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CCOO: El reto de transformar una FP preparada para el futuro
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CCOO: El reto de transformar una FP preparada para el futuro

lunes 07 de septiembre de 2020, 07:42h

La Revolución Digital es en 2020 una realidad que ha de abordarse desde muchos sectores. Uno de ellos es el de la Educación. El sindicato CCOO es consciente de ello y, a través de mesas de negociación y otras actuaciones, anima a crear una Formación Profesional que se adelante al futuro y prepare a los jóvenes para lo que llega. Asimismo, el sindicato apuesta por una formación continua de los trabajadores, que llega de la mano de los diferentes cursos de la Formación Profesional para el Empleo.

El sindicato CCOO nació con el objetivo de defender los intereses de todos los trabajadores de España para conseguir, como define, una sociedad más justa, democrática y participativa. Una de las ramas de actuación sobre la que trabaja para alcanzar esta meta es la Educación y su mejora, para que pueda ser accesible a todos, pública y de calidad. Y dentro de este ámbito, CCOO concibe la Formación Profesional como un reto a abordar, puesto que, a pesar de constituir una importante puerta de entrada al mundo laboral, se encuentra devaluada y poco reconocida.

La FP y la Revolución 4.0

La Revolución 4.0, término acuñado en Alemania, no se define por un conjunto de tecnologías emergentes en sí mismas, sino por la transición hacia nuevos sistemas construidos sobre la infraestructura de la revolución digital. Estos sistemas combinan máquinas automatizadas con procesos de digitalización, posibilitan la interacción entre máquinas, sistemas y objetos y pueden tomar decisiones autónomas, de manera que consiguen desarrollar un trabajo colaborativo entre ellas, los robots y los seres humanos de una manera coordinada.

Esta cuarta Revolución Industrial no solo afecta a la Industria, también repercute en todo el tejido productivo: sector primario, industria y servicios. Por ello, según CCOO, necesitamos para progresar que nuestra economía se convierta en Economía 4.0.

CCOO concibe esta revolución como una oportunidad para la Formación Profesional, que adquiere una importancia estratégica tanto en términos de competitividad y avance del tejido productivo como de empleabilidad de las personas. Pero para que esto ocurra, resulta imprescindible acabar con el desequilibrio entre los niveles de cualificación de la población trabajadora y las necesidades presentes y futuras del mercado laboral.

Según el ‘Panorama de la Educación 2018’ (Ministerio de Educación de España), del total de población de 15 a 19 años matriculado en el segundo ciclo de Educación Secundaria Obligatoria (E.S.O.), el porcentaje de alumnado de Formación Profesional fue del 35 por ciento, muy por debajo de las medias de la OCDE (44 por ciento) y de la UE-22 (48 por ciento).

Por desgracia, la FP aún es vista por muchos como el camino educativo de los malos estudiantes. Tanto es así, apuntan desde CCOO, que incluso la inmensa mayoría de las administraciones públicas, 13 años después de la aprobación del Estatuto Básico del Empleado Público, continúan a día de hoy sin llevar a sus Relaciones de Puestos de Trabajo las categorías profesionales propias de estas titulaciones oficiales, cuando no sitúan a sus trabajadores y trabajadoras en grupos profesionales por debajo del nivel correcto que acreditan sus titulaciones.

Los cambios sociales ya en marcha, el acceso al empleo de calidad, la reestructuración del mercado de trabajo, el avance de las innovaciones tecnológicas, la automatización cada vez mayor de los procesos productivos, los nuevos tipos de organización y gestión, la aparición de nuevos campos profesionales y la rápida transformación de las técnicas y de los equipamientos ha hecho que los sectores productivos demanden profundos cambios en la FP.

Ésta, en lugar de mantener una actitud reactiva ante las consecuencias derivadas de una situación de cierta complejidad, debe ofrecer, según este sindicato, una actitud de anticipación para adelantarse en la medida de lo posible y centrar sus esfuerzos en la necesidad añadida de trabajar de otra manera, con otras metas y objetivos, con un tipo de organización diferente, con una visión de futuro moderna y con la necesidad de buscar un modo de hacer distinto que se apoye en un trabajo colaborativo y de cooperación entre personas y entre organizaciones, pero sobre todo entre centros de Formación Profesional y empresas.

