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Memoria colectiva

Por Pedro Montoliú
miércoles 15 de noviembre de 2017, 17:14h

Lo que está pasando con la casa de la calle Peironcely 10, en Entrevías, es difícil de entender. Fotografiada por Robert Capa en noviembre del 36, la imagen fue reproducida en las revistas Regards, Life, Weekly Illustrated y Zürcher Illustrierte porque mostraba los efectos de la guerra en Madrid, una ciudad en la que la confrontación duró más que en ninguna otra localidad, 983 días, y que fue de las más castigadas como lo demuestra el hecho de que fueron las crónicas de los bombardeos sobre la población madrileña las que sirvieron de guía a Picasso para su Guernica.

La casa, bombardeada y tiroteada, se mantuvo en pie tras la confrontación, aunque nadie le dio valor hasta que, en 2010, a raíz de una exposición sobre los efectos de los bombardeos en Vallecas, fue localizada y se creó hasta una plataforma, integrada por una veintena de entidades nacionales y extranjeras, para salvarla. Sin embargo, no se convirtió en asunto capital hasta el pasado mes de junio cuando el propietario de la finca solicitó una licencia para derribarla, justo unos días antes de que el Pleno de Puente de Vallecas acordara protegerla. A partir de ese momento los 21 adultos y 13 niños que malviven allí en habitáculos de 17 a 34 metros, con humedades, ratas y cucarachas vieron como las ruinosas paredes que les acogen se convertían en preciado testimonio sobre el que los periódicos escribían editoriales, historiadores y arquitectos explicaban su posición, y el Ayuntamiento y la Comunidad, como suele ser habitual, disentían sobre lo que había que hacer.

Polémicas aparte sobre si Capa ‘montó’ o no la foto, lo que parece claro es que todo el mundo está de acuerdo en salvar esta casa para la memoria colectiva y darle una vivienda social a las 15 familias que hoy malviven alquiladas. Pero luego entramos en los matices. El Ayuntamiento que anunció que no concedería la licencia de derribo y que iniciaba el proceso de expropiación de la finca, dejó pasar, según el propietario, el plazo preceptivo de dos meses para denegar la licencia por lo que podría prosperar el recurso que ha presentado; por otra parte, el Ayuntamiento aún no ha dicho de forma clara qué va a hacer con las familias que viven en estas infraviviendas, pues mientras el delegado de Desarrollo Urbano afirmó que se las realojaría, la responsable de Equidad, Derechos Sociales y Empleo supedita tal realojo a que haya expropiación, al no estar estas familias, según ella, en situación de emergencia social.

Tampoco se ponen de acuerdo las administraciones sobre la forma de proteger la finca. El pleno de Puente de Vallecas pidió a Urbanismo que la incluyera en el Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos y la plataforma #SalvaPeironcely10 y el Grupo socialista en la Comunidad solicitaron la inclusión de la finca entre los Bienes de Interés Cultural o Patrimonial. Frente a estas posibilidades, la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad se ha mostrado favorable a la solicitada por el pleno de la junta municipal pues permitiría conservar la fachada fotografiada por Capa y modificar el interior para convertirlo en un museo sobre la guerra civil.

Por el contrario, Patrimonio afirma que declarar el inmueble Bien de Interés Cultural o Patrimonial obligaría a preservar la totalidad del edificio, incluido el interior, carente de todo valor, aunque la plataforma #SalvaPeironcely10 propone que, al menos, se mantenga una vivienda como ejemplo de cómo se vivía en 1936. No sé si es buena idea, salvo que al lado se pusiera que también se vivía así en 2017. Como nadie quiere tomar una decisión sobre este polémico tema, la Asamblea de Madrid aprobó la semana pasada pedir un dictamen al Consejo Regional de Patrimonio Histórico para ver si declara la casa Bien de Interés Patrimonial.

No sé qué decidirá este consejo, pero yo lo tengo muy claro: presérvese el exterior del inmueble, habilítese el interior como museo en el que se muestren los efectos de la guerra en Vallecas y, antes que nada, búsquese un hogar digno a las familias que allí habitan. En cuanto a la creación de un Museo de la Guerra Civil, no solo Madrid sino toda España necesitaría que se creara un auténtico Museo de la memoria y de los Derechos Humanos como el que se inauguró en Santiago de Chile en 2010, que se exhumaran las víctimas que estén localizadas, que se levantaran memoriales en aquellos puntos donde se hayan documentado fosas comunes de imposible apertura, y que la Ley de Memoria Histórica deje de ser solo papel mojado. Eso demostraría, de verdad, que hay ganas de recuperar la memoria colectiva y de cerrar una de las etapas más negras de este país.

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