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Museo del Jamón

lunes 12 de noviembre de 2018, 09:18h
En Madrid cada vez se echa más en falta la existencia de un monumento dedicado a los tontos. Sería un justo homenaje de reconocimiento a esa fauna que vive permanentemente instalada en la tontería.

Vamos al grano. Se llaman animalistas aquellos que se dedican a la defensa de los animales, sobre todo de los irracionales, y también puede definirse así, a quienes hacen animaladas en sus más diversas formas. Hace unos días, un grupo de estos, perpetraron una de sus animaladas verbales. Se manifestaron con pancartas, megáfonos y cohetería demagógica ante uno de los establecimientos de la cadena del Museo del Jamón, y es posible que alguno de ellos, fuera la primera vez que acudía a las puertas de un museo, aunque nunca entraran a ninguno.

Los vociferantes animalistas intentaban hacer un boicot al consumo de jamón, que por otra parte es ese sabroso producto español, conocido y degustado en todos países del mundo, salvo en el imaginario de Animalía. Su argumento es, que viene del cerdo muerto. ¡Menos mal!, porque si se consumiera directamente del cerdo vivo, estaríamos ante un caso de canibalismo. Hablaron los alegres manifestantes, que antes de llegar al Museo de la calle de la carrera de San Jerónimo estuvieron consumiendo unas birras en el de Gran Vía, de asesinos y otras lindezas contra los consumidores del jamón y quienes lo despachan.

Estos individuos, con paladar de madera, ignoran que, detrás del buen gusto por el consumo de este producto, hay trabajadores, hombres y mujeres que viven de esta actividad más que lícita. Conozco la trayectoria de los propietarios del Museo del Jamón, los hermanos Muñoz, auténticos emprendedores que un día dejaron el campo de su pueblo extremeño de Cabezuela del Valle, y vinieron a Madrid, junto a sus padres, para buscar un futuro más prometedor. Desde el duro inicio en una tienda de barrio, en Villaverde, con trabajo sin tasa en el que estuvo comprometida toda la familia, llegaron a crear este imperio sabroso, acercando esta delicatesen a todos los bolsillos, y ahora un grupo de animalistas consentidos, intentan boicotear el trabajo de varias décadas. Panda de impresentables. Dicen que el buen jamón suda grasa para enaltecerlo, y sudores fueron los derramados por la familia Muñoz para crear un negocio que algunos intentan derribar a base de pancartas e insultos. No está hecha la miel para la boca del asno, ni el jamón para paladar animalista.
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