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OPINIÓN

La desaparición del dinero físico

Por Joaquín Galván Vallina
martes 26 de octubre de 2021, 10:12h

Te puede pasar a ti y estás a tiempo de intentar evitarlo; pero no vas a poder porque hay quien decide por ti y, de pronto, no habrá billetes ni monedas. Si ya, además, te congelan las cuentas por cualquier motivo -legal, por supuesto-, pasarás automáticamente a la indigencia.

A veces la realidad nos sugiere lecturas como la del Apocalipsis (13, 16-17), donde se nos dice que “todos los hombres pequeños, y grandes, ricos, y pobres, libres, y esclavos tengan una marca o sello en su mano derecha, o en sus frentes: Y que ninguno de ellos pueda comprar, o vender, sino aquel que tiene la marca, o nombre de la bestia, o el número de su nombre.”

Esta “marca de la Bestia” sugiere un distintivo, y los exégetas (interpretadores) bíblicos modernos han llegado a sugerir hasta que es un distintivo electrónico; sin el cual quedas excluido de una sociedad que te repudia.

Como doctores tiene la Iglesia para interpretar las Escrituras adecuadamente, y sin pretender nada más, sólo recalcar los desasosegadores versículos que nos vienen a la memoria ante este proceso de eliminación del dinero físico. Pasamos entonces a relatar el momento actual.

Parece una cuestión leve y de poca relevancia; irremediable para muchas personas, que mansamente lo ven venir como algo inevitable por lo que no merece la pena actuar. Hay países que se están planteando la desaparición del dinero en efectivo, y reemplazarlo al 100% por monedas digitales. Paradójicamente, Suecia fue el primer país que introdujo el papel moneda en 1661: el cambista Johan Palmstruch entregaba billetes a modo de recibo por el depósito de oro u otro metal precioso en el Banco de Estocolmo; y este mismo país se está planteando reemplazar el dinero físico por dinero electrónico.

Vemos cómo se cierra el círculo. Se aceptan recibos sobre un depósito de metales preciosos en el Banco de Estocolmo, y estos recibos (billetes) permiten recuperar el oro o los metales preciosos a su presentación. Estos billetes pasan a ser medio de cambio oficial, y pueden ser endosados indefinidamente, pero con el tiempo no se permite la recuperación del oro o los metales preciosos a cambio de los mismos. Después se van restringiendo ciertos pagos en efectivo y, finalmente, los papeles desaparecen y sólo queda la moneda digital, sin existencia física. El oro y los metales preciosos pasan a engrosar el capital del Estado Sueco y a utilizarse como determinen las autoridades (ya no pertenecen a quien los depositó). Los suecos tienen tragaderas (como nosotros), aunque suelen estar bastante satisfechos con el uso que hace el Estado de los fondos públicos; en otros países, no es así.

Algunas ciudades del país escandinavo han ido dejando de aceptar el dinero en efectivo y, de hecho, según los resultados de una encuesta realizada por Insight Intelligence, en 2017 sólo el 25% de los suecos emplearon monedas y billetes. Sin embargo, ante las posibles consecuencias no deseadas, que podrían excluir de la economía a personas desfavorecidas, las autoridades han optado por ralentizar el proceso y el banco central ha instado a los bancos a continuar ofreciendo dinero en efectivo; pese a lo cual, el objetivo de las autoridades suecas es que en 2030 todos los pagos sean digitales. También Noruega y Dinamarca siguen la estela de poder convertirse en los primeros países sin efectivo; lo mismo ocurre con China, donde el “e-yuan” o renminbi digital, de curso forzoso y con trazabilidad de las operaciones realizadas, podría estar en marcha antes del 2025.

En el conjunto de la Eurozona, según datos del BCE, el 79% de los pagos realizados en puntos de venta (comercios, restaurantes, gasolineras...) se hicieron en efectivo. El efectivo es usado principalmente en pagos menores, y viene a suponer cuantitativamente el 54% del valor total de los pagos. Las diferencias son notables entre países y se detecta un mayor uso del efectivo frente a las tarjetas en los países del sur de Europa, así como en otros especialmente relevantes: Alemania y Austria. Por el contrario, en los países escandinavos -como ya vimos- y Holanda, el uso de efectivo baja.

En la Eurozona, por otro lado, está en fase de pruebas el Euro Digital. Todavía sus funciones están sujetas a debate -especialmente la automatización de la fiscalidad-, pero puede ser operativa en un par de años. Con el Euro Digital sería posible la recaudación y el pago de tributos en el momento en que se realiza un pago. El ciudadano quedaría “fotografiado” en sus gastos e ingresos (no olvidemos que las retenciones fiscales en los pagos tienen una función informativa para el fisco, aparte de cobrar una parte pequeña antes de la liquidación del tributo). Por el contrario, el dinero físico -con su anonimato- permite la evasión en el pago de tributos.

En nuestro país, según la Encuesta nacional sobre el uso de efectivo del Banco de España, en 2020 el efectivo ha sido el medio de pago principal para el 35,9% de los españoles (en 2019 lo era para el 53%). El descenso en el uso del efectivo ha sido importante por efecto de la pandemia, pero sigue siendo fundamental para ciertos colectivos, como las personas mayores o los estratos sociales más desfavorecidos. La utilización de efectivo sigue siendo, por tanto, crucial para la ciudadanía.

