www.madridiario.es
Residencia Clece Vitam Pablo Neruda, en Ciempozuelos,
Ampliar
Residencia Clece Vitam Pablo Neruda, en Ciempozuelos, (Foto: Clece)

La residencia Clece Vitam Pablo Neruda, en Ciempozuelos, realiza test a los familiares que acuden de visita antes de acceder a las instalaciones

martes 21 de julio de 2020, 10:30h

“Es muy aconsejable que todas las personas que accedan a la residencia tengan la certeza de que no padecen la enfermedad”

La ‘nueva normalidad’ se abre paso en los centros madrileños de personas mayores, como en la residencia Clece Vitam Pablo Neruda, en Ciempozuelos, donde se afanan por recuperar la cotidianeidad, tras la pandemia, mediante terapias y programas de animación. Además, han permitido las visitas de familiares con un método diferencial: la realización de tests a visitantes para preservar la salud de usuarios y trabajadores.

Libres de Covid-19 desde varios meses, quieren evitar un rebrote y no han escatimado en medios preventivos. Así, la residencia Pablo Neruda ofrece a los familiares de sus residentes la posibilidad de hacerse la prueba que descarte su contagio antes de reunirse con ellos. “Es muy aconsejable que todas las personas que accedan a las instalaciones tengan la certeza de que no padecen la enfermedad”, explica Sara Saiz, gerente de Servicios Sociales de la compañía.

No es obligatorio, puntualiza, pero nadie ha rechazado esta medida de protección que costea la propia empresa. Gracias a esta iniciativa, se han vivido reencuentros seguros, a la par que emotivos. “Las miradas lo decían todo”, comenta María José Luengo, directora de la residencia. En las últimas semanas, asegura haber recibido un “aluvión de flores y bombones”, pero destaca como uno de los momentos más especiales las palabras del hijo de una de las residentes. “Llorando, nos dijo que no sabía cómo agradecernos ver tan bien a su madre”.

Durante el confinamiento, residentes y familiares han mantenido un contacto “muy estrecho” con llamadas diarias a fin de que estos últimos “estuvieran informados en todo momento”, explica Sara Saiz. Además, de forma habitual podían verse por videollamada, un sistema que “ha favorecido la tranquilidad de las familias”, añade María José Luengo. Ahora, pueden visitar a sus parientes en la residencia, hasta tres veces a la semana, durante una hora.

Eso sí, deben hacerlo un máximo de dos personas, provistas con mascarilla y previa desinfección de manos con gel hidroalcohólico. También se guarda la distancia de seguridad, tanto en el exterior como en el interior, donde se han instalado mamparas. La compañía de un profesional de la residencia destinado a prevenir posibles situaciones de riesgo, completa el protocolo de visita.

Emoción al abandonar el aislamiento en los dormitorios

Los ancianos permanecieron aislados en sus habitaciones durante el periodo más crítico de la pandemia. Pese a la reclusión, la directora del centro destaca su “increíble” adaptación a esta situación. “La verdad es que nos lo han puesto muy fácil porque, a excepción de las personas con deterioro cognitivo, solo les costó los dos primeros días”, señala. En este tiempo, recibieron sesiones de fisioterapia y terapia ocupacional de forma individualizada porque “si tienden a estar sentados o tumbados podían perder capacidades”.

El reencuentro con los compañeros fue muy emotivo. “El día que bajaron al jardín por primera vez, después de meses, estaban muy emocionados”, relata María José, quien también cuenta que “muchos de los residentes autónomos lo que más echaban de menos era caminar”. Ahora no solo pueden dar paseos en el jardín de la residencia, sino participar en el programa de animación o en las actividades en el huerto y la cocina que se han organizado “para que se olviden” del confinamiento.

Estas acciones colectivas se desarrollan entre estrictas medidas de seguridad y con “grupos reducidos y siempre con los mismos participantes”, precisa la gerente de Servicios Sociales de Clece. Sara Saiz indica que, de esta forma “si alguien presentase síntomas o diera positivo en coronavirus, el círculo de contactos sería un grupo muy reducido”. Por ello, procuran que determinados trabajadores atiendan siempre a los mismos internos. Una pauta que se ha establecido para los paseos y los turnos en el comedor.

Más personal y material de protección

La dirección del centro pone en valor tanto el desempeño como la disposición de su plantilla, integrada por 75 personas, durante la crisis del Covid-19. Algunos trabajadores se contagiaron, y durante la cuarentena que guardaban en su domicilio, escribían a la residencia "deseando incorporarse cuanto antes para cuidar a los residentes que tanto los necesitaban”, expone María José Luengo. La máxima responsable del centro agradece “que todo el mundo se haya volcado”, desde auxiliares que han trabajado fuera de su turno hasta las cocineras que se presentaban en días festivos, como el Día de la Madre, para hacerles churros a los residentes.

Precisamente, una de las novedades implantadas en el centro para el escenario post coronavirus es la contratación de más personal, “no solo para sustituir puestos sino para incrementar los efectivos en cada turno”, detalla Sara Saiz. Así, en marzo aumentó el número de auxiliares, enfermeros y médicos, que han permanecido en la residencia durante meses.

Por otro lado, han implementado un control “exhaustivo” del stock de equipos de protección (EPIs) con el que cuentan, así como de test, los cuales realizan a los usuarios, empleados y familiares de forma periódica. “El hecho de que Clece sea una gran empresa implica que siempre estemos preparados para afrontar el día a día”, concluye Saiz.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios