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Emilio Carreras
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Emilio Carreras (Foto: Antonio Castro)

Emilio Carreras (actor, 1916)

domingo 15 de noviembre de 2020, 17:50h

Una de las tumbas relativamente importantes -y bien cuidada- del cementerio viejo de la Almudena es la de la familia Carreras. La incluimos en esta serie porque en ella está enterrado un actor que representa algunas de las grandezas y miserias de esta profesión: Emilio Carreras.

Se trata de un conjunto de tres sepulturas simétricas encabezado por una hermosa cruz de inspiración modernista, con lo que parece una corona alrededor, sustentada por dos columnas. En la base de la cruz aparece una oquedad en la que se lee Familia Carreras y, detrás, lo que podría ser un instrumento musical. Este detalle es el que nos hace pensar que allí se encuentra sepultado alguien de la escena. Sobre la lápida de la tumba central aparece la inscripción de Familia Carreras, con los nombres de todos los sepultados, comenzando por el del actor.

Emilio Carreras López fue uno de los actores más populares del género chico. Es uno de los pocos actores que aparecen retratados en la colección del Museo del Prado. El suyo fue obra de Salvador Viniegra y Lasso de la Vega. Carreras nació en Madrid, en la calle Zurita, el 4 de diciembre de 1856. Fue bautizado en San Lorenzo. Hijo de artesanos, sus primeros trabajos fueron como carpintero, aunque siempre tuvo afición al teatro y perteneció a la claqué de varias salas. Gracias a la esposa de Manuel Becerra pudo terminar el bachillerato tras la muerte de su padre. Actuó por primera vez como aficionado en el teatro Buenavista, que estaba en la calle Silva. En 1880 hizo un primer intento de profesionalizarse como actor, participando en la inauguración del teatro Madrid (más tarde Barbieri) de la calle Primavera. Las primeras temporadas no le fueron propicias y decidió la vuelta a la carpintería, estableciendo un negocio de construcción de camas. No se desanimó y volvió a intentarlo contratado por Joaquín de la Concha Alcalde, que había levantado el primer teatro Maravillas. Los tres duros diarios que le ofreció para ir al nuevo escenario le animaron a liquidar las camas. Era el año 1886. Ya no dejó la escena. Su consagración se produjo con el estreno de El gorro frigio, en el teatro Eslava, el 17 de octubre de 1888. Su personaje de El Manitas sería recurrente a lo largo de toda su carrera. En el final del siglo XIX los actores de este género aspiraban a ser contratados por el Apolo de la calle Alcalá, la catedral del Género Chico. Y Carreras consiguió ser uno de sus primeros actores durante una década. Su nombre está ligado a estrenos como El santo de la Isidra, La generala, El método Gorriz, El pobre Valbuena, Los chorros del oro… Fue el ídolo de Madrid en el comienzo del siglo XX.

Según contaron sus necrológicas no era un hombre agraciado, ni de gran presencia. Como no podía ser galán se decantó por el humor, siendo maestro en cometer todo tipo de torpezas y caídas en sus trabajos.

Se marchó a hacer fortuna en Argentina hacia 1910 y parece que le fueron bien las cosas durante dos temporadas ya que la prensa comentó que traía un beneficio de 200.000 pesetas. Pero al regreso, en 1913, su salud se quebró de repente mientras representaba La generala en el Gran Teatro Lírico. Perdió la memoria y comenzó a sufrir síntomas de parálisis, que fueron agravándose. Tuvo que ser internado en el sanatorio mental del doctor Esquerdo. Se achacó la enfermedad al disgusto que le produjo no poder reintegrarse al escenario de sus triunfos, el Apolo. Así lo supuso el Heraldo de Madrid (21-10-1916):

Emilio se volvió loco de pasión de ánimo, de la tristeza que le produjo su desconsiderada despedida de Apolo, que él tenía por su hogar; del dolor que le produjo ver cómo, al regresar de la Argentina, se le cerraban inexorablemente las puertas de su teatro, matando todas sus ilusiones.

Porque Emilio amaba al teatro de Apolo como algo suyo.

Durante tres años su salud no hizo sino agravarse hasta convertirse prácticamente en un vegetal. En ese tiempo su hijo Emilio también tuvo que ser internado en el mismo sanatorio. Finalmente, tras sufrir un derrame cerebral, falleció en ese manicomio el 20 de octubre de 1916. Su cadáver fue velado en la capilla de Nuestra Señora de la Novena, la cofradía de los cómicos, desde donde fue trasladado al cementerio de La Almudena. Le sobrevivieron su segunda esposa Felisa Torres, con la que se casó en 1891, también actriz, y cuatro hijos. ¿Quién se acuerda hoy de Emilio Carreras? ¿Y de los teatros Apolo, Buenavista, Madrid y Lírico?

Emilio Carreras

Cementerio viejo

Cementerio de La Almudena

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