En 2016, el Foro de Davos ya adelantó que los avances en sistematización, robótica y computación avanzada harían desaparecer muchos puestos de trabajo, pero la idea es convertir esta situación en una oportunidad de reinventarse y crear nuevos empleos.

¿La clave?: anticiparse al futuro

La multinacional IBM, en el marco del Foro Económico Mundial de Davos celebrado en enero de 2017, argumentó que quizás la inteligencia artificial y la sistematización harán prescindibles algunas ocupaciones, pero a cambio surgirán nuevos empleos que requerirán de una mayor capacitación y cualificación profesional. Según la Federación Internacional de Robótica (IFR), el millón de robots industriales en funcionamiento en la actualidad han dado lugar a la creación de tres millones de nuevos puestos de trabajo. Y avanza: en los próximos cinco años, la robótica será responsable de la creación de un millón de empleos de alta calidad en industrias como la alimenticia, los productos electrónicos y la energía solar y eólica.

La demanda de nuevas competencias básicas, personales, técnicas y transversales de carácter no rutinario y creativo se incrementa con el avance y desarrollo de la cuarta Revolución Industrial. Por consiguiente, conforme los robots automaticen más y más tareas rutinarias, el trabajo humano dependerá de las capacidades y destrezas para aplicar el conocimiento en nuevos contextos con el fin de desempeñar nuevas funciones no rutinarias y de colaboración con los otros (comunicación, trabajo en equipo, etc.).

Ahí es donde los jóvenes juegan un papel fundamental, y necesitarán adquirir un amplio espectro de competencias, actitudes y experiencias tanto digitales como de innovación y creatividad. El reto social, señalan desde el sindicato, se sitúa en estimular el desarrollo de estas competencias en los sistemas de formación y no solo en poner el acento de los procesos formativos en las habilidades técnicas.

Esta disrupción digital requiere del conocimiento y la creatividad de personas gestoras, proveedoras de servicios, asistentes sociales y demás áreas profesionales que puedan interpretar cómo deben adaptarse los servicios, el comercio y la sociedad en general a estos constantes cambios. La sociedad se enfrenta al gran reto de conseguir crear puestos de trabajo en los que un humano realice mejor que cualquier algoritmo las tareas que se planteen. Por ello, las capacidades de adaptación, de autogestión y de adquirir de forma continuada nuevos conocimientos en muy poco tiempo serán fundamentales a la hora de aspirar a un puesto de trabajo.

La FP debe entonces desarrollar nuevas capacidades y garantizar e incentivar a las personas a actualizar sus competencias de forma permanente. Se prevé que las habilidades sociales como la intuición, la persuasión, el pensamiento creativo, la inteligencia emocional, la inteligencia ejecutiva, así como una amplia formación y especialización serán demandadas en muchas empresas, en especial del sector industrial. En esencia, las competencias técnicas se complementarán con una fuerte adquisición de habilidades sociales.

Plan Integral de FP en la región

Para hacer frente a todos estos retos a los que se enfrenta la Formación Profesional, CCOO propone el diseño de un Plan Integral de Formación Profesional en la Comunidad de Madrid enmarcado en el cumplimiento de los objetivos establecidos tanto en la ‘Estrategia Europea 2020’ como en los propios de la ‘Agenda de Desarrollo Sostenible 2030’.

Esta estrategia es el modelo de crecimiento por el que apuesta la Unión Europea y debe permitir a la UE alcanzar un crecimiento inteligente, a través del desarrollo de los conocimientos y de la innovación. En definitiva, este crecimiento sostenible debe basarse en una economía más verde, más eficaz en la gestión de los recursos y más competitiva y el crecimiento debe ser integrador, orientado a reforzar el empleo, la cohesión social y territorial.

