bonito’ no exento de un control absoluto del partido que iba a caracterizar a La Roja como santo y seña.

Gran fase previa: diez de diez

De manera que tras la Eurocopa ya en la selección y su entorno todo era optimismo, sí, pero un optimismo argumentado por la manera de jugar. Máxime, cuando el equipo arrolló en la fase clasificatoria mundialista ganando los 10 partidos, algo que nunca había logrado ningún otro conjunto. Con esos 30 puntos, sobre un total de 30, España, que fue cabeza de serie en el sorteo de grupos, también alcanzaba la catadura de favorito, junto a los de siempre: Brasil, Alemania, Italia, Francia y Argentina. Aunque tanto aquí como fuera de nuestro país, y después de la serie de fracasos históricos de anteriores ediciones mundialistas, no se habían despejado las dudas sobre el rendimiento del equipo a la hora de la verdad.

Unas dudas que se acrecentaron el 16 de junio, después de -sí, jugar bien, sí, pero…- caer derrotados ante Suiza (0-1) en el primer encuentro del grupo –que completaban Honduras y Chile-, único tropiezo en el Mundial-, lo que aplacaba el optimismo en el entorno de la selección. Pero no en el equipo ni en Del Bosque, quien como buen sicólogo de vestuario, no sólo antes ya había convencido a todos los futbolistas de que eran muy buenos, sino también tras la inesperada derrota.

De modo que, a pesar del tropiezo, nadie se rasgó las vestiduras y la fórmula del ‘tiki taka’ con máximo control de los partidos merced a la sala de máquinas con un bloque de extraordinarios futbolistas en los que se basaba el dominio, la posesión, el defender con el balón y presionar con fuerza tras su pérdida. Ni siquiera había existido una fuerte controversia cuando Del Bosque eligió a los 25 integrantes del equipo, quizás con la excepción de la ausencia del mediocentro defensivo Marcos Senna, que lo había bordado en el Europeo de 2008, al que el míster dejó fuera para arriesgar con un jovencísimo Busquets, que pronto se asentó y fue también pieza clave en esa sala de máquinas apoyando con su lucidez a los ‘locos bajitos’ Xavi, Silva, Cesc e Iniesta y al grandón y todoterreno Xabi Alonso.

Los 25 elegidos para la gloria

Sin dudas en la portería con el mejor Casillas (dorsal 1) de su historia, que ya es decir, con Víctor Valdés y Pepe Reina para el banquillo –todo un lujo-, la defensa era el bloque que venía actuando desde años atrás con Albiol (2), Piqué (3), Marchena (4), Puyol (5), Sergio Ramos (15), Arbeloa (17), Javi Martínez (20) y Capdevila (23). En el mediocentro, los ya mencionados ‘bajitos’ y sus complementarios: Iniesta (6), Xavi Hernández (8), Cesc (10), Xabi Alonso (14), Busquets (16), Silva (21). Y arriba, con la pólvora de ‘matador’ Villa (7), que se consagró –máximo goleador de España y del Mundial-, de Torres (9), Juan Mata (13), Pedro (18) y Llorente (19) y el siempre desbordante Navas (22), que aún sigue dando guerra en su Sevilla con sus 35 primaveras, ahora como zaguero carrilero.

El buen trabajo del seleccionador, fiel a su habitual estilo dialogante con el que había ganado siete títulos en el Real Madrid, siete: dos Ligas, una Copa, dos Champions, una Supercopa y un Mundial de clubes, siendo sorprendentemente despedido por Florentino Pérez porque los métodos del salmantino le parecían antiguos, y la fe ciega en su método y, claro, en sus futbolistas se iba a ver refrendado tras la derrota ante los helvéticos con seis triunfos consecutivos en el resto de la competición: fase de grupos, octavos, cuartos, semifinal y finalísima.

Frente Honduras, el 21 de junio, esa serie de victorias seguidas, y a cara o cruz, porque tras caer cinco días ante Suiza no había opciones ni para una derrota más, pues en caso de acontecer, significaba hacer las maletas. Pero, aparte de las labores tácticas del seleccionador –algunos de los cambios en los partidos para variar su desarrollo cuando no le gustaba al propio Del Bosque fueron antológicos-, ya se ha expresado líneas arriba que su no menos importante trabajo como sicólogo fue fundamental. Y ya ante los centroamericanos, La Roja salió tranquila y a por todas desde el primer minuto. La superioridad se tradujo en el marcador con doblete del ‘matador’ Villa (minutos 17 y 51), siendo el único encuentro en que se ganó por más de un tanto.

