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La obra Enseñanza Libre
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La obra Enseñanza Libre (Foto: Antonio Castro)

Apoteosis de la revista en La Zarzuela

domingo 07 de mayo de 2017, 12:44h
El Teatro de La Zarzuela resume en su nueva producción lo mejor de dos obras cortas: Enseñanza libre y La gatita blanca.

Como ya sucediera en el anterior espectáculo del teatro de La Zarzuela, el nuevo es el resultado de ensamblar dos obras cortas para crear una sola: Enseñanza libre y La gatita blanca. La primera con música de Gerónimo Giménez y libro de Perrín y Palacios, y la segunda con partitura de Giménez y Vives y libro de Capella y Jackson Veyán. Ambas han sido adaptadas por Enrique Viana, director también de escena. El resultado es una revista deslumbrante en lo formal y graciosa en los textos.

Enseñanza libre es un ‘a propósito cómico’ estrenado en el Teatro Eslava en el año 1901. La gatita blanca es una corta zarzuela cómica estrenada cuatro años más tarde en el Teatro Cómico que estaba en la calle Maestro Victoria. Son un ejemplo muy elocuente de un género cómico-musical que triunfó en el final del siglo XIX y en las primeras décadas del XX. Los autores, tanto de la música como del texto, demostraron una creatividad desbordante. Piezas cortas como estas se estrenaban por docenas cada temporada. Y el talento aparecía con frecuencia como puede apreciarse en esta revisión. Autores capaces de hacer un cantable con la lista de los Reyes Godos, como es el caso, o de meter en cada nueva producción los ritmos de moda, desde el can-can, la machicha o el vals. Y, como preámbulo a los locos años veinte, los cuplés que, un siglo más tarde, siguen teniendo la gracia por arrobas aunque hayan desaparecido de los escenarios. Aquí se cantan ‘El morrongo’, ‘Soy una gatita blanca’ o el del ratón. No pueden faltar los bailables de inspiración flamenca.

La versión de Viana mantiene los personajes centrales, don Saturnino, su hija Pura o el matrimonio de don Servando y doña Virtudes. Todos protagonizan historias con doble sentido y enredos amorosos livianos que, realmente, sirven al equipo artístico para deslumbrar al respetable con los trajes y coreografías. Para ello, primero, se ha desmontado el patio de butacas de La Zarzuela y se ha instalado una grada sobre el escenario. El espectáculo tiene así dimensión circular. Seguramente desde los pisos altos se tendrá una perspectiva más brillante ya que el piso es un enorme espejo.

Los fantásticos figurines son de Pepe Corzo y nos remiten a las delirantes creaciones de Álvaro Retana o Pepito Zamora que llenaron de color e imaginación los escenarios españoles hasta la Guerra Civil. En esta producción llaman la atención no solo los trajes, sino los divertidos tocados, como los que reproducen las casas colgantes de Cuenca.

El elenco cuenta con artistas infalibles en el musical, como Ángel Ruiz, Mitxel Santamarina, José Luis Martínez, Cristina Faus o la cantante Roko que da vida a la gatita protagonista.

La representación exige un considerable movimiento escénico que, al no poder contar con el peine, tiene que ser llevado a cabo por el coro, los bailarines y la figuración. Creo que Bianco, director de La Zarzuela, ha pretendido reivindicar un género prácticamente muerto pero del que se pueden rescatar numerosas páginas, sobre todo musicales. Con una selección de lo mejor se montan espectáculos como éste o el ya legendario ‘Por la calle de Alcalá’, que estrenara Fernández Montesinos el lejano año 1983 y que entonces pulverizó la taquilla de los teatros.

Esta nueva producción de La Zarzuela estará en cartel hasta el 28 de mayo.

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