Para ello han sido fijados cinco objetivos clave que la Unión Europea debe alcanzar al final de la década en los ámbitos del empleo, la Educación, la investigación e innovación, la integración social, la reducción de la pobreza, y el cambio climático y la energía:

  • El 75 por ciento de la población de entre 20 y 64 años deberá tener empleo.
  • El 3 por ciento del PIB de la UE deberá ser invertido en I+D+i.
  • Deberán reducirse en un mínimo del 20 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero, aumentar en un 20 por ciento las energías renovables y en un 20 por ciento la eficiencia energética.
  • Reducción de al menos en 20 millones el número de personas en situación o riesgo de pobreza y exclusión social.
  • El porcentaje de abandono escolar deberá ser inferior al 10 por ciento y al menos el 40 por ciento de las personas de 30 a 40 años deberá tener estudios superiores completos, entre ellos, la FP.

Por su parte, la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030 de la Organización de Naciones Unidas (ONU), contiene varios objetivos que deberían considerarse de manera prioritaria, entre ellos garantizar una Educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todas las personas (ODS4 - Objetivo 4). Las propuestas de CCOO en relación con este Objetivo de Desarrollo Sostenible son, entre otras:

  • Trabajar por un sistema mucho más flexible e incrementar los programas de segunda oportunidad en los centros escolares públicos de forma que las personas que hayan abandonado el sistema educativo de forma temprana puedan reincorporarse a él de manera fácil y sencilla.
  • Aumentar el número y la cuantía de becas y ayudas en las enseñanzas no universitarias, entendidas como derecho subjetivo de todo el alumnado, que compensen el coste de oportunidad de dejar los estudios, sobre todo en aquellos entornos socioeconómicos más desfavorecidos.
  • Impulsar medidas de apoyo educativo y mantener y reforzar las medidas de atención a la diversidad durante la enseñanza postobligatoria, en especial las que inciden en los programas de Interculturalidad y las del primer curso de los Ciclos Formativos de Grado Medio.
  • Derogar la Lomce por su carácter no inclusivo y segregador.
  • Asegurar un gasto público educativo suficiente y sostenido para garantizar un sistema público basado en la equidad y la inclusión, que desarrolle instrumentos y acciones dirigidas a compensar las desigualdades y a garantizar una Educación de calidad para cualquier persona.
  • Garantizar una Formación Profesional integrada que responda con efectividad a las necesidades, tanto de las personas en el sistema educativo como de las que trabajan o en situación de desempleo.
  • La Formación Profesional del sistema educativo y la Formación Profesional para el Empleo deben garantizar la empleabilidad de las personas. Esta empleabilidad debe ir dirigida a conseguir y mantener un empleo ante cualquier circunstancia, de manera que posibilite trabajar en distintas empresas de un mismo sector o en diversos puestos de trabajo en una misma empresa. Esto supone la necesidad de impulsar y desarrollar una orientación profesional realista y adecuada a las necesidades reales de una sociedad 4.0.
  • Ampliar y divulgar la apropiación en el mundo del trabajo de la Formación Profesional como ámbito desde el que contribuir al mantenimiento y la consecución de un empleo estable y de calidad.
  • Sensibilizar al conjunto de la sociedad civil de la importancia de la Formación Profesional como garantía de acceso al mundo laboral.
  • Alcanzar un acuerdo con los agentes sociales en el marco del dialogo social que impulse la elaboración del I Plan Regional de FP.

Formación Profesional para el Empleo

Además de formar a las personas orientadas al futuro para acceder a los nuevos empleos que puedan surgir en los próximos años, es importante que los trabajadores en activo continúen formándose de manera permanente. La Formación Profesional para el Empleo (FPE) tiene como objetivo mejorar las competencias profesionales de trabajadores, así como mejorar la empleabilidad de aquellas personas en paro.

Este tipo de ‘Formación Profesional’ no tiene mucho que ver con la FP que se imparte en los centros educativos y que supone una ventana al mundo laboral; la FPE sirve para mejorar la posición del trabajador. Solo en 2018, se desarrollaron 2.000 acciones formativas de este tipo.

La ‘Estrategia Madrid por el Empleo’ ha servido de marco para mejorar las medidas que tienen que ver con este tipo de formación, y para dirigir sus líneas de actuación a la población más vulnerable: los jóvenes, las mujeres, los desempleados con baja cualificación, las personas mayores de 45 años, los parados de larga duración, los discapacitados y las personas en riesgo de exclusión social.

