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El Capricho de la alcaldesa

viernes 07 de agosto de 2015, 14:12h
La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, negocia con el Museo del Prado para dar un uso cultural al palacio de los duques de Osuna y al búnker del general Miaja, ubicados en el parque de El Capricho.

No es la primera vez que se plantea dar usos a estos espacios. En la pasada legislatura, Ana Botella, y, por extensión, Fernando Villalonga, exdelegado de Las Artes, y Pepa Aguado, exconcejala presidenta del distrito de Barajas, se fajaron para recuperar uno de los mejores parques de Madrid. A mi juicio, sin nada que envidiar al parque del Retiro.

Se recuperaron las estatuas perdidas de la Exedra (un busto en bronce de la duquesa de Osuna; y dos grupos mitológicos de mármol blanco, 'Hércules y Ónfale' y 'Baco con sátiro'), comprándoselas a precio de platino (se tasaron en 15.000 euros y se pagaron a 30.000) a los herederos de Mayte Commodore, que hace décadas intentaron hacer un hotel de lujo con los antiguos dueños del parque en el complejo, sin ningún éxito. Luego, la propia Botella gestionó que Alicia Koplowitz regalase a la ciudad una réplica de la Venus de la Alameda, de Juan Adán, que fue situada en su posición original en el Abejero del parque. También se recuperó el muro del parque, realizado parcialmente con piedra del castillo cercano, que estaba muy deteriorado.

A continuación, los vecinos, a través de diversas plataformas y con la colaboración de PP y PSOE, abogaron por recuperar de una vez por todas el búnker del Estado Mayor Republicano. El Ayuntamiento anunció que se abriría en el mes de mayo de 2014 para grupos con cita previa, después de meses de obras, y nunca más se supo. El último proyecto en el parque fue una iniciativa personal de Aguado para dar uso al Palacio de los Duques de Osuna, en su tiempo uno de los más frecuentados por la alta sociedad madrileña. Buscó inversores para convertir este espacio en un centro en el que se celebrasen eventos públicos y exposiciones, y también celebraciones privadas al estilo de las bodas bautizos y comuniones. De esta manera, el Ayuntamiento se ahorraba un dineral en restaurar constantemente un edificio que estaba abocado a la ruina, a pesar de poseer algunos bienes patrimoniales de mucho valor. Finalmente, no funcionó porque a ningún inversor le salían las cuentas.

A priori, el proyecto de Carmena puede ser una buena solución, aunque tiene varios problemas. El primero, quién lo paga. Hay muchas posibilidades, aunque lo lógico sería que el Ayuntamiento pusiese la rehabilitación y el Prado los bienes culturales para redondear la jugada. El segundo pero son los accesos. En tres sentidos. El palacio tiene dos puertas, la de la calle de la Rambla y la del propio parque, con lo que habría que estudiar de qué manera se podría entrar al palacete. También habría que saber si se recuperarían los accesos subterráneos entre el palacio y el búnker para hacer una musealización más sencilla de estos espacios.

En tercer y último lugar, y a mi juicio, el más importante, sería el de la presión social sobre el parque. Poner un apéndice del Prado solo provocaría un efecto llamada hacia el Capricho. Se trata de un parque frágil, con una de las colecciones vegetales más importantes de España. Es Bien de Interés Cultural porque, además, tiene infraestructuras que lo hacen un parque de foto. No es extraño que tenga un control de accesos para que entre un número limitado de gente porque todos los fines de semana se concentran auténticas muchedumbres para entrar, sobre todo, desde que se acondicionaron los jardines de Aranjuez y el aparcamiento junto al complejo. El 90 por ciento de los novios de la capital van allí para hacerse las fotos de boda.

En los últimos 20 años, la agresión ambiental se ha ido incrementando. Frente al parque estaba la antigua sede de Dragados, que se sustituyó por un residencial que aumentó la circulación de vehículos en la zona. Además, hay una instalaciones deportivas municipales que todos los fines de semana tienen actividad y, hace apenas un año, se instaló a apenas doscientos metros la sede de Vodafone España.

Creo que, antes de tomar decisiones culturales, la alcaldesa debería hacer un plan serio para alejar los coches del parque (al lado está el aparcamiento del parque Juan Carlos I, que ya está bastante saturado; hay una estación de Metro a trescientos metros y un área intermodal a un kilómetro) y plantearse cuál va a ser la fórmula de accesos para evitar la saturación del complejo. Ya de paso, y ya que estamos con churriguerismos, sería lo suyo que Carmena abordase de una vez, tal y como se comprometió Alberto Ruiz-Gallardón en el Plan de Acción Agenda 21 para el distrito de Barajas, la expropiación del desvencijado camping del Capricho (el único de toda la capital), trozo del parque que fue vendido por anteriores propietarios, para devolver el Capricho a su dimensión original.
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