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Federico Chueca (compositor, 1846-1908)
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(Foto: Antonio Castro)

Federico Chueca (compositor, 1846-1908)

sábado 07 de noviembre de 2020, 17:05h

La del compositor Federico Chueca es una de las tumbas más hermosas del cementerio de San Justo, aunque el paso del tiempo haya hecho estragos en alguno de sus elementos.

Preside el conjunto un busto del músico que se apoya sobre un pedestal en el que aparecen las fechas de nacimiento y muerte -1846-1908- y el apellido. Abrazada al pedestal aparece la figura de un majo ataviado con traje goyesco al que le falta la cabeza. Las piernas también están muy dañadas. Parece que con su capote rodea al monumento. La losa sobre la tumba está ricamente labrada con lo que parecen unas partituras sobre la cruz. En un lateral figura la inscripción de la esposa del músico:

La señora doña Teresa Martín Rives. Falleció el 2 de septiembre de 1921.

En la parte trasera del pedestal aparece una lista con los principales títulos compuestos por Chueca. Y en uno de los laterales, la inscripción:

Su inconsolable viuda y la sociedad La Bagatela. Presidente honorario.

Chueca es uno de los escogidos músicos a los que se debe relacionar siempre con la ciudad de Madrid. No solo porque naciera en ella el 5 de mayo de 1846 (en la torre de los Lujanes, nada menos), sino porque sus obras reflejan el ambiente más castizo de la Capital. Él supo, como nadie, llevar a la escena lo que se veía y discutía por las calles. Así compuso La Gran Vía en 1886, cuando comenzó a hablarse de esa gran obra, que tardaría un cuarto de siglo en materializarse. Agua, azucarillos y aguardiente, El bateo, La plaza de Antón Martín, Madrid-Paris… son títulos netamente madrileños, alguno de los cuales sigue en el repertorio lírico.

Los padres de Federico querían que fuera médico y se matriculó en la facultad de Medicina. Pero el estudiante pasaba más tiempo en un café vecino tocando el piano y organizando orquestas. Se decidió a abandonar los libros tras el éxito que tuvieron sus Lamentos de un preso, estrenados por Barbieri en los Campos Elíseos el año 1874. Siguió tocando el piano en cafés para ganarse la vida, pero el estreno de El sobrino del difunto un año más tarde, comenzó a hacerlo popular. Parece que la instrumentación no era lo suyo, sino crear melodías que calaban inmediatamente entre el público. Su colaborador Felipe Pérez y González escribió sobre él (El Liberal, 28-6-1908):

Federico Chueca era, ante todo y sobre todo eso: el músico del pueblo, o por mejor decir, el mismo pueblo hecho músico. Ese pueblo, autor anónimo de tantas admirables coplas, de tantas canciones inspiradísimas, que son lamentos o carcajadas, arrullos o imprecaciones, que para hacer sus versos o para componer su música, no se somete a reglas estudiadas ni se atiene a fórmulas aprendidas, que él suple con su poderoso instinto, con su irresistible gracia, con su brillante y fresca inspiración, no podía tener más digno y fiel representante.

Chueca siguió estrenando en el Apolo, La Comedia, el Alhambra o el teatro de Variedades, donde llegó a dirigir la orquesta. Sin embargo, en 1886, en un teatrito veraniego llamado Felipe (de Felipe Ducazdal) presentó La Gran Vía, con libro de Felipe Pérez y en colaboración con Quinito Valverde. El éxito fue apoteósico y se eternizó en la cartelera. Hoy lo sigue siendo, como siguen siendo populares temas de esa zarzuela como el tango de la Menegilda, el vals del Caballero de Gracia o la jota de Los Ratas. En los años siguientes su prodigioso talento siguió dando a la empresas obras de gran éxito, como Cádiz, El chaleco blanco, La alegría de la huerta o las citadas anteriormente.

Es justo reseñar que con este maestro colaboraron algunos de los talentos coetáneos, como Barbieri y, sobre todo Joaquín Valverde, al que conoció en 1860 y con el que compuso diecisiete obras. No menos importantes fueron sus colaboradores literarios (Chueca acostumbraba a meter mano a los textos de las canciones) entre los que se encuentran Ricardo de la Vega, Granés, Ramos Carrión o Carlos Arniches.

Federico Chueca falleció el 20 de junio de 1908 a consecuencia de una diabetes que le provocó la uremia mortal. Poco antes había estrenado el himno Al Dos de Mayo para la conmemoración del primer centenario del levantamiento contra los franceses y tenía casi terminada la partitura para una zarzuela que se iba a titular Las mocitas de mi barrio. Su apellido está ya permanentemente ligado al barrio de ambiente gay de Madrid, que tiene su centro en la plaza que lleva en nombre del compositor.

Federico Chueca

Cementerio sacramental de San Justo

Patio de Santa Gertrudis, sección 4ª

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