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Lidia frente a la ventana: el único contacto que tiene con el exterior
Lidia frente a la ventana: el único contacto que tiene con el exterior

Una mujer lleva 14 meses sin salir de su casa del Ivima por un ascensor estropeado

Por Cristina Valdivielso
miércoles 22 de septiembre de 2021, 12:22h

Tras un ictus cerebral hace cuatro años, Lidia se quedó en silla de ruedas. El ataque le causó una parálisis de piernas para abajo. Su día a día se complicó y tuvo que aprender a convivir con ayuda y limitada en sus movimientos. Hace poco más de un año, la situación empeoró y se encontró con un panorama desolador que ha provocado que lleve 14 meses sin salir de casa. La culpa, del ascensor de vivienda, que lleva inoperativo todo ese tiempo.

“Lidia sufre una enorme depresión y está con tratamiento. Ella siempre dice que quiere morir y que no quiere vivir en estas condiciones. Vive encerrada en 40 metros cuadrados y no llega ni a asomarse por la ventana”, relata Juan, su pareja.

Juan, de 57 años, y Lidia, de 60, son un matrimonio de Valdebernardo que hacían una vida “medianamente normal” hasta lo sucedido con su vivienda. Además, el piso en el que viven, un primero, con apenas 40 metros cuadrados, se convierte en “una caja de cerillas”. Y la silla de ruedas ni siquiera entra por las puertas de las diferentes salas del piso, por lo que Juan tiene que levantar a Lidia cada vez que quiere irse a dormir o acceder a otra sala.

A pesar de que ambos cuentan con la ayuda de una voluntaria de la Comunidad de Madrid dos horas a la semana, a la que Juan califica como “una persona maravillosa”, él mismo se encarga de duchar, alimentar y realizar todas las tareas que Lidia, por su situación, no puede ejecutar.

Hace más de un año que la comunidad de vecinos dejó de pagar la luz y cualquier tipo de mantenimiento existente, debido al impago por parte de varios inquilinos del inmueble, por lo que el ascensor lleva sin funcionar todo ese tiempo. Asimismo, existen varios pisos okupados que no abonan las cuotas de la comunidad. Además, Juan asegura que el administrador encargado de llevar las cuentas del bloque se llevó todo el dinero y dejó múltiples deudas sin saldar.

¿Quién es el responsable del problema?

El presidente de la Federación de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de Madrid (FAMMA), Javier Font, insta a la Consejería de Vivienda a que tome medidas ante esta grave situación, ya que, asegura, "no se está haciendo caso al asunto".

"Es insostenible para esta persona que lleva esos 14 meses encerrada en un domicilio". Font subraya que debería resolverse por una cuestión de "humanidad". En el caso del cambio de vivienda, el presidente asegura que "la Consejería es la responsable, pero todavía no ha dado ninguna respuesta o solución al caso particular de la pareja".

"La Comunidad de Madrid es la encargada del mantenimiento del ascensor, pero hay gente que no abona las cuotas y la empresa de mantenimiento, a pesar de que ha estado un tiempo arreglando el ascensor por una cuestión de humanidad, no deja de ser una compañía y no puede estar haciéndose cargo del coste de las reparaciones", relata el presidente.

Además, no se trata únicamente de un mero mantenimiento porque la situación se complica aún más debido a que "hay piezas que faltan porque han sido robadas, por lo que habría que reponerlas, de lo que también se tendrían que hacer cargo los vecinos", explica Rocío Birlanga, responsable de comunicación de FAMMA.

Birlanga apunta que "los vecinos que pagan no se pueden hacer cargo ellos solos de todo". De hecho, la responsable cuenta que Juan intentó ponerse en contacto con el IVIMA para intentar encontrar una solución: "Hay cero comunicación por parte de IVIMA, En general, el mantenimiento del edificio está abandonado".

"Yo estuve hace poco y pasé miedo. A pesar de que se encuentra en una zona normal, la situación es muy compleja a nivel social", cuenta Font. Y añade: "Para que te hagas una idea, una persona fue apuñalada y se tuvo que marchar del edificio".

Font subraya que "se trata de una vejación que la Administración no puede permitir".

Sin embargo, fuentes de IVIMA aseguran que la pareja "lleva 14 meses sin pagar las cuotas correspondientes desde que se cortó el ascensor" y es el Instituto de la Vivienda de Madrid el que se hace cargo de abonar las tasas de todos los vecinos que no pagan. En este sentido, desde el organismo explican que "no entienden, ni les consta, que no haya administrador", ya que la entidad pública sigue abonando lo que le corresponde, aseguran.