Enderezado el fiasco, quedaba asegurarse la clasificación para octavos para la que sólo valía volver a ganar, evitando así el depender de empates, diferencia de goles y posibles enjuagues –que en otras ediciones mundialistas o europeístas siempre tuvimos en contra-. Y cuatro fechas después, el 25 de junio, el equipo no falló ante el rocoso y dificultoso conjunto de Chile, que también se jugaba a cara o cruz superar esta fase. Aunque con altibajos y ciertas desigualdades, España se adelantó con dos tantos –uno del eterno Villa y otro de Iniesta (minutos 24 y 37, respectivamente)- pero otro de los chilenos tras iniciarse la segunda parte –Milar (minuto 47)- complicó el encuentro, que no obstante a base de la ya habitual fórmula del ‘tiki taka’ y la posesión se acabó ganando con relativa comodidad.

Victorias ante Portugal, Paraguay y Alemania

De este modo, La Roja cumplía con su condición de favorita y pasaba a la aún más decisiva fase de octavos, en la cual y en las siguientes tampoco había otra opción que ganar. El primer obstáculo era la siempre complicada selección de Portugal, ya con Cristiano Ronaldo de estrella amenazante. Tampoco fue un partido cómodo, pero salvo algún retazo de los lusos, el control del partido era español y Villa –cómo no- se encargó de que se reflejase en el marcador con un gol en el minuto 63. Ya La Roja alcanzaba lo mínimo que se le pedía, meterse en cuartos.

Ahora se trataba de ‘ganarse los cuartos’… futboleros, claro, ante uno de los conjuntos revelación de aquel mundial: Paraguay. Fue un partido bronco, aquel 3 de julio, y con mucha ‘leña’ de los suramericanos como opción ante lo poco que les duraba el balón, casi siempre en los pies de los “bajitos”, sin que desentonara nadie del resto. Era cuestión de tiempo que llegara el tanto, y lo hizo casi al final cuando la prórroga amenazaba e incluso la siempre aleatoria lotería de los penaltis. Pero, de nuevo, quién si no, ‘matador’ Villa desenfundó y en el minuto 83 resolvió el entuerto y el encuentro.

Con la serie de resultados favorables, el equipo - indiscutibles, titulares y reservas- cada vez se lo creía más, aunque Del Bosque les frenaba la euforia, mas, eso sí, sin quitarles la ilusión y sobre todo la confianza. El gran rival en semifinales era la siempre poderosa Alemania, frente a la que, sí, acumulábamos históricamente más derrotas –algunas decisivas en nuestra eliminación- que victorias. Sí, pero en el anterior encuentro, la finalísima de la Eurocopa de dos años antes un estocada de Torres los había apuntillado con un magnífico gol que otorgó el título a España.

Quizás por eso a las dificultades exclusivamente futboleras de los ‘panzer’ germanos, se unía el deseo de venganza. Todo lo cual se mostró, el 7 de julio, en uno de los encuentros más igualados de la serie, en el que Alemania gozó de alguna oportunidad, pero también La Roja, que no se sentía inferior ni mucho menos. Del carácter dialogante con sus pupilos de Del Bosque, se repitió una jugada ensayada en los entrenamientos y que se le había ocurrido a Xavi. El propio mediocentro catalán se encargó, en el minuto 73, de sacar un córner, medido al poderosísimo salto de Puyol, que se había incorporado al remate mientras los germanos se preocupaban sobre todo por Villa, y el central logró el que siempre ha destacado como el tanto más importante de su carrera. El penúltimo escollo hacia el título estaba salvado.

Holanda, prórroga y gol histórico

Con todo, el país estaba ilusionadísimo como nunca, incluso en mayor medida que en la Eurocopa 2008 por tratarse de un Mundial, la más importante competición planetaria, que siempre nos había sido esquivo, que siempre nos vio caer antes de la final. El rival en este 10 de julio era Holanda, que ya había perdido sus dos finales anteriores frente a Argentina y Alemania y que con un extraordinario equipo, buscaba hacer bueno el refrán de que a la tercera va la vencida. El encuentro fue trabado, como se esperaba, con relativo control español e incluso varias llegadas con peligro a la meta “oranje”.

