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Convento de las Carboneras del Corpus Christi en la Plaza del Conde de Miranda.
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Convento de las Carboneras del Corpus Christi en la Plaza del Conde de Miranda. (Foto: Google Street View)

El convento más dulce de Madrid

martes 26 de septiembre de 2017, 15:43h
El convento de las Carboneras es conocido en la capital por la curiosa manera de vender dulces y pastas de té que tienen sus monjas de clausura.

Los edificios religiosos forman parte del entramado de calles e inmuebles que configuran la gran urbe que es Madrid. Situado entre la plaza del Conde de Miranda y las calles del Codo y Puñonrostro está el convento de las Carboneras del Corpus Christi, que pasa completamente desapercibido como una vivienda más entre la amalgama de edificaciones de la ciudad al no apreciarse apenas elementos religiosos en su entrada y fachada.

Este convento se fundó el 27 de septiembre de 1605 de la mano de la condesa Beatriz Ramírez de Mendoza, a modo de regalo para su hija Sor Juana del Corpus Christi, que fue la primera madre abadesa. Desde aquel momento, el convento contó con 24 monjas que debían llevar una vida de clausura. Hoy en día, la clausura sigue cumpliéndose a rajatabla. En 1981 fue declarado Bien de Interés Cultural. Destaca que nunca ha tenido que ser reformado y que mantiene el mismo estado que en el momento de su construcción.

Las Carboneras y sus obras de arte

El sobrenombre de ‘Carboneras’ viene a raíz de una historia en la que unos niños que jugaban en la calle portaban una imagen de la Virgen Inmaculada que el padre de uno de ellos encontró en una carbonera. Fray José Canalejas, al darse cuenta de que era una imagen de la Virgen, se la compró a los niños por pocos reales y el lienzo fue acogido desde entonces en el convento del Corpus Christi, conocido desde la llegada de la obra como el convento de Las Carboneras.

El convento alberga varias piezas de arte que pocas veces han visto la luz del sol. Al ser de clausura, las monjas pocas veces han prestado sus obras a exposiciones. Al contrario, la iglesia del Corpus Christi está abierta al público y allí sí pueden apreciarse el retablo mayor de Antón Morales o la ‘Santa cena’ de Vicente Carducho.

Venta de dulces como sustento

Los dulces de las monjas carboneras son conocidos en la capital como un manjar que merece la pena probar. Llama la atención la forma en la que se consiguen estos dulces. Al llamar al telefonillo del convento y pedir que se quiere comprar dulces, una de las monjas abrirá y dará desde allí las instrucciones para llegar hasta ellos, todo esto desde el anonimato.

Al entrar y seguir las indicaciones, el goloso encontrará un torno del que sale otra voz preguntando por los dulces que va a querer llevarse. Tras dar el dinero, el torno obsequia al pagador con una caja de dulces.

Esta vida de clausura se ve reflejada en el prólogo del libro ‘Las Carboneras IV Centenario (1605-2005)’, de Vicente Benítez Blanco, en el que la Priora señala lo aturdidas que se encuentran cuando, por obligación, deben salir a la calle, pero les alegra que la gente se interese por su estilo de vida y les gusta darse a conocer.

Su fundadora no ha abandonado el convento

Existe una leyenda sobre el edificio en el que se cuenta que Beatriz Ramírez de Mendoza no quiso abandonar el lugar tras su muerte y acompaña a las monjas en el refectorio para rezar el rosario con ellas. También se dice que cuando una de las hermanas moría, se colocaba una calavera y un paño negro a modo de servilleta en su lugar del comedor. Tras servirle su ración, se la daban a un pobre que se encontrase en la calle.
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