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ENTREVISTA A ÁLVARO BERMEJO

El escritor Álvaro Bermejo.
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El escritor Álvaro Bermejo. (Foto: Asis Ayerbe)

"Qué tiempos estos en los que Manolo Escobar es canción protesta"

Charlamos con el escritor Álvaro Bermejo, que acaba de publicar su última novela, Como el bosque en la noche.

Herri txiki, infernu handi. Pueblo pequeño, infierno grande. Tras más de tres décadas dedicado a la escritura -un oficio "romántico y suicida", dice-, el escritor donostiarra Álvaro Bermejo sitúa por primera vez la acción de una de sus novelas en su tierra; o en la tierra 'biberón' de buena parte de la identidad vasca, tal y como concibe la zona norte de Navarra. En concreto, la trama de su última novela, Como el bosque en la noche, transcurre en Etxalar, un pequeño pueblo navarro en el que la brujería y la mitología calan los huesos de sus habitantes para crear una atmósfera opresiva en la que dos hermanas tratan de ocultar un crimen accidental que despertará viejos fantasmas entre los vecinos. Un thriller rural ambientado en los años sesenta, en el que los contrastes mandan y que el propio Bermejo ve como su mejor novela.

Más de tres décadas dedicado a la escritura, la mayoría desde tu País Vasco, y es la primera vez que sitúas una novela en un entorno cercano a tu tierra. ¿A qué se debe?

Llevo viviendo cuatro o cinco años en Madrid y puede que inconscientemente, por el efecto de la nostalgia, empezara a recrear todo aquello en una novela. Porque la historia parte, precisamente, de dos de los temas que más arraigan allí: la brujería -Etxalar está muy cerca de Zugarramurdi- y el contrabando. Es un pueblo de frontera y cuando vas allí ves que es muy rico; aunque no hay apenas agricultura, hay unas casonas de piedra enormes, sólidas, de mucho porte; eso es por el contrabando. Para mí, brujería y contrabando daban una clave de misterio: la vida del pueblo, como la riqueza, transcurre en buena medida de manera oculta, lo que no se cuenta es más importante que lo que se cuenta.

Brujería y contrabando confluyen en las protagonistas de la historia, las hermanas Echegaray...

Sí, son dos solteronas que viven con su madre en una casa también propia de Etxalar, apartada, que se llama Belle Ombre (Bella Sombra), el nombre que eligió Patricia Highsmith para la casa de su Tom Ripley. Su padre fue un gran contrabandista, primero amado y luego odiado, por lo que ellas son repudiadas por los vecinos. La pequeña, Nines, mata a un vecino de manera accidental. La mayor, Juana, lo intenta disimular y hacerlo pasar por un crimen satánico que despierta los viejos demonios del pueblo: la brujería y el satanismo. Vienen periodistas de Madrid, con todo lo que eso comporta y se compone entonces un thriller casi rural, que va llevando a conclusiones sorprendetes e implicando a todos los vecinos. Al final, el retrato psicológicas de las protagonistas va estructurando la novela, cómo van siendo machacadas por el vecindario y cómo responden ellas.

Vivimos en un tiempo femenino, el sexo fuerte es la mujer hoy en día

Tus últimas novelas construyen unos pesonajes femeninos de gran peso y fortaleza...

Hoy vivimos en un tiempo femenino, el sexo fuerte es la mujer hoy en día, sin ninguna duda. Va en consonancia con toda la teoría de Gaia, de la madre tierra, que puede parecer una anécdota ecológica, pero que en realidad responde a un ciclo grande, cósmico se podría decir,: ahora toca eso. La masculinidad cae y sube la feminidad y todos los valores femeninos. A esto se une que la mía es una tierra de un matriarcado muy fuerte: allí manda la madre por encima de todo, como en la mafia la mamma. Esto es el País Vasco: la mujer elige siempre en todo. En la novela, las protagonistas son dos matriarcas frustradas. La cantidad de mala leche, rencor y resentimiento que pueden acumular hacia los diferentes novios que las han rechazado y que aparecen en la novela es ingente.

(Foto: Asis Ayerbe)También hay otro personaje femenino que sobrevuela la novela: la gitana de Etxalar que inspiró a Marimée para la Carmen de su obra -Carmen- y después a Bizet para la famosa ópera con el mismo nombre. Es una seductora y está enraizada en otro mito vasco: el de Mari, la madre terrible, el matriarcado, la diosa suprema, la que mueve tormentas, la que seduce, la que machaca… Todo esto ronda en cada asesinato de la novela, en cada conjuro de las hermanas.

El escenario, el dónde, tiene un peso capital en la novela, en la que los personajes están sumamente condicionados por las características de dónde viven...

Es que es una tierra muy especial. Para mí, es la raíz de Euskal Herría. En esta tierra nacen los mitos ancestrales de Euskal Herría, es como el biberón del País Vasco. Las hermanas protagonistas son herederas de un linaje de brujas; está presente el Basajaun, o Yeti Vasco; los zoragarriak, entes que viven en la zona maravillosa, que son medio duendes medio demonios; el Akerbeltz o carnero negro, que es el demonio. Todo este imaginario rural, este pensamiento mágico profundo, sigue latente allí, presente en el lenguaje coloquial y es capaz de formar una atmósfera opresiva, hasta cierto punto siniestra. Ellas dos viven apartadas del resto de vecinos, por sus antepasados, su padre… son una especie de hermanas malditas, viven apartadas, pero comulgan con el ideario del pueblo y a su vez lo rechazan. Esa ambivalencia es la tensión narrativa de la novela.

En Navarra hay cierta esquizofrenia: una fuerte identidad nacional vasca, pero también una identificación con el nacional-catolicismo

Además del dónde, también es importante el cúando. ¿Qué aporta a la novela el tiempo en el que transcurre: los años sesenta?