Pero con un monumental susto cuando a mitad de la primera parte, en uno de los escasos desajustes de la defensa hispana, Robben se plantó sólo desde medio campo ante Casillas con tiempo para pensar cómo burlarle. Pero el arquero hizo de ‘San Casillas’ como tantas veces en la selección y en el Real Madrid y logró tocar con la punta de la bota derecha el envenenado lanzamiento del holandés que aun así salió a un palmo del poste español. Superado el susto, la contienda seguía sin resolverse y se metió en la prórroga apuntando a los penaltis. ¡¡Y en esto llegó Iniesta y lo revolucionó todo!!

A falta de tan sólo cuatro minutos para los temidos lanzamientos desde los once metros, y a pase de Cesc, golazo del de Albacete, el más importante de la historia del fútbol español. La explosión de alegría en el estadio Soccer City de Johannesburgo se desbordó, tras concluir esos cuatro eternos minutos -en los que una selección “oranje“ hundida ni siquiera nos amenazó con algún peligro-, no sólo sobre el césped y en los banquillos, sino en el graderío poblado de españoles y, claro, en toda España. ¡¡Ya somos Campeones, el mayor logro de la historia del deporte español!!

El glorioso balance de La Roja incluía, además de lo más importante, el campeonato, la elección de Casillas como mejor guardameta y el título de máximo goleador del Mundial para Villa (con 5) empatado con Thomas Muller, Sneijder y Forlán. Como es lógico, Vicente del Bosque fue declarado mejor entrenador, y el abusivo dominio español llegó a tales cotas que más de la mitad del equipo ideal de la competición eran jugadores nuestros: Casillas, Puyol, Ramos, Iniesta, Xavi y Villa. Redondeando todo con la elegancia del ‘fair play’, ya que fue la primera vez en la historia que el campeón también se llevaba el trofeo al juego limpio, tras ver sus integrantes sólo 8 tarjetas amarillas en los siete encuentros que jugó. Mejor, imposible, ¿no?

Un país feliz pese a la crisis económica

En definitiva el 10-J de 2010 culminó la mayor y más llamativa hazaña de nuestro deporte. Sí, ya sabemos de los grandes/grandes deportistas individuales que tanto nos han hecho presumir -Nadal, Gasol, Fernando Alonso, Induráin, Contador, Freire, Severiano Ballesteros, Lidia Valentín, Carolina Marín, Ona Carbonell, Gemma Mengual, Marc Márquez, Ángel Nieto y un larguísimo etcétera- incluso de otros deportes colectivos como el baloncesto y el balonmano, también con títulos planetarios, pero… Pero la fuerza social del fútbol –a veces para mal- es mayor, cala hondo, llena los corazones y estremece las fibras sensibles de aficionados y en ocasiones como ésta de todos los españoles. No en vano es el deporte rey.

No es de extrañar que este país, sumido en 2010 en la hasta entonces mayor crisis económica de las últimas décadas, no sabíamos que también diez años después nos aguardaba la del Covid-19, se viera insuflado de un estado de ánimo generalizado más que optimista. Con banderas al aire, gritos de “yo soy español, español, español”, cual disfrutamos desde las grandes capitales –Madrid, por encima con la celebración oficial del título- al más pequeño reducto de la España vacía o vaciada con el denominador común de dar gracias a La Roja. Un equipo que tantas veces había fracasado, que ya apuntaba alto con la Eurocopa de 2008, pero al que le faltaba lo más grande: el Mundial.

Y Madrid se vistió de gala para recibir a los Campeones

La selección inició su recorrido en Madrid en el Palacio Real para ofrecer la copa a los Reyes, los Príncipes de Asturias y la Infanta Elena, que estaban acompañados de las Infantas Doña Sofía y Doña Leonor. Después visita al Palacio de la Moncloa y foto de familia con el entonces Presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Tras las visitas institucionales, baño de masas por las calles madrileñas. Cientos de miles de personas saturaron Princesa, Plaza de España, Gran Vía, Cibeles, Neptuno, Ronda de Atocha, Glorieta de Embajadores, Bailén y Plaza de España y finalizar, en la explanada Puente del Rey donde se realizó la inolvidable “Fiesta de la Roja”, pasadas las 23:00 horas.


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