En España, efectivamente, no parece cercana la eliminación de los billetes y las monedas, aunque se han hecho avances. Así el 24 de abril de 2020, el Gobierno registraba en el congreso una proposición no de Ley en el sentido de proceder a la “eliminación gradual del pago en efectivo, con el horizonte de su desaparición definitiva”. Siguiendo este camino, la Ley 11/2021 de 9 de julio de medidas de prevención y lucha contra el fraude fiscal contempla lo siguiente: “Se disminuye el límite general de pagos en efectivo de 2.500 a 1.000 euros. No podrán pagarse en efectivo las operaciones, en las que alguna de las partes intervinientes actúe en calidad de empresario o profesional, con un importe igual o superior a 1.000 euros o su contravalor en moneda extranjera”.

Si, por ejemplo, un individuo va a comprar a su mujer por San Valentín una pulsera de más de mil euros y sólo lleva efectivo, más vale que no espere al último momento, porque es necesario pagar con tarjeta y el error de regalar fuera de plazo se lo pueden recordar durante toda la vida. Como vemos, por ley se ha limitado la disponibilidad de nuestro dinero (¿es que nuestro dinero efectivo no vale? ¿Por qué, con la excusa de perseguir las transacciones en dinero negro limitan la validez de nuestro dinero?). Se entiende desde este punto de vista la proliferación de las criptomonedas que, al fin y al cabo, funcionan con el anonimato del dinero efectivo.

Ventajas e inconvenientes de la eliminación del dinero efectivo

Ventajas de la eliminación del dinero efectivo

- Para los estados:

Los defensores de la eliminación del dinero efectivo hacen hincapié en la alta correlación entre dinero efectivo, fraude y economía sumergida. La eliminación de la posibilidad de realizar pagos en efectivo llevaría a un mayor control de la economía sumergida, haciendo desaparecer el dinero negro de las economías y las cajas B de las empresas.

Otros argumentos son la disminución de los gastos estatales en cuanto a fabricación y procesos logísticos del dinero físico, o la disminución de los robos (al eliminar la posibilidad de robar el efectivo).

También se arguye que hay un mayor respeto por el medioambiente e higiene, en cuanto a los procesos contaminantes relacionados con la existencia del efectivo (aunque también hay que tener en cuenta las consecuencias medioambientales de procesos como la minería de criptomonedas).

- Para las entidades bancarias:

La desaparición del dinero físico supondría para estas entidades un importante ahorro en gestión y manipulación de este activo, así como de una parte del personal y de la infraestructura física y tecnológica: menos sucursales, menos empleados, menos cajeros… Esto trae también consecuencias negativas de reputación, calidad o, incluso, cuestionamiento de su utilidad.

- Para los ciudadanos:

Ninguna ventaja significativa, porque se pueden beneficiar igualmente de la rapidez e inmediatez de los medios digitales de pago cuando existe el dinero físico.

Inconvenientes de la eliminación del dinero efectivo

- Para los estados y los bancos:

Ningún inconveniente significativo, salvo que los ciudadanos se den cuenta de la magnitud del atropello.

- Para los ciudadanos:

La desaparición del dinero efectivo será un paso decisivo en la esclavización de los ciudadanos por parte del sistema, empezando por las pérdidas de confidencialidad y de intimidad: al ser registradas y rastreables todas las transacciones económicas de los individuos, no sólo se monitorizan sus actuaciones en el ámbito de la economía, sino de todas las facetas de su vida. Sin ánimo de exhaustividad: donaciones a partidos políticos, confesiones religiosas u obras sociales (por cierto, esto ya lo sabe Hacienda con sus deducciones); hábitos de consumo y lugares donde se compra; práctica de actividades de ocio, por no hablar del vicio; gastos en tratamientos hospitalarios, etc. Todo esto hace una fotografía de la vida del individuo susceptible de ser “auditada” por parte de los gobiernos y empresas que tengan esa información.

Así, por ejemplo, una entidad financiera podría bloquear operaciones o rebajar el límite de crédito si considera que el cliente es demasiado pródigo en gastos, o el Estado puede congelar las cuentas de los ciudadanos si lo considera oportuno (no hace falta fantasear mucho para imaginar una película de terror).

Los ancianos y los colectivos desfavorecidos en muchos casos no tienen tarjetas de crédito ni medios digitales ni móviles de última generación. La desaparición del dinero efectivo supondría incluso su exclusión económica y, como poco, aumentaría la desigualdad y la distribución injusta de la riqueza.

El dinero efectivo es un colchón de seguridad en casos de caídas de la red, catástrofes naturales o situaciones de bloqueo de internet por causas políticas.

El pirateo de cuentas - a nivel individual o de forma masiva- y la inseguridad debida al fraude con tarjetas (que es mayor que el fraude con efectivo) son riesgos que se cubren parcialmente con el efectivo.

En definitiva, los ciudadanos prefieren tener la opción de pagar en dinero físico o en moneda digital a sólo poder pagar en moneda digital (Como es evidente; más opciones conllevan mayor libertad).

Como no hay ningún beneficio significativo para los ciudadanos frente a unos inconvenientes enormes que atacan la esencia de la libertad individual, no debería tener sentido ese afán desmesurado de los estados por imponer una única moneda virtual.

Si buscamos las causas de este sinsentido en la evolución reciente de los países desarrollados que nos llamamos estados de derecho, las podemos encontrar en la voracidad recaudatoria de los gobiernos y en su afán por coartar las libertades individuales y controlar al máximo todos los aspectos de la existencia de los ciudadanos. Parece que ya se está empezando a censurar a Orwell: su libro “1984” da pistas muy claras, pero se quedó corto.

Joaquín Galván Vallina

Doctor en CC. Económicas y Empresariales. Profesor de la Universidad Europea de Madrid

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