Por
Pedro Fernández Vicente
miércoles 02 de junio de 2010, 00:00h
Actualizado: 11/06/2010 14:59h
Llegó a Madrid con su estilo habitual, con esa forma de ser que habíamos visto en repetidas ocasiones por la tele y nos deslumbró. Es verdad que le han criticado y que no a todo el mundo le ha parecido bien, pero desde posiciones interesadas, porque su presentación fue un modelo a tener en cuenta. Y lo curioso del caso es que no lo protagonizó el Real Madrid. La organización del evento fue idea del propio Mourinho. Es fácil de adivinar. Florentino no lo habría dudado ni un momento. Es más proclive a encender el Bernabeu, cuando está cayendo la noche y, entre luces, cámaras y seguidores, hubiera salido el nuevo entrenador de algún punto del estadio para darse un baño de masas, siempre dispuestas a manifestar su apoyo incondicional.
Pero no, el portugués tiene otro estilo, que parece más humilde, pero está igual de preparado o más. Eligió un acto sencillo, más de acuerdo con el momento, sin quitar protagonismo a nadie, pero sobresaliendo por encima de cualquier otra circunstancia. Camisa oscura con el último botón desabrochado y corbata suelta para satisfacer las necesidades del cuello de la camisa que dejaba entrever una improvisación que no creo que existiera.
Contestaciones tranquilas e inteligentes, sin rechazar ni una sola pregunta. Incluso cuando le preguntaron por Raúl, aplazó su respuesta “hasta que la directiva decida”, manteniendo su respeto por las decisiones del club. También Valdano estudió su mensaje de aquella mañana, con sapo incluido. Se vio obligado a recordar eso que cuesta tanto trabajo actualizar. Menos mal que se pudo apoyar en la respuesta que Mourinho dio, en su momento, a aquellos artículos. De lo contrario su papel hubiese sido peor de lo que fue.
Tengo que decir que a mi me sorprendieron varias cosas. La primera que mi concepto de este hombre ha cambiado de forma radical. Los medios me lo habían presentado como una persona un tanto desagradable, hosco, tenso en las respuestas y algo maleducado. Pero la entrevista que publicó el diario AS y la rueda de prensa del otro día, han modificado mi criterio sobre su personalidad, más que ninguna otra, en cualquier etapa de mi vida. ‘Mou’, es inteligente, hábil con las palabras y con los gestos. Sabe lo que tiene que hacer en cada momento y como tratar a los periodistas. Tranquilo, sin estridencias y siempre buscando satisfacer ese ego, del que habló muy poco, pero dejó claro que lo tiene, desarrollado y controlado. Me arriesgaría a decir que su presentación en Madrid había sido ensayada en algún otro lugar y con especialistas en comunicación. Siempre en ausencia de Valdano.
Tengo la sensación de que Mourinho ha conquistado a los madridistas, por supuesto, pero su carisma ha llegado más allá de la parroquia blanca. Las declaraciones de urgencia del presidente del Barcelona, Joan Laporta, dicen mucho en ese sentido. A quien no le ha gustado que un hombre así llegue al Madrid, tardó poco en manifestarlo. Estoy convencido que Florentino ha acertado al cien por cien y de que aquí empieza una etapa nueva para el Real Madrid. ‘Mou’ impregnará todo con ese encanto extraño, pero acaparador, que está demostrando. Con esa falta de humildad. Con esa naturalidad y, esperemos, con esas victorias europeas que tanto necesitan los aficionados.