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Reparto de la obra 'La cantante calva'
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Reparto de la obra 'La cantante calva' (Foto: Javier Naval)

‘La cantante calva’: Ionesco entra en el Español

jueves 04 de mayo de 2017, 10:40h
Llega al escenario del Teatro Español la obra: ‘La cantante calva’, un clásico del teatro de lo absurdo versionado por Natalia Menéndez y dirigida por Luis Luque.

El rumano Eugène Ionesco falleció en 1994 a los 85 años de edad. Dejó más de veinte obras teatrales escritas y un género: el teatro del absurdo, que inventó junto a Samuel Beckett. Fue uno de los revolucionarios de la escena en el siglo XX pero el primer teatro de Madrid, el Español, lo ignoró. Siendo justos diremos que en 2009 la sala pequeña programó durante un mes ‘La lección’, en una producción catalana.

Ahora llega al escenario principal, con honores de estreno, su primera obra: ‘La cantante calva’, que se presentó en París el año 1950. Lo hace con versión de Natalia Menéndez y dirección de Luis Luque. Si entonces enfureció y entusiasmó a los espectadores, hoy se contempla como una pieza de museo. Igual que ‘Esperando a Godot’, de Beckett, estrenada en 1952.

No existe lógica en el texto ni en la acción, si bien en esta versión se acentúa el humor de las situaciones y réplicas de los seis personajes aparentemente enloquecidos. Solo en la última escena explota lo auténticamente absurdo, como una coda a la velada de matrimonios que parecen ser incapaces de comunicarse. Tras esa escena, vuelve la calma y todo empieza de nuevo. No sé si, a estas alturas, habrá algún espectador despistado que acudirá a verla esperando una historia con las unidades dramáticas de presentación, nudo y desenlace. Se llevará una sorpresa y, tal vez, un cabreo. ‘La cantante calva’ hay que presenciarla como a un acontecimiento literario que rompió las normas, como un formidable pretexto teatral. Llegados a este punto no podemos olvidar que cuando se estrenó esta obra, nuestro Jardiel Poncela ya había estrenado todas sus comedias. Y que, para absurdas, las situaciones de ‘Cuatro corazones con freno y marcha atrás’, ‘Un marido de ida y vuelta’ o ‘Madre, el drama padre’.

Nosotros lo llamamos astracán, pero si no es absurda la escena del viaje en ferrocarril de Edgardo en ‘Eloísa está debajo de un almendro’… Ionesco hubiera firmado esta escena como podría ser de Jardiel el juego de llamadas a la puerta de ‘La cantante calva’. Pero las comedias de Jardiel sí tenían una progresión lógica, aunque con un desarrollo argumental irracional.

Luis Luque se decanta por una puesta en escena luminosa, brillante. Algunos directores han caído en la tentación de hacer un gran guiñol. No ocurre aquí. Los personajes son aparentemente normales, visten con elegancia y se desenvuelven con soltura. Por eso chocan más sus diálogos, sus respuestas. La criada y el capitán de bomberos son el contrapunto explosivo a los dos matrimonios burgueses, atrapados en el aburrimiento. Al pobre bombero le toca lidiar con un endiablado trabalenguas cuando narra la anécdota del catarro.

Esta producción tiene un gran reparto como corresponde a la entrada de la pieza por la puerta grande al primer teatro municipal. Desde que se vio (junto a La Lección) en el Pequeño Teatro de Madrid en 1955, y con Blanca Sendino y Laly Soldevila, ‘La cantante calva’ ha reaparecido con regularidad. En 1964 la trajo en TEU de San Sebastián en función única y dos años más tarde se representó en el desaparecido Beatriz en un festival Ionesco. Quizá la propuesta más recordada sea la de Joe O`curneen en el Alfil el año 2005.

En el Español están Adriana Ozores, Joaquín Climent, Carmen Ruiz, Helena Lanza, Fernando Tejero y Javier Pereira. Quiero destacar a la primera. Adriana, desde su primer monólogo sobre la comida, demuestra poseer el instinto de las grandes actrices españolas para colocar los textos más disparatados con absoluta naturalidad. No necesita descomponer el gesto ni exagerar el ademán. Sabe que las gracias no hay que acentuarlas sino colarlas sin que se noten. No se pueden poner pegas a los demás actores. Todos entran en el juego del absurdo directamente logrando un disparate que hoy provoca carcajadas.

Creo que con ‘La cantante calva’ el Español salda una deuda. Los teatros nacionales ya incorporaron a Ionesco a principio de los sesenta gracias a José Luis Alonso y sus montajes de ‘El rinoceronte’ y ‘El rey se muere’. Ahora es el teatro municipal, en coproducción con la empresa privada, el que le abre la puerta grande.

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