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Diario de una pesadilla (8)

domingo 29 de marzo de 2020, 17:48h

¡Qué frío hace! He abierto la ventana para disfrutar del sol pero he tenido que cerrarla a toda velocidad al comprobar que “el grajo volaba bajo”. No entiendo cuando va a llegar la primavera de verdad, la que espero que se lleve este virus de una vez para siempre. A pesar de que han sido cinco minutos, llevo estornudando sin parar desde hace un rato. ¿Será mi alergia al polen?

Madrid comienza mañana un luto por los que se nos han ido de esta manera tan masiva y abrupta. A las doce iniciaremos un minuto de silencio que incorporaremos a nuestra rutina de confinamiento como hemos incorporado los aplausos a las ocho de la tarde para nuestros sanitarios. Sí, estamos de luto por empatía con todos aquellos que no han podido despedir a sus seres queridos. De luto por los que se fueron antes de tiempo por esta pandemia que parece una maldición bíblica.

Silencio entonces, desde mañana a mediodía, por los que se han llevado la peor parte de esta crisis. A veces, los silencios son verdaderos chillidos desesperados. Quedarnos callados en señal de duelo y de respeto por todos aquellos que comenzaron el año pensando en todo lo que les quedaba por delante y el virus truncó de cuajo con una afilada cuchilla que no distingue de razas, condición social ni edades. Aunque afecte más a los mayores, ya todos conocemos a gente de mediana edad y gente joven que inexplicablemente se han ido en medio de esta locura.

Al final, el cambio de hora si me ha afectado. Me equivoqué. Me dieron las tres de la mañana ¡que ya eran las cuatro! ¡Qué sueño arrastro durante todo el día! Tanto, que no he “pasilleado”, ni he hecho ejercicio ni nada de lo saludable que nos recomiendan los que más saben. Me he dedicado a hablar por teléfono y hacer videollamadas. ¡Son una verdadera faena! Pillas a todo el mundo sin arreglar, con unas pintas lamentables y sobre todo, con pelos indomables que ya campan por sus respetos. Mi pelo se parece más al de la salvaje Pipi Calzaslargas que al de la correcta Doris Day.

Entre los nombres que se suman a los muchos contagiados por este Covid-19 descubro que mi admirado Gerónimo Rauch, una de las grandes voces que viven y conviven con nosotros en este país, ha dado positivo. Su mujer también lo tiene y afortunadamente su hijo no se ha contagiado. Todo lo ha contado en sus redes sociales. Reconoció los síntomas al tener fiebre y dolor de cabeza. Sobre todo, después de arderles las vías respiratorias, y quedarse sin olfato y sin gusto. Lo están superando desde casa a base de Paracetamol tres veces al día. Confiesa que quiere que esta pesadilla pase cuanto antes. Y nosotros también. Siempre le estaré agradecida a Gerónimo por haber dado voz al poeta Antonio Machado en la presentación en Madrid de mi libro: “Esos días azules”, en el teatro de La Latina. ¡Toda la fuerza del mundo Gerónimo!

Fuerza también a todas esas personas que están sobrellevando la enfermedad desde sus casas porque sus síntomas son leves. La soledad puede llegar a pesar mucho en estas circunstancias. ¡Ánimo! Este virus, bicho, “acojonavirus”, covid-19…como quieran llamarle, le vamos a ganar la batalla. Propongo desde aquí incorporar a nuestra agenda, cada vez más llena de acciones comunitarias, que antes de meternos en la cama, le demos al virus de marras un sonoro corte de mangas. A ser posible añadiendo un buen exabrupto en forma de taco: ¡vale cualquiera! El primero que les venga a la boca. Además de ser muy liberador de tensiones, pienso que nos ayudará a conciliar el sueño. Lo dicho: corte de mangas y verbalizar una de las muchas palabrejas que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida. Yo propongo alguna. La que utilizó Valle-Inclán en alguno de sus escritos: “¿Qué escucho?¿Son almas en pena?¿Son hijos de puta?”. Esa última frase puede estar muy bien. Quevedo, Cervantes, Lope de Vega y Góngora eran muy proclives a estas palabras que utilizaban con verdadero ingenio. El mismísimo premio nobel, Camilo José Cela, escribió el “Diccionario secreto”, un gigantesco volumen con cientos de palabras malsonantes.”Un carallo a tiempo es una victoria”, por ejemplo. Liberemos tensiones. ¡Es nuestro momento!

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