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Un grupo de estudiantes en los aledaños de un institutos
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Un grupo de estudiantes en los aledaños de un institutos (Foto: Chema Barroso)

Madrid actúa ante las bandas: nuevo protocolo y talleres para menores

Por Alejandro Navas
martes 11 de octubre de 2022, 07:34h

La existencia de bandas juveniles y su impacto entre los menores de edad supone un problema para la sociedad y para las autoridades. Para dotar de herramientas a los docentes y para mejorar las tareas de prevención, la Comunidad de Madrid ha activado nuevos mecanismos en forma de protocolos de actuación en el entorno educativo y de talleres específicos para concienciar a los jóvenes y dotarlos de herramientas ante los peligros que entraña convertirse en miembro de los Dominican Don´t Play o de los Trinitarios, entre otras organizaciones.

Hablar de bandas es un asunto delicado, sobre todo cuando hay menores implicados. En Madrid, debido a sucesos que han llegado a acabar en tragedia en diversas ocasiones durante el último año, la alarma social ha alcanzado a una mayoría. En este contexto de cierta sensación de incertidumbre ante un fenómeno del cual no existen datos suficientes para determinar si es o no un problema que asola la región, el Gobierno de Madrid ha tomado dos nuevas medidas en pos de la prevención y detección. Por un lado, la creación de un protocolo específico de actuación que acaba de repartirse por todos los centros educativos públicos, privados y concertados; por otro, la programación de talleres para estudiantes de secundaria en el que trabajadores sociales expertos en este campo tratarán de aportar información y herramientas para la resolución de posibles conflictos en este sentido.

El protocolo tiene unas 16 páginas de extensión en las que se establecen una serie de criterios para ayudar al cuerpo docente a identificar si algún alumno puede estar adherido a una banda. Así, la secuencia pasa por la notificación de hechos, la recogida de información a través de entrevistas con el entorno humano del alumno, el análisis de dicha información y la intervención. En este caso, el siguiente paso a tomar es la comunicación a la familia y autorización para derivación a los servicios externos convenientes, que comienza con la Unidad de Convivencia, dependiente de la consejería de Educación, y que puede acabar en las fuerzas de seguridad del Estado.

Cancha de baloncesto de un instituto

Casi 100 talleres hasta Navidad

Desde esta semana y hasta finales de diciembre la Consejería de Educación, en colaboración con la Dirección General de Juventud, ha programado la realización de 95 talleres específicos entre estudiantes de secundaria en una veintena de institutos bajo el título de “agrupaciones juveniles y resolución de conflictos”. Esta intervención la realizará la Asociación la Kalle, una entidad experta en la intervención social en este campo y que posee un gran historial de trabajo y de colaboración con todo tipo de administraciones públicas en el territorio español. En cuanto a la elección de los institutos, el criterio se ha basado en sus necesidades concretas, manifestadas a través de sus direcciones y de la propia Consejería. “Algunos centros habían pedido ayuda para actuar con alumnos que sabían que estaban en grupos con actitudes violentas”, confirman fuentes regionales.

"Algunos centros han pedido ayuda"

Cada una de estas sesiones duran una hora y cuarenta minutos. Están estructuradas en tres ejes: definición y origen de las bandas, el contexto emocional de la adolescencia y la formación en resolución de conflictos. Para Gonzalo Sarmiento Lillo, director del área de programas de la asociación, uno de los principales objetivos de estos talleres es crear un espacio de confianza y conseguir una verdadera participación de los jóvenes. “Es muy diferente el caso de alguien que dice ser miembro y el de alguien que es miembro. Lo que más dolor de cabeza da a la comunidad educativa, a las familias y a la sociedad en general es todo aquel que dice ser miembro, ya que, amparado en esa postura hace o deshace”, explica. Aquí, señala que según su experiencia de campo y los datos que maneja, no cree que haya más de 300 menores envueltos en agrupaciones juveniles con actitudes violentas en toda España, a diferencia de algunos datos sin solvencia que circulan por ciertos medios de comunicación.

Destaca este experto que incluso la denominación “banda juvenil” debería ser repensada, debido a la imprecisión del término. En su experiencia y aconsejados por la sociología, el término correcto o más aproximado sería “agrupación juvenil”, debido al sesgo racista que implica la palabra “banda”. En este punto, critica Sarmiento que se use de forma indiscriminada en los medios de comunicación y desde algunos partidos políticos la variante “banda latina”, por la inexactitud y la connotación negativa que conlleva asociar un origen concreto con actitudes violentas. “La aparición de xenofobia al decir 'banda latina' es tremenda y errónea. En parte, porque latinos somos los españoles y también los italianos, por ejemplo”, reflexiona, a la vez que recuerda el enfrentamiento dialéctico que tuvo Isabel Díaz Ayuso con Rocío Monasterio hace unos meses durante un pleno en el Parlamento regional. En aquella ocasión, la líder de Vox en Madrid reclamó medidas contra las “bandas latinas”, provocando que la presidenta reprobara dicha expresión porque la mayoría de sus integrantes son, de hecho, españoles.