En la Comunidad de Madrid, juegan un papel fundamental cinco centros de formación propios, Centros de Referencia Nacional desde el 17 de octubre de 2015: el Centro de Formación en Seguros y Finanzas (Fuencarral-El Pardo), el Centro de Formación en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones MadridSur (Getafe), el Centro de Electricidad, Electrónica y Aeronáutica (Leganés), el Centro de Formación en Tecnologías del Frío y la Climatización (Moratalaz) y el Centro de Formación en Edificación y Obra Civil (Paracuellos del Jarama).

También se orientan a los sectores productivos que demandan trabajadores con un alto nivel de cualificación el Centro Integrado de Formación Profesional José Luis Garci (Imagen y Sonido), el Centro Integrado de Formación Profesional Profesor Raúl 42 Vázquez (Transporte y Aeronáutica) y el Centro Integrado de Formación Profesional Simone Ortega (Hostelería).

Comisiones Obreras de Madrid juega, además, un importante papel en la detección de necesidades formativas con su participación en las mesas de diálogo social y en el Consejo Regional de Formación Profesional. Desde CCOO se entiende la formación profesional para el empleo como un derecho fundamental e imprescindible para la cohesión social. Su trabajo se orienta tanto a personas desempleadas como a ocupadas y se lleva a cabo en sus diferentes vertientes: a través de participación institucional, en la negociación colectiva, en la orientación individual o mediante el impulso de acciones que permitan a los trabajadores y trabajadoras el acceso a un empleo.

En un mercado de trabajo en constante evolución y en el que se aprecian graves carencias ante la inminente digitalización de la mayor parte de los sectores, cobra importancia la experiencia extraída de forma directa de los centros de trabajo. En combinación con el análisis continuo de las profesiones más demandadas, CCOO diseña propuestas para la elaboración de las múltiples programaciones de formación que emanan de los acuerdos entre los diferentes gobiernos y agentes sociales.

Muchas personas en situación de desempleo acuden a CCOO, donde cuentan con un servicio de orientación y puntos de información en los que, a partir de las competencias profesionales del demandante, se trata de identificar cuál es la formación complementaria que mejor se adapta a sus necesidades.

A lo largo de los años este sindicato ha querido volcar también su experiencia en la impartición de formación para la preparación de oposiciones a los distintos cuerpos y administraciones, para lo que cuenta con plataformas on line y aulas para sesiones presenciales, así como con un elenco de profesorado experto en cada una de las materias que se imparten. Desde Comisiones Obreras destacan que los resultados a lo largo de los años avalan lo acertado de esta actuación, tanto por la iniciativa en sí como por el número de aprobados. Para CCOO, la Formación Profesional para el Empleo, anteriormente denominada Formación Continua, se entiende como un derecho laboral que sirva para mejorar las cualificaciones de las personas, su movilidad y desarrollo personal.

Destacan dos marcos diferenciados: la formación sectorial aplicada al puesto de trabajo y la formación transversal que sirva para ampliar las competencias personales y los perfiles profesionales. En cuanto a la sectorial, es responsabilidad de la representación legal de los trabajadores colaborar con las empresas en la elaboración de los planes de formación para garantizar la equidad entre toda la plantilla, la pertinencia de las acciones programadas y la calidad de las acciones.

CCOO ha reivindicado durante años la necesidad de implantar en Madrid un calendario de convocatorias para la acreditación de las competencias profesionales adquiridas mediante la experiencia laboral. Asimismo. CCOO ha denunciado que la Comunidad de Madrid se ha incorporado tarde a esta tarea, pero desde el sindicato continúan trabajando para garantizar que estas convocatorias se amplíen y lleguen a más sectores además de a los estrictamente obligados por normativa.

También ofrece el sindicato asesoramiento sindical a los trabajadores y trabajadoras que aspiran a ver reconocidas sus competencias. Esto queda reflejado desde la elaboración de itinerarios para completar los módulos formativos, hasta en el acompañamiento en todos los trámites para acceder a esas acreditaciones, trabajo del que se sienten muy orgullosos.

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