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Y seguimos con los cambios de nombre

viernes 03 de febrero de 2017, 12:19h

La curiosa manera de preocuparse de lo que no tiene ningún interés real y obviar asuntos esenciales que afectan a los madrileños, responsabilidad del Ayuntamiento de Manuela Carmena, empieza a ser muy preocupante.

Cuando se proclamó al hasta entonces príncipe Felipe en monarca español, primavera del 2015, la alcaldía de Madrid capitaneada por Ana Botella anuncio que el Parque de Valdebebas que sería inaugurado un año mas tarde llevaría el nombre del nuevo rey español, a saber Felipe VI, como así ha sido. Ese parque es hoy el mayor parque de Madrid en extensión, ya que ocupa cuatro veces El Retiro y es aún mayor que el Central Park de New York.

La formación Ahora Madrid, poseedora del cetro, se plantea que no le gusta el nombre; debe ser este un asunto esencial en la agenda de Manuela Carmena y se les ha ocurrido que sean los vecinos de Hortaleza quienes decidan sobre si el actual Parque de Felipe VI cambia o no su nombre a Parque Forestal de Valdebebas, y de esta manera se libran del nombre del monarca. La propuesta que logre el mayor número de apoyos este febrero será la que la presidenta del distrito lleve al Pleno municipal para su votación final.

¿Será de nuevo como la votación del concurso de Plaza España? ¿O esta si será escuchada y efectiva de acuerdo a lo que opinen y voten los ciudadanos?

Estamos muy acostumbrados a leer noticias que sugieren democracia vecinal que más tarde dan como resultado que no lo son tanto. Menos de 8.000 madrileños fueron quienes optaron a este concurso, del que salieron 79 bocetos que ofrecían un cambio para la Plaza de España. De esos, fue un jurado compuesto por arquitectos, ingenieros de caminos y… políticos representantes de distintas concejalías madrileñas de Ahora Madrid, el que decidió cinco semifinalistas; de ellos, solo han llegado a esta última fase dos ideas ciudadanas de proyecto: tercera y décima más votadas en la primera ronda de cribas, que compiten con una alineación titular muy distinta, a pesar de que sí compartían mucho punto en común.

Por lo tanto, este proceso no ha sido ciudadano sino mixto, puesto que ha agrupado, aparentemente, consulta popular, pero sobre todo decisiones municipales; por lo que si finalmente prima lo que decidan expertos contratados a tal fin, y siempre los políticos en medio, ¿a qué viene organizar concursos ciudadanos? ¿Es para cubrirse el expediente? ¿O les mueve parapetarse tras una decisión ciudadana, en apariencia, que esconde nuevas maneras de abrir fuentes de gasto público no previsto? ¿Cuánto nos cuesta extra cada nueva propuesta de votación vecinal para finalmente no ser elegida?

No sé si necesitamos tanto cambio de nombres o aspectos en un Ayuntamiento suficientemente endeudado, pero insisto en que hay cosas esenciales que se olvidan, como es la penosa situación de la calzada en calles de Madrid que necesitan arreglos urgentes en demasiados tramos, que gritan contra las aceras de la Gran Vía recordando que estas sí gozan de muy buena salud mientras otras zonas están agónicas y cuestan mucha rueda rajada a los sufridos conductores madrileños.

Tendremos que esperar que algún ciclista decida que hay que arreglar alguno de esos peligrosos agujeros, a ver si a ellos sí les escuchan, para que el Ayuntamiento madrileño entienda que no sólo de imagen proyectada a base de campañas de comunicación vive un/una alcalde/sa.

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