Y añaden: "Si no existe un administrador y hay tanto impago, es que hay un fraude, y la comunidad debe denunciar eso, porque nosotros seguimos pagando".

Una zona conflictiva

“Aquí la gente no paga. Hay morosos y okupas, y la comunidad debe 5.500 euros de la cuota regular del ascensor, por lo que la empresa correspondiente decidió inhabilitarlo; e Iberdrola, debido a otro impago, cortó también la luz de todo el edificio”, relata desolado Juan.

El inquilino asegura que, en el edificio en cuestión, se llevan a cabo múltiples actividades ilícitas como tráfico de drogas, además de que la limpieza del lugar brilla por su ausencia.

Cuenta que en el cuarto piso del mismo edificio vive una anciana con problemas de salud que tampoco puede salir a la calle debido a la inoperatividad del ascensor y se encuentra en la misma fatídica situación.

Tras un año recopilando toda la documentación necesaria para solicitar un cambio de domicilio a Ivima, Juan por fin pudo realizar el trámite hace mes y medio. Sin embargo, a pesar de intentar ponerse en contacto con el organismo a través de diferentes vías, todavía no han recibido ningún tipo de respuesta: “Cuando hay problema en un edificio, IVIMA los abandona, que es lo que está ocurriendo ahora”.

Por su parte, responsables de Ivima aseguran que "la notificación del cambio de vivienda llegó el 25 de agosto y llegan muchos casos similares que también hay que atender", por lo que piden paciencia.

Asimismo, el organismo también recuerda que, si no se abonan las cuotas pendientes, el trámite se retrasa y no se puede llevar a cabo el cambio de vivienda: "Nosotros enviaremos un asistente social para poder llegar a un acuerdo con ellos y que puedan cambiarse de casa, porque hemos visto el expediente de salud de Lidia y estamos tratando este caso con mucho cariño y sensibilidad", aseveran.

Desde Ivima aseguran que "el caso está ya está siendo analizado por los asistentes sociales de la Agencia de la Vivienda Social con los expertos del área, pero es importante que sepan que, a nivel administrativo, salen como impagados, y eso complica las cosas", advierten.

Ahora mismo, hay tres pisos ocupados en el bloque. La pareja, asegura que, al contrario de lo que afirma la administración, siempre han pagado las cuotas de la comunidad y ahora están sufriendo el impago del resto de vecinos que habitan allí.

Una pareja de supervivientes

Juan y Lidia, que llevanjuntos 12 años, no vivían en la misma casa, sino cada uno tenía su domicilio particular. Sin embargo, ante esta situación, Juan tuvo que irse a vivir a casa de ella. En el caso de él, lleva jubilado desde los 56 años a causa de tres infartos, por lo que su estado de salud también es delicado: “Tengo tres baipases puestos y no me queda más remedio que seguir hacia delante”, dice Juan.

La inquilina tiene un hijo mayor de casi 40 años, pero lleva sin tener contacto con él desde el comienzo de la pandemia. Además, Juan cuenta que Lidia tampoco tiene relación con el resto de su familia, por lo que sólo le tiene a él.

Lidia lleva tres años sin recibir rehabilitación de ningún tipo, ya que las autoridades sanitarias competentes les indican que “se encuentra en lista de espera”. Sin embargo, debido a su falta de movilidad y rehabilitación, Lidia sufre también problemas de circulación, lo que provoca que, además, se le hinchen pies y piernas: “La única rehabilitación que tiene es la poca que le puedo dar yo a través de masajes”.

Además, la afectada también requiere de atención psicológica frecuente, la cual tampoco está recibiendo: “Lidia pidió a los médicos que le inyectaran algo para acabar con su vida. A mí ha llegado a decirme que me fuera y que le dejase con un bote de pastillas a mano”. Y añade: “Cuando se enferma, yo llamo a la ambulancia para que la atiendan y es la única visita médica que tiene”

“Nos hemos puesto en contacto muchas veces con los trabajadores sociales de la Comunidad de Madrid, e incluso con ONG como Cáritas, Unicef o Cruz Roja, pero todos nos dicen que, con la Covid-19, no tienen recursos”, relata.

Juan, escogiendo ver la vida desde una perspectiva positiva, concluye que “por lo menos no falta para comer”.

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