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EFEMÉRIDES

Parque de Fuente el Berro. (Archivo)
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Parque de Fuente el Berro. (Archivo) (Foto: Kike Rincón)

La excelencia 'real' del agua de la Fuente del Berro

Por MDO
viernes 15 de septiembre de 2017, 20:20h
Actualizado: 18/09/2017 07:58h
Tal día como hoy en 1798, Martín Estenoz adquiría la finca del Berro, donde habían estado los benedictinos y los mercedarios descalzos.
Entre las calles de Enrique D'Almonte, la avenida del Alcalde Sainz de Barranda y la M-30, se encuentra el Parque de la Quinta de la Fuente del Berro, un espacio público que ocupa lo que un día fue la Quinta de Miraflores, encargada por Felipe IV.

Las primeras informaciones sobre este lugar mágico se remontan a la primera mitad del siglo XVII. En 1630, la propiedad fue adquirida por el rey Felipe IV, que alojó ahí a los monjes castellanos del Monasterio de Montserrat.

El lugar era abundante en aguas de mucha calidad. La fuente se encontraba fuera de las tapias de la posesión porque, además de servir para el riego de los cultivos de la zona, era utilizada por los ciudadanos de a pie y por los reyes, quienes, años después, decidieron que sería sólo para ellos. Así, el rey Carlos III ordenó la construcción de una casilla que encerrase la fuente, pasando entonces a llamarse "Fuente del Rey".

Las siguientes modificaciones de la finca fueron llevadas a cabo por María Trimiño Vázquez de Coronado, que amplió la superficie de la misma antes de donársela al Convento de Padres Mercedarios Calzados.

A finales del siglo XVIII, tal día como hoy en 1798, fue Martín Estenoz quien adquirió el lugar y ordenó cerrarlo con un muro del que todavía se conserva parte.

Hacia mitad del siglo XIX, la finca recayó una y otra vez en distintas manos, sin apenas documentos que acrediten la identidad de los poseedores. En los años 20 y 30, la Quinta del Berro pertenecía a un matrimonio holandés, los Van Eeghen, que consiguieron que alcanzara su máximo esplendor y acogiera fiestas de sociedad a las que acudían los reyes y la aristocracia de la época.

El 22 de junio de 1932, Patrimonio Real propuso que la fuente fuera cedida al Ayuntamiento de Madrid pero no sería hasta 16 años después cuando el Consistorio adquiriese la finca al completo, con una superficie de 79.000 m2.

Desde entonces se han producido múltiples trasformaciones claramente influenciadas por las modas y el uso público. Aunque permanece el diseño básico del jardín de principios de siglo ha perdido parte de su carácter, manteniendo aún su intimidad.
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