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Urdiales sale en volandas por la Puerta Grande de Las Ventas
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Urdiales sale en volandas por la Puerta Grande de Las Ventas

Feria de Otoño: apoteosis del toreo puro con Diego Urdiales

domingo 07 de octubre de 2018, 22:36h

"¡Torero, torero!" El grito ansiado por cualquier coletudo en el altar venteño rugió desde los tendidos en honor de Diego Urdiales y su apoteosis del toreo de verdad de verdad de la buena. Tres indiscutibles orejas, tres cortó el riojano en un actuación maciza que siempre se recordará, sobre todo su faenón al segundo de sus bureles. También destacó un heroico Octavio Chacón con una oreja de mucho peso y un interesantísimo y variado encierro de Fuente Ymbro con un soberbio tercero que se le fue a un ventajista y vulgar David Mora.

No diga/escriba ‘toreo puro’, no. Diga/escriba ‘Diego Urdiales’. Porque este paladín de la tauromaquia, este adalid del clasicismo artístico lo bordó y se subió al altar de la cátedra y catedral del toreo. Tranquilo y reposado, sin vender nada, sin alharacas, sin gestos al cotarro, sin quejas por el ventarrón que soplaba y casi ponía la muleta en horizontal, se dedicó a torear. Sí, a torear con mayúsculas. Su faena a ‘Hurón’, un manso encastado como fueron primero, tercero y cuarto, es la mejor que hemos disfrutado este año en la Monumental.

Desde los primeros redondos, encajado, templadísimo, la suerte cargada y obligando al bicho a rodear su cintura y rematando tras la cadera para enlazar el siguiente pase. Siempre pisando terrenos de verdad con todas las ventajas para el animal, sucedieron después dos tandas de naturales tan lentos y enjundiosos que un resorte común obligó a la gente a ponerse en pie.

Llegaron nuevas cadenciosas series por ambos pitones, rematadas ora con pases de pecho que eran una arrebatada escultura, ora con trincherillas majestuosas, ora con el del desprecio. Todo con un perfume de santa torería que inundaba el ambiente antes de la doble apoteosis: con unos magníficos naturales de frente que de nuevo pusieron en pie al cotarro y un estoconazo a ley. Un faenón para mostrar en vídeo en las escuelas taurinas que le valió dos orejas, los gritos de torero torero y una dos vueltas al ruedo a petición de los aficionados.

Esta fabulosa labor incluso mejoró la del toro que abrió función, al que recibió meciéndolo con enjundiosas verónicas, en el que el viento no sólo sopló, es que arreció de tal manera que Urdiales tardó algo en encontrar el refugio en el seis para lucirse antes de otro estoconazo hasta los gavilanes.

Este coletudo, al que apodera un otrora magnífico subalterno, Luis Miguel Villalpando, siempre fue tan cabal y siempre intentó la pureza, lo que, claro, no consiguió en todas las ocasiones pues también sufrió altibajos. Pero es un torerazo marginado por los empresarios en particular y el sistema en general, porque también es digno fuera de los ruedos. A ver quién le pone ahora reparos para contratarle con el zambombazo que ha pegado en Las Ventas.

Otro que sale reforzado de la cátedra es Octavio Chacón, habitualmente bailando con la más fea –léase ganaderías duras- y que para una vez que lo anuncian con un encierro al gusto de las figuras le toca un animal, el segundo, más marrajo que todos los que haya lidiado este año. Así era la catadura de su primero, que no solo era peligrosísimo, sino que fue desarrollando sentido de continuo.

Pero el gaditano, a fuer de jugarse la vida sin trampa ni cartón, aguantó hachazos con la devanadera de las furibundas astas del bicho, que finalmente la atrapó y la lanzó navajazos por todas partes sin que milagrosamente ninguno le calara, aunque se llevó un tremendo palizón.

No se arredró, porque, heroico, volvió a la carota del animal y nos puso de nuevo el corazón en un puño antes de una buena estocada y la oreja de peso que echó en su esportón. Buscaba el coletudo también la Puerta Grande, pero su otro enemigo fue el único descastado del encierro y sólo sabía huir despavorido de la pañosa a pesar de los intentos y el valor de un Chacón que sale también lanzado pidiendo más y mejor sitio.

Y más que lanzado debería haber salido David Mora, al que correspondió un toro de ensueño, ‘Laminado’, que aunaba codicia y bondad, que embestía humilladísimo y al que se le caían las orejas si se le hacían las cosas bien. Pero el madrileño, que sí brilló con el percal, practicó el posmoderno antiroreo amontonando pases despegadísimo y con la suerte descargadísima, en una faena que seguro le habría valido para triunfar en otras plazas porque Mora tiene clase, pero que aquí no sirve, y menos con un animal tan boyante.

De modo que del ensueño Mora pasó a la pesadilla y ‘Laminado’ a la otra vida con las orejas puestas. Tampoco cambió de actitud el espada con el sobrero, un toro que iba y venía con nobleza, pero con el que Mora, que tiene clase, de nuevo ventajista, apuntó algún pasaje suelto algún dibujo, alguna voluta también alejada del toreo. Porque, se insiste, el toreo ‘güeno’, el de cante jondo lo festoneó Urdiales. Loor al riojano.

FICHA

Cinco toros de FUENTE YMBRO, de serio trapío: 1º, 3º y 4º encastados y nobles; 2º, peligroso; 5º descastado. 6º, sobrero de EL TAJO, en sustitución de uno del hierro titular que se lesionó, bien presentado y manejable. DIEGO URDIALES: oreja tras dos avisos; dos orejas (salió a hombros). OCTAVIO CHACÓN: oreja; ovación. DAVID MORA: pitos; silencio. Plaza de Las Ventas, 7 de octubre, 6ª y última de la Feria de Otoño. Tres cuartos de entrada.

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