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Fachada histórica de la estación de Atocha.
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Fachada histórica de la estación de Atocha. (Foto: Juan Luis Jaen)

Cubierta belga y diseño francés en la remodelación de la 'dama de hierro' madrileña

viernes 29 de diciembre de 2017, 07:55h
El 29 de diciembre de 1892 se abría a viajeros y curiosos la remodelada estación de Atocha, principal punto de conexiones ferroviarias del país y ejemplo de la nueva arquitectura del hierro popularizada en el siglo XIX.

La estación de Atocha, anteriormente llamada ‘del Mediodía’, acogió su viaje inaugural en el año 1851. Sobre las antiguas huertas colindantes con el Arroyo de la Castellana se construyeron las vías que el 9 de febrero llevaron a la Reina Isabel II desde Madrid hasta el Palacio de Aranjuez.

La ilustre pasajera accedió al tren a través de un modesto embarcadero de madera que cuatro décadas más tarde desaparecería para dar paso al edificio histórico que, con ciertas modificaciones posteriores, hoy conocemos.

En esa época, la infraestructura era propiedad de la compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), que encargó al arquitecto e ingeniero Alberto de Palacio Elissague, colaborador de Gustave Eiffel, la construcción de la nueva estación monumental. Tras cinco años de preparación del proyecto este fue aprobado en febrero de 1890, fecha en la que comienzan las obras, que se prolongaron durante varios años.

La estructura en planta con forma de U quedó cerrada por el extremo que da a la glorieta del Emperador Carlos V, donde se halla la armadura de hierro montada por León Beau, ingeniero de la Société Anonyme de Construction et des Ateliers de Willebroeck, que se realizó en Bélgica con el sistema de estructura rígida tipo De Dion.

En la nave central, de 152 m de largo, 27 metros de altura y 48 metros de luz, los ladrillos son el elemento predominante. Los rojos, de arena fina prensada, procedían de los tejares de Murcia y Guadalajara y los blancos ornamentales de Ariza, en Zaragoza. Los ornamentos se realizaron en terracota y el estilo arquitectónico del interior es ecléctico, en consonancia con la tendencia en la época.

Como consecuencia de la evolución del complejo ferroviario que rodea la estación, una de las estampas más reconocibles de la ciudad, se modificó el plano de la capital. Atocha se erigió desde entonces como la barrera que separa los barrios de Retiro y Pacífico. Además, su existencia hizo variar los planes de ensanche de Madrid a comienzos de siglo XX, convirtiéndose en una zona de transición entre el Casco Antiguo de la ciudad y el mismo.

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