"No es lo mismo ser miembro que pretenderlo"

En cualquier caso, desde la asociación encargada de estos talleres que acaban de comenzar, aseguran que uno de los principales objetivos es dotar de una mayor perspectiva a los menores. “Queremos explicar lo que supone entrar en un grupo, ya sean los scouts, las barras de fútbol, los DDP o los Ñetas. Cuando te introduces, el individuo deja parte de su individualidad y tiene que asumir características colectivas como puede ser la territorialidad o ciertas violencias”, detalla. Así, para poder transmitir estas nociones, en los talleres se trabajará con ‘roleplaying’ y con recursos audiovisuales, así como con los testimonios de los trabajadores sociales que aportarán sus experiencias con casos reales. Remarca Sarmiento aquí que para conseguir estos objetivos es necesaria la participación activa de los jóvenes, algo que pretenden conseguir mediante la generación de un espacio de confianza en el aula.

Preguntado por la posibilidad de encontrar algún caso crítico durante los talleres, este responsable asegura que poseen las herramientas concretas para abordar el problema. Por ejemplo, si durante las sesiones el equipo detecta que hay algún menor envuelto en una situación de bullying o en una fase inicial de adhesión a una agrupación juvenil con actitudes violentas, se abordará el caso de forma individual. Esto significa que se intervendría para que el menor tome conciencia y para que pueda resolver su conflicto, que se derivaría a otros servicios o que se informaría a su familia.

Las señales de alarma

Con el mismo objetivo que los talleres se han elaborado los protocolos de detección, que ya se han distribuido por todos los centros educativos de la región. Para Isabel Serrano, jefa de la Unidad de Convivencia de la consejería de Educación, estos documentos facilitarán la tarea de detectar y actuar ante un posible caso de adhesión a una agrupación juvenil de actitudes violentas. Hasta ahora, cada centro podía actuar con mayor o menor eficacia ante un posible caso, sin homogeneidad en cuanto a la identificación y posterior intervención.

"Los primeros en detectar son los compañeros"

Para paliar esta situación, en el documento figuran unos 50 elementos a tener en cuenta por parte del cuerpo docente como el tipo de prendas, el uso de apodos o la sospecha de consumo de alguna sustancia entre otros. “Un indicador en el que queremos hacer partícipes al resto de compañeros es el cambio radical de actitud, de costumbres, de amigos y de formas de vestir”, señala esta responsable, como uno de los indicadores más importantes a tener en cuenta no solo por los profesores sino también por su entorno.

Insiste Serrano en la necesidad de que todo el entorno se vuelque para poder llevar a cabo una oportuna labor de prevención. “De repente, tener nuevos amigos en las redes sociales, seguir una música determinada, no quedar con sus amigos anteriores o cambiar de forma de vestir. Todo esto es muy importante y quienes lo detectan primero son sus compañeros”, asegura. De hecho, se está tratando de transmitir al alumnado en general que si ven este tipo de cambios en algún compañero, avisen a sus propias familias para que lo notifiquen a los centros.

Por otro lado, el Gobierno regional ha impulsado otras medidas como la formación a los profesores y a las familias ante esta problemática. “Necesitamos formar a los profesores para que identifiquen el problema, para que sepan intervenir y para que sepan cómo reunirse con las familias para informarles de algo sobre lo que no suelen estar preparadas, ya que pueden tener la sensación de estar perdiendo a sus hijos”, detalla Serrano.

“Faltan psicólogos”, reclaman las AMPAs

En la Federación de Asociaciones de Padres y Alumnos Giner de los Ríos son conscientes de que existe una alarma social ante el surgimiento de estas agrupaciones juveniles, aunque no consideran que es el mayor problema que existe en la educación pública y privada de Madrid. “Tiene su relativa importancia, no hay que negarlo. Es necesario intervenir entre los jóvenes que se han adherido a estas bandas pero pensamos que se está sobredimensionando el asunto”, asegura la presidenta de la organización, María del Carmen Morillas.

"Ningún AMPA nos ha pedido detector de metales"

Según Morillas, no han registrado en el curso pasado ni en este que acaba de comenzar ninguna petición “extrema” por parte de alguna de las AMPAs adheridas a la federación. En cambio, lo que sí están recibiendo desde hace unas dos semanas son muchas preguntas sobre las agrupaciones juveniles con actitudes violentas, a raíz de la publicación de diferentes informaciones en este tiempo. “Ningún AMPA nos ha llamado para pedir un arco detector de metales. Además, tenemos la convicción de que los centros educativos son uno de los lugares más seguros que hay”, explica.

Sobre los protocolos de detección, la presidenta de la FAPA desconfía de su eficacia y argumenta que se limitan a plantear cómo los docentes y las direcciones de los institutos y colegios deben derivar los casos a otros servicios. Además, critica que el documento “es un calco casi exacto” de otro protocolo dedicado a la prevención ante la adicción de sustancias estupefacientes, algo que le genera dudas. Para ella, lo verdaderamente necesario es mejorar los recursos en la red pública educativa y lograr una mayor cohesión entre los estudiantes. “Lo que faltan son psicólogos educativos que puedan abordar los problemas de los jóvenes”, reclama.

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