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Gámez: 'Planteamos una intervención sutil y no traumática en el palacio del Capricho'
(Foto: Enrique Villalba)

Gámez: "Planteamos una intervención sutil y no traumática en el palacio del Capricho"

viernes 05 de agosto de 2016, 08:22h
José Ramón Gámez (Ciudad Real, 1961) es uno de los dos arquitectos ganadores, junto a su compañera en el estudio CUArquitectos, Patricia Fernández, del primer premio del concurso de ideas convocado por el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM) para la rehabilitación del Palacio del Capricho (distrito de Barajas) y su conversión en Museo de la Ilustración, gracias a su proyecto 'Entre-luces'. Atendió a Madridiario en su estudio mientras realiza el papeleo con el Ayuntamiento para poder comenzar a trabajar en el proyecto definitivo a lo largo del mes de septiembre.

El del palacio del Capricho es uno de los proyectos más delicados que hay en el panorama arquitectónico de la capital, en estos momentos ¿Qué les hizo interesarse por el proyecto?
En realidad, la escala del proyecto era muy asequible. Era muy fácil entender qué se quería hacer, desde el principio. Tiene una escala humana muy propia con lo que el proyecto solicita, que es un museo de la Ilustración y, a la postre, de la persona en su dimensión universal y cultural. En ese sentido, es un proyecto en el que uno se siente cómodo en su ejecución. Acabamos de participar en otro concurso para la sede de Metro en Madrid, en el que se planteaba una torre de doce plantas con varios edificios alrededor. Un proyecto complejo en el que nos habíamos sentido algo más incómodos por la dimensión tan enorme y la complejidad técnica que tenía. Mientras, este fue una delicia. Todo fluyó de forma muy natural.

¿Cómo plasman la filosofía de esta época en una rehabilitación?
Nuestra idea fuerza fue la propia forma del edificio. Su aspecto exterior es de palacio pero el interior es una casona de habitaciones pequeñas, muros, etcétera. Algo no muy diferente a una casa señorial del centro. No tiene una monumentalidad espacial interior. Pensamos que el palacio debía contar con un valor espacial interior. Por eso, propusimos abrir un gran espacio interior que conectase espacios y escaleras. Además, creemos que, desde el mismo, podemos proyectar todo el palacio y su jardín. Esa pieza central permitiría pasar por ella, entender qué fue la Ilustración, qué fue ese palacio, quiénes fueron sus personajes y, una vez entendido y con más información, poder continuar el recorrido.

O sea, que en ese nudo han concentrado la cámara oscura, la proyección al exterior y el resto de elementos que exigía la base del concurso.
Exacto. Y todas las dependencias se articulan alrededor de esa sala, volcando pequeños balcones, proyecciones u otras referencias. Ese espacio es una especie de nudo para el resto del palacio.

¿El resto del edificio es aprovechable o las características constructivas no permiten sacarle rendimiento?
El resto no es difícil de aprovechar porque tiene unas escalas muy razonables. En el resto de las estancias hay que hacer una labor de restauración, de puesta en valor de cada cuarto, más allá de la musealización. Otorgarle un valor especial a cada estancia, que estará apoyada por el valor general del palacio, graduada por esa gran sala central a dos alturas.

¿Esa puesta en valor de cada estancia no puede convertir el espacio en una apuesta muy teatral del edificio?
Sí porque todo palacio, en cierta medida, tiene cierto culto a la vanidad y a la artificialidad, como un modo de vida del ser humano. Se trata, no solo de plantearse la existencia como un mero modo de supervivencia netamente animal en la tierra, sino algo más. En la obra arquitectónica, como en otros aspectos de la vida, la teatralidad es necesaria para humanizar los espacios.

El Capricho es un espacio de descubrimiento personal, en el mismo sentido que la finca Da Regaleira y otros experimentos arquitectónicos similares ¿Han incorporado ese concepto en su proyecto?
Siempre que vas a hacer un proyecto, hay muchos recursos que vas tomando. En nuestro caso, debido a la escala del proyecto a realizar, tampoco necesitábamos demasiadas referencias externas. O, al menos, no las necesitábamos para realizar el concurso. Eso no quiere decir que ahora que entramos en profundidad en el proyecto, no visitemos las ideas de otros espacios donde se ha procedido de igual modo. El palacio del Capricho tiene un carácter propio que no necesita muchos elementos nuevos, ni nuevas ocurrencias. En principio, creo que va a ser un espacio didáctico, algo más para enseñar y arrojar más luz sobre la etapa de la Ilustración, más que para sorprender.

