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Campus Unidos en Brea de Tajo
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Campus Unidos en Brea de Tajo (Foto: Ginso)

Jóvenes en conflicto con sus familias: qué hacer cuando se ha intentado todo

jueves 20 de agosto de 2020, 07:41h

El vínculo entre padres e hijos, entendido como algo natural, puede iniciar un camino bastante diferente cuando entran en juego las características personales, las dinámicas familiares, la existencia de un trastorno o la violencia filio-parental. Una serie de conductas reiteradas de violencia física o psicológica dirigida de los hijos a los progenitores son un ejemplo de las circunstancias que pueden desestabilizar una casa. Cada año se abren más de 4.000 expedientes a menores por este tipo de delito pero sólo se denuncian los casos más graves, entre un 10 y un 15 por ciento del total. Una situación extrema que hace la convivencia insostenible en algunos hogares convirtiendo este problema en casos silenciados e incluso encubiertos. Y la realidad es otra y debería pasar por visibilizar este tipo de fenómenos para poder actuar a tiempo e incluso prevenir algunos comportamientos.

Física, verbal o psicológica, esta agresión desgasta a las familias que sufren estos episodios. Tal es el agotamiento emocional que después de probar infinidad de terapias y sugerencias para mejorar la relación con sus hijos, se ven inmersas en un problema del que no saben cómo salir y lo que es peor, desconocen cuál debe ser el camino correcto para revertir la situación. ¿Qué hacer cuando lo has intentado todo? ¿Cómo evitar gritos, vejaciones y humillaciones un día más? Cuestiones que revolotean en la cabeza de esas familias que un buen día decidieron que no podían seguir así. Tras probar otras terapias y tratamientos psicológicos con resultados no demasiado fortuitos, en el caso de algunas la opción de Campus Unidos ha puesto luz en el camino de espinas que recorren.

A 70 kilómetros de Madrid, en la localidad Brea de Tajo, situado en la comarca de Las Vegas y en la histórica Alcarria de Chinchón, se ubica este complejo residencial. Un recurso terapéutico del programa Recurra Ginso, que cuenta con expertos en prevención temprana de conflictos y en dotar a las niños y adolescentes de herramientas para afrontar situaciones conflictivas. 96 plazas se destinan al tratamiento y educación de los jóvenes en desacuerdo con sus progenitores. Dirigido a menores con edades comprendidas entre 12 y 17 años, llegan al centro con sentimientos de ira, impotencia e incomprensión. "Los chicos llegan y te dicen que no quieren estar aquí. Y les decimos que lo malo es que se acostumbre a estar en este espacio. Esto no es un sitio idílico, es un lugar destinado al cambio y a mejorar", explica Javier Urra, director del programa.

"Guiarle hacia un comportamiento favorable para enfrentarse a las situaciones"

Aunque podría tratarse de un campus donde desconectar del estrés diario, con piscina, cancha de baloncesto y chalets independientes en plena naturaleza, lo cierto es que este enclave alberga un objetivo mucho más profundo. Aquí, los jóvenes que llegan "destrozados" y con trastornos preocupantes, encuentran un oasis de calma en el que comienzan a trabajar, dirigidos por terapeutas, desde el primer instante que cruzan sus puertas. "Muchas veces los trastornos que traen se diluyen rápidamente porque aqui hacemos las cosas bien y si nos cumplen las normas, reciben sanciones pero entendidas como un derecho a tener una oportunidad", subraya Urra.

El día a día en Campus Unidos transcurre de la mano de rutinas y normas que empiezan desde primera hora del día. Tras el desayuno y el arreglo de las habitaciones, las clases se combinan con actividades de ocio y deportivas en grupo e individuales. Talleres, charlas en grupo y sesiones terapeúticas van ayudando a los jóvenes a enfrentarse a sus conflictos y actitudes con el propósito de elegir cambiar y vivir de otra manera, más responsable y autónoma.

Las actividades de la vida diaria se programan ajustándose a la normativa que tratará de atender a las necesidades y habilidades que se requieran potenciar en los menores. Están supervisadas y evaluadas por el tutor responsable de cada joven. Se incide en la convivencia, respeto a uno mismo y a los demás, motivando su asimilación, interiorización y generalización. "Guiarle hacia un comportamiento favorable para saber enfrentarse a las situaciones. Y todo lo hacen con la figura de autoridad de su educador, una figura de la que carecen en muchas ocasiones", relata Elsa, una de las educadoras del centro que se esfuerza por reconducir la conducta en el aprendizaje de nuevos valores.

"No existen culpables, solo responsables"

Una intervención alejada del domicilio familiar, intensa y prolongada en el tiempo. "Cuando hay sificultades es mejor separarse y ver las cosas desde fuera", apunta Beatriz, coordinadora del centro. Hace ocho años que llegó a Campus Unidos y ha podido comprobar el equilibrio que alcanzan los jóvenes que pasan por aquí. Convencida que en estos conflictos "no existen culpables, solo responsables", ha podido ver situaciones límites en los que el adolescente se ha sentido realmente desesperado. Pero tras un intenso trabajo personal, brotan sentimientos de "autonomía, seguridad y de afianzamiento de los límites". En defnitiva, es como si volviesen a nacer, eso sí, con la lección bien aprendida y con una mochila cargada de herramientas que, en el momento de su salida de Campus, saben manejar.

Este repertorio de habilidades y gestión emocional lo ponen en práctica fuera, con su familia y su entorno: "Con los padres también se trabaja en grupo y en terapia familiar. Todos forman parte del cambio", asegura el subdirector del centro. Alberto ha sido testigo de casos protagonizados por menores "desorientados y perdidos" y poco a poco, ha visto como, después de conseguir una buena dinámica familiar y con el trabajo terapéutico, han retornado a su entorno con un mayor respeto hacia sí mismo y hacia los demás

La familia extensa se convierte, por tanto, en pieza indiscutible en el proceso de recuperación. Forman parte del programa psico-educativo, participando en sus propias terapias de grupo y familiares y siendo parte fundamental del cambio. Los educadores explican que el denominador común en el conflicto con sus padres es una relación equivocada de unos y de otros. “Siempre hablamos de padres que no saben poner límites, pero también, hay padres que sí lo han sabido hacer bien y su hijo es un chico con problemas. En otras ocasiones, los padres sufren alguna patología, depresión o trastornos de personalidad o incluso consumen drogas. Por eso se trabaja con toda la familia para determinar las causas de ese conflicto", determina Javier Urra.

Desde su puesta en marcha, el programa ha atendido a más de 1.500 familias y ha tratado a más de 700 jóvenes residentes en el Campus Unidos, con una media de estancia de 10 meses. Una vez que se recibe el alta se lleva a cabo un seguimiento ambulatorio que dura seis meses con sesiones individuales y familiares. La idea es que los jóvenes puedan volver a un hogar donde exista una convivencia normal.

Este programa de ayuda a familias en conflicto cuenta con un teléfono gratuito (900.656.565), la web www.recurra.com y la dirección de correo consulta@recurra.com.

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