Es un tiempo frontera, que para mí es muy importante. Etxalar es frontera entre España y Francia, entre el País Vaco y España y, por las protagonistas, entre Eros y Tanatos, entre realidad y deseo. Así que también era interesante poner una frontera temporal, un eje histórico. En los sesenta, la dictadura de Franco está en una etapa más blanda; todavía está Franco muy vivo, pero se van respirando tiempos nuevos, se ve que va a acabar tarde o temprano. A su vez, en Navarra converge una cierta esquizofrenia, porque allí hay una fuerte identidad nacional y rural, vasca, pero también una identificación con el nacionalcatolicismo. Por un lado, están de acuerdo con la cruzada nacional, pero por otra parte abominan todo lo que viene de Madrid, Madrid es el enemigo.

Es uno de los 'leitmotif' de Como el bosque en la noche: subrayar los contrastes, y se ve desde las primeras páginas, que se valen de un hecho histórico real para arrancar la historia...

La novela comienza con la llegada de Orson Welles a Etxalar. Esto es muy llamativo porque la gente apenas lo conoce. Hay una película, Campanadas a media noche (1965), cuyas escenas iniciales se ruedan en Lesaca, que es el pueblo de al lado, y Etxalar. Yo no lo viví, pero imagino lo que debió suponer ver llegar a Etxalar a Orsol Welles, con toda su ‘troup’: Jeanne Moreau en sus mejores años; Marina Vlady, que era una sex symbol total; John Gielgud… Toda esa fauna de Hollywood, en un pueblo como Etxalar, en el que antes no había ni cine cerca ni apenas televisores. Fue un shock cultural brutal.

En este sentido, también hay otra clave importante en la novela, que es Luis Mariano y sus canciones. Es la banda sonora de la novela y para mí es el punto de contraste entre la truculencia de algunos crímenes y esa voz meliflua del rey de la opereta cantando Violetas Imperiales con Carmen Sevilla.

Toda esta construcción de la identidad en base al contexto tiene algo que ver con los nacionalismos. A ti te tocó de cerca su versión más radical en el País Vasco durante los años de ETA...

De hecho, yo nací el mismo día que nació ETA: el 31 de julio de 1959. Tengo muy poco de nacionalista, por mi formación o por mis tendencias, soy muy cosmopolita, me gusta mucho viajar, leo poco literatura española... EN los 80 y los 90 trabajé en prensa (primero en La Voz de Euskadi y luego en El Diario Vasco) y viví muy de cerca todo lo el tiempo de ETA. Tengo seis amigos muertos; uno de ellos, Ernesto Lluch, al que no me cansé de decirle que le iban a matar, la última vez, tres días antes de que lo mataran. Él estaba negociando con Otegi, que es una persona con cabeza; pero dentro de ETA había otros que no eran Otegi que no querían una solución negociada, sino más dolor, y que estaban encantados de tenerlo en el punto de mira. Eso te marca para toda la vida.

Creo que los vascos son más inteligentes y han sabido reconducir la situación con bastante astucia

Yo sé lo que es salir de casa y mirar debajo del coche; lo que es estar sentado en una mesa y tener enfrente a un parlamentario de HB que te dice: 'ya hemos pasado tu nombre al otro lado'; sé lo que es que llamen y te digan que estás en la lista. Me fui del País Vasco cuando acabó todo, porque cuando estaba pasando, tenía la adrenalina muy subida y eso no me permitía irme. Sin embargo, cuando vi que habían ganado ellos, me pareció difícil seguir viviendo allí. Ahora ya se ha atemperado un poco, pero hubo un tiempo en que se habían quedado con todo, cualquier cosa que sonara a español era extranjeridad. Por escribir en castellano, ni he salido en los medios, ni he podido acceder a ningún tipo de subvención. Y lo que más me dolía es que venías a Madrid y eras un facha por decir estas cosas. Aquí la gente es muy progre y no lo entendía. Creo que han empezado a entenderlo ahora con lo de Cataluña, cuando han visto lo que hay detrás del nacionalismo, las formas de totalitarismo y de prefascismo en algunos casos que es ya rampante. En el País Vasco yo veía antes un futuro como el que tiene Cataluña ahora. Afortunadamente, creo que los vascos son más inteligentes y han sabido reconducir la situación con bastante astucia.

¿Y cómo ves ahora el futuro de Cataluña?

Lo de allí es casi incomprensible.Porque Cataluña es, aparentemente, un pueblo más mediterráneo, más mestizo, más abierto… Y la semana pasada, cuando fui a recoger el Premio València Alfons el Margnànim, Valencia estaba llena de banderas españolas, pero los cargos políticos, que eran de Compromís, solo hablaban en catalán. Yo les dije que qué tiempos estos en los que Manolo Escobar es canción protesta. Me miraban raro, pero yo vengo de donde vengo y sé de qué hablo. Me parece terrorífico y muy sorprendente que los pueblos no aprendan de la historia y que se pueda llegar a ese grado de ceguera. No veo un final para esto. Tampoco me preocupa mucho, debería de decir algo más favorable para mí, pero la verdad es que creo que es un país poco culturizado, muy temperamental, muy emocional, en el que la gente toma decisiones sin pensarlo. Eso no se puede entender en un presidente de la Generalitat o en presuntos líderes políticos que, en vez de dirigir a su pueblo, son dirigidos por el populacho, se dejan arrastrar, empujar, hacen todo lo que complazca a la masa. Por ese camino, por el camino de la masa, vas al abismo; no hay liderazgo real, ni en Cataluña, ni en Madrid, ni en España. Veo una situación como para poner tierra por medio.

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