Otro de los puntos clave de la filosofía del proyecto que planteaba el COAM era su carácter de inmueble proyectado por y para una mujer ¿Cómo plantea su proyecto el concepto de un edificio en femenino?
La museografía es la que va a apoyar el hecho de matizar el entendimiento ordenado, racional y jerárquico de la Ilustración, en el que se definen disciplinas y se ordena el mundo, según criterios de razón. En ese planteamiento, se establecen unas dialécticas como las de hombre-mujer, privado-público, etcétera. Sin embargo, esas dialécticas han sido malentendidas muchas veces, planteándose dualidades de un aspecto contra el otro, cuando, en realidad, eso está cargado de matices. No es el hombre contra la mujer o viceversa, sino que la relación ofrece riqueza al conjunto. El ejemplo de la duquesa de Osuna muestra que no se trata del hombre en una posición superior y la mujer en una posición inferior, sino que hace de la mujer una persona tan capaz y tan ilustrado como el del hombre. Reconoce así el valor de las mujeres y permite dar unos pasos atrás y pensar que, en algún momento, alguien pensó que la mujer estaba por debajo del hombre, cuando lo que se tenía que haber planteado es que se trataba de diferentes modos de entender y de enriquecer el conjunto.

Las casonas del siglo XVIII tenían muy diferenciados los espacios masculino y femenino, divididos por alas ¿Esto puede condicionar la distribución del museo que plantean?
El palacio perdió hace mucho tiempo ese significado doméstico, para pasar a ser ocupado por lo público y abrirse a la sociedad. Y, en consecuencia, esas divisiones que se planteaban en el ámbito de la convivencia para que las uniones entre sexos se produjesen solo en los momentos necesarios, me parece que no nos van a plantear grandes dilemas. Debemos plantear qué carácter queremos dar para la puesta en valor de cada espacio, en relación con la Ilustración. Ese es un trabajo que tenemos que profundizar.

Varios de nuestros lectores han cuestionado si su proyecto respeta el carácter de Bien de Interés Cultural del edificio, al plantear un bloque central que supondrá cambios estructurales en el inmueble.
Si no me equivoco, el Bien de Interés Cultural es el jardín, no el edificio en su interior. Además, ha sido muy intervenido. No obstante, realmente, no estamos planteando una intervención traumática que acabe con molduras, capiteles y columnas. Lo que se va a intervenir no tiene un valor artístico grande. La intervención pretende conectar dos crujías para conectar dos estancias y demoler un forjado para hacer un espacio a dos alturas. Somos sensibles a la protección patrimonial y creemos que se conserva su valor. De hecho, se recupera la esencia del espacio interior: recuperando las escaleras, aspectos de la fachada, columnatas... Es una intervención puntual. Hay que plantearse el debate de es si los objetos patrimoniales deben ser intervenidos. El problema que existe es que si no se intervienen, caen en una obsolescencia inabordable que les hace perderse. O hay vida en los edificios o se mueren. Por el hecho de no intervenir, nos convertimos en una especie de testigos de Jehová que plantean que no se puede intervenir pero nos da igual que se muera. Los edificios son elementos vivos cuyos creadores tenían una visión y unos planteamientos similares a los que tenemos los arquitectos actuales, trabajamos los mismos conceptos, espacios, transparencias, materias, ejes, muros, resistencias. En realidad, los arquitectos nos podemos entender en el mismo lenguaje, a pesar de que unos estamos vivos y otros están muertos. Se va a intervenir bajo los mismos principios: los de la arquitectura.

¿Compromete la arquitectura del pasado la forma de trabajar en el presente?
Un edificio de pequeña escala evita una intervención a gran escala. Va a ser un trabajo muy sutil, con materiales muy ligeros: mallas metálicas, pequeñas plataformas de forjados, balcones muy discretos de poco volumen... Y que tendrá que ver mucho con lo teatral, lo fantasmagórico: la iluminación, las proyecciones... Una parte inmaterial que va a dotar de sustancia al proyecto. La intervención dura y material en el edificio va a ser muy moderada. Va a ser una cirugía que busca más restar que sumar. Va a ser, en ese sentido, un proyecto al revés.

¿Temen encontrarse sorpresas constructivas, habida cuenta de las características del edificio (cerrado muchos años, muy poco conocido...)?
Siempre puede haber alguna sorpresa, pero no creemos que se vayan a producir. No creo que encontremos ningún gran problema estructural porque el edificio ha tenido un cierto mantenimiento y nadie ha detectado nada parecido. Sí es posible que haya habido intervenciones realizadas con mayor o menor fortuna que, quizás, haya que revertir. Por ejemplo, a lo mejor se considera que es mejor recuperar las carpinterías porque consideramos que sería bueno hacerlo. Pero no creo que encontremos nada sorpresivo.

