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Escuelas Católicas de Madrid: una historia con futuro

miércoles 20 de abril de 2016, 16:42h

Vivimos momentos convulsos en la política, en la sociedad, en la educación… Momentos en los que algunos, con gran proyección e influencia, plantean dudas acerca de casi todo; cuestionan lo más arraigado entre los ciudadanos; pretenden la ruptura con instituciones que, a lo largo de la historia, han gozado del beneplácito de nuestras generaciones precedentes y de nuestros conciudadanos. Y por supuesto, entre esos cuestionamientos, está la libertad de enseñanza y, con ella, la propia escuela cristiana.

En nuestro Madrid, más de cuatrocientos años contemplan la presencia de la escuela católica, tal y como hoy la conocemos. Desde las primeras iniciativas de instituciones como la Compañía de Jesús con su Colegio Imperial, hasta nuestros días, se ha ido configurando la realidad humana, social, política e, incluso, urbana, de los pueblos y ciudades de la región. Una realidad en cuya configuración ha contribuido decisivamente la presencia de los colegios religiosos y su oferta educativa imbuida de valores cristianos.

Madrid no sería lo mismo sin el arraigo comprometido de las instituciones religiosas y sus centros educativos. La educación y asistencia a los más desfavorecidos; la promoción de la mujer y su igualdad; el desarrollo de las enseñanzas profesionales; la integración de los padres en las tareas educativas; la formación en la excelencia cultural e intelectual;... han sido y son factores decisivos a la hora de promover una sociedad más equitativa. Podríamos decir que las escuelas católicas de Madrid han sido copartícipes de la actual realidad de un Madrid más plural, más equilibrado y más libre. Así pudimos analizarlo hace diez años, en noviembre de 2006, en nuestro I Congreso denominado “Una historia con futuro”.

Pero esