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Del Juego de Tronos y de cromos, al juego de la Educación

lunes 10 de junio de 2019, 16:37h

Parecía que no iba a llegar nunca, pero por fin parece que afrontamos una temporadita sin elecciones políticas, con sus consiguientes precampañas, subcampañas y postcampañas... Una temporadita en la que los ciudadanos podremos evitar distracciones de promesas y contrapromesas, y los políticos podrán dedicarse a gestionar nuestros recursos eficaz y eficientemente para hacernos la vida un poco más fácil, aunque no sé si esto es mucho pedir...

Durante semanas, yo diría que meses, nuestras entendederas se han visto bombardeadas por anuncios, discusiones, polémicas, cálculos, encuestas y más encuestas. Y, sobre todo, cuentistas que tan pronto te contaban "que viene el lobo -el otro-", como te contracontaban "que viene el caballero andante -el propio-". Es decir, que más o menos impuestos; que más o menos sanidad; que más o menos equis, y, sin ir más lejos, que más o menos conciertos y más o menos escuela concertada.

Porque lamentablemente, durante estas interminables semanas se ha hablado mucho de escuela, pero como siempre, cogiendo el rábano por las hojas. Es decir, para variar, el debate electoral se olvidó de la innovación; de la carrera docente; del "MIR" educativo; de los nuevos contenidos versus los antiguos o de las TICs. En cambio, se acordó de lo de siempre: la educación diferenciada, la Religión o la ficticia tensión concertada vs. pública, por ejemplo.

Y es que los debates político-educativos, en ocasiones, son perversos. Pero cuando además de político-educativos se convierten en electoralistas, entonces se pervierten casi siempre. Y esa perversión produce inquietud, dudas, incertidumbres, expectativas. Y al final, una vez se abren las urnas y se recuentan los votos, termina pasando lo de siempre: 'Donde dije digo, digo Diego'; 'Donde hablé del Lobo, te hablo de Caperucita'; o 'Cuando me anuncié como el caballero, resulta que lo hice sin caballo'. O, lo que es lo mismo, el Apocalipsis anunciado o la tormenta perfecta prevista se nos transmuta en un inocente remolino que, como mucho, levanta algo de polvo. Se transforma en un "quítame allá esas pajas"; o, mejor, cámbiame estos cromos por otros. O, mejor todavía, dame dos sillones aquí, para que yo te los dé allá.

Acabó la enésima campaña electoral que, en Madrid, ha suscitado ciertas dudas relativas a la libertad de enseñanza y complementariedad de las redes pública y concertada. Unas dudas que han preocupado a más de uno pero que llegados a este momento, se nos manifiestan como dudas infundadas. Una falta de fundamento que no se desprende de los resultados electorales, sino sencillamente del peso, importancia y naturaleza de nuestra propia escuela. Porque, al fin y al cabo, nuestra escuela, la escuela concertada, es una expresión constitucional que permite el ejercicio de derechos fundamentales, ajenos por elevación a las vicisitudes y avatares de la política mediocre.

Por ello, en esta y en venideras campañas habrá que aplicarse al juego del aprendizaje, centrándonos en nuestro día a día educativo, en nuestras aulas, en cada uno de nuestros alumnos y alumnas, en nuestros patios, en nuestro profesorado, en las familias, etc. Porque eso, y no otra cosa, es lo verdaderamente importante. Nadie nos va a regalar nada pero tampoco parece probable que nos lo arrebate. Ahora bien: siempre y cuando evitemos distracciones e inquietudes infundadas, y nos afanemos en lo sustancial: la calidad, identidad y equidad educativa. Así pues, frente a malas "políticas" educativas, hagamos bien nuestro trabajo, prioricemos lo importante, hagamos, en definitiva, un buen juego educativo.



Emilio Díaz
Responsable de Comunicación y Relaciones Institucionales de Escuelas Católicas de Madrid (ECM).

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