Esa zona tiene muchas aguas subterráneas ¿Van a intervenir en la cimentación?
En principio, no. No vamos a poner mayor carga en el edificio, sino todo lo contrario, vamos a aligerarlo. Eso podría suponer una expansión del terreno y es en lo que tendríamos que ser prudentes, aunque el constante lavado del terreno va a evitarnos cualquier problema en ese sentido. Podría haber problemas de humedades, que trataríamos. Pero, en realidad, estos edificios son muy sólidos y los materiales sufren más por mojarse y secarse, que por estar siempre mojados, como demuestran las pilas de los puentes. Lo mejor es dejar estar al terreno, porque drenar la zona puede provocar problemas. La intervención va a ser mínima.

Hay dos elementos clave, aparte del eje central, en el proyecto planteado: la biblioteca y el espacio de ocio ¿Cómo los van a plasmar?
Parece ser que, en el siglo XIX, se hizo una subasta del contenido del palacio. Eso significa que recuperar todos los contenidos va a ser difícil y, a lo mejor, innecesario. La recuperación de la biblioteca como tal, está por ver. Creo que se recuperará una visión de lo que fue la biblioteca, de sus referencias, de lo que supuso la colección bibliográfica de la duquesa, con referencias de toda Europa. Lo que ahí se puede exponer, no es tanto la recuperación de una biblioteca, sino de mostrar el interés de la Ilustración por reunir un compendio universal del saber. Va a ser más la idea que el hecho físico de la biblioteca. En cuanto al ocio, pensamos que en la propuesta había una idea que nos pareció importante, que fue no entender el edificio como un objeto aislado, sino como parte de una secuencia de una experiencia de visita, que consistía en llegar hasta un punto de recepción, externo al palacio, junto a las casas de oficio (calle de la Rambla) y, de ahí, entrar en el palacio, recibir determinadas experiencias como la cámara oscura o los juegos de espejos y, a partir de ahí, salir a los jardines. O sea, que el palacio no es una intervención ajena al resto, sino como una conexión a sus elementos vecinos. Es como si te invitan a cenar a una casa y, directamente, te sientan en la mesa a comer. Hay una ceremonia previa y posterior. Pues esto es lo mismo. Planteábamos una intervención exterior, no solo en el palacio, para dar continuidad a ese relato.

¿Han planteado una rehabilitación de las casas de oficios?
Efectivamente, hemos planteado que allí podría haber un lugar de reunión inicial de visitantes. Supongamos que llega un autobús desde el centro de Madrid, los visitantes se reúnen, reciben explicaciones, pueden ver el trabajo de escuelas. Y, a partir de ahí, iniciar un recorrido en el que se vea vida. Es más, podría ser un lugar de investigación. En ese sentido, proponíamos que sea una experiencia en su conjunto.

¿Dónde estaría situada la exposición permanente?
En la planta baja y en parte de la segunda planta.

¿Qué entrada utilizarían para el palacio?
Vamos a aprovechar la trasera, que da a una calle con muy poco tráfico rodado, fuera de la cerca del palacio. Lo razonable sería entrar por la parte exterior.

El palacio tenía un túnel de conexión con el búnker de Miaja ¿se va a recuperar o a tapar?
Es un elemento más de la historia del palacio, aunque es mucho más contemporáneo. Habrá que valorarlo en la lectura museística, porque podría generar un salto en el entendimiento demasiado grande. Sobre todo, además, porque puede distraer demasiado la atención de lo que se quiere mostrar, pues los aspectos tétricos de la Guerra Civil pueden tener un atractivo que puede ser perjudicial para el mensaje que se quiere plantear. Yo, desde luego, no sería partidario de mezclar esos dos elementos tan dispares como el palacio y el búnker. Creo que no participa en el discurso, salvo que alguien en el futuro alguien considere que puede aportar. Me da la impresión inicial que no.
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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    2810 | José Luis Rayos - 20/10/2016 @ 21:43:09 (GMT+1)
    El titular es demasiado "sutil" como para tratarse de una intervención con demolición de elementos del sXVI de la casona preexistente al Palacio actual. Además de incumplir las bases del concurso en temas de accesibilidad universal, la inexistencia de un proyecto de musealizacion y una muestra total de desconocimientodel edificio (sin visitas previas a presentar propuesta). Este proyecto debe revisarse por respeto a un tesoro en continua amenaza desde hace décadas. Un saludo José Luis Rayos Arquitecto y miembro de la Asociación Cultural de Amigos del Jardín de El Capricho.

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