En España, los españoles, tenemos que tener una mano izquierda para ver lo que está ocurriendo al otro lado de la cortina. Lo sé. Sé que Pedro Sánchez es hábil desviando la atención hacía otro lado mientras nos hace trampas con las leyes y en contra de nuestra convivencia. Es un artista mintiendo y engañando, pero no es eso a lo que me refiero ahora. El mundo, sin querer, le está poniendo cerca de la mano esa cortina de humo a la que me refiero.
La guerra de Rusia contra Ucrania y el ataque terrorista de Hamas a Israel, son noticias de tremenda importancia que los medios de comunicación están obligados a tratar con tanta profundidad como imponga la actualidad. Pero, al mismo tiempo, significa un punto de atención informativa que impide dedicar el espacio que se merece el ciudadano a ser informado de todas las maniobras postelectorales que amenazan la legalidad y la inteligencia de los españoles. El gobierno en funciones encuentra un camino despejado, en mayor medida, a la observación crítica de los ciudadanos, ya de por sí minimizada por otras circunstancias de costumbre.
Lo veamos o no lo veamos, el gobierno en formación busca por todos los rincones y debajo de las piedras, tal y como ha dicho Sánchez, votos para la investidura del presidente más mentiroso de la historia de España. Sánchez y su equipo de manipuladores, aprovechan el paraguas de la información internacional, para buscarle las vueltas a la Constitución e irla desfigurando en beneficio propio y en contra de la convivencia. En esa línea, Conde Pumpido, Sánchez, los independentistas y otros muchos interesados en destruir este estado de derecho están cerca, según parece, de poder ofrecer a los independentistas un amplio paquete de esas medidas que exigen como moneda de cambio para que Pedro Sánchez siga durmiendo en aquel colchón que compró nada más llegar. Un paso más en el manejo de la justicia. ¿Adónde nos lleva eso? Se lo pueden imaginar. ¿En qué regímenes políticos el gobierno domina a los jueces? Solo en las dictaduras.
En definitiva, que a la manipulación utilizada habitualmente por Sánchez y su gente, se suma la actualidad internacional. Así será más difícil correr esa cortina que nos permita a todos los españoles controlar la que se nos viene encima con el nuevo gobierno, porque a todo lo dicho se ha sumado Zapatero. No podía ser peor. El presidente de triste recuerdo que hizo los mayores recortes de la historia democrática de España, el que hundió de tal manera la economía del país que fueron necesarias medidas extraordinarias para salir del pozo. Zapatero, al que apartaron de su cargo dentro del partido y terminó por hundir al PSOE hasta el punto de no poder levantarlo ni siquiera Alfredo Pérez Rubalcaba, resulta que es el gran valedor de Sánchez.
Poca cosa. Mejor dicho mínima cosa. Sin esperanza.