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¿Esperanza se va?

martes 16 de febrero de 2016, 18:10h
Actualizado: 17/02/2016 09:43h

Tres años y medio después de su primera "espantada" -septiembre de 2012-, Esperanza Aguirre lo ha vuelto a hacer. Fiel a su finísimo instinto para dar noticias, se ha adelantado de nuevo a sus amigos y a sus enemigos para ser ella la que abre fuego, en lugar de esperar a que lleguen las balas para intentar esquivarlas. Ha dado un paso al frente, se ha subido al escenario y ha centrado la atención de todos los focos. Mientras otros volvían a quedarse estupefactos y cariacontecidos, enfadados por su nueva osadía pero también algo descolocados.

Aguirre es una superviviente nata. Sobrevivió, y consiguió destacar en el mundo de hombres que era la política en los 80; saltó del Ayuntamiento de Madrid al ministerio de Cultura, a la presidencia del Senado, a la presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid... dando la razón a su abuelo, que siempre decía: "Esta niña es listísima; si fuera hombre, llegaría a ministro".

En algún momento, tal vez, Aguirre se pasó de frenada. El poder hace que te rodeen muchas personas más interesadas en alabarte que en valorar sinceramente lo que haces. Ahora, acorralada por los escándalos de corrupción en su entorno, ninguneada por la dirección nacional de su partido -por el "pecado" de ser crítica con Rajoy y discutirle el liderazgo, pero también por una arrogancia que muchos entendieron como deslealtad-, abandonada por aquellos que antes la seguían, una vez que perdió el poder y la posición, Aguirre ha decidido volver a tirar por la calle de enmedio, llevándose por delante todo lo que encontrara, como elefante en cacharrería. Nadie sabe hasta cuándo durará esta vez su adiós; es muy difícil imaginar la política madrileña sin Aguirre, pero aún más complicado resulta pensar en Aguirre sin la política.

Algunos de sus enemigos políticos señalan con maldad que lo que mejor define a Esperanza es la fábula de la rana y el escorpión: esa en que el escorpión pide ayuda a una rana para pasar el río sobre su lomo, asegurándola que no la picará porque él también se hundiría en ese caso, y que pese a sus promesas, en mitad de la corriente vuelve su cola venenosa contra ella y le asesta un picotazo mortal. Cuando, ahogándose ambos, la rana pregunta: "¿porqué lo has hecho?", el escorpión le responde: "Está en mi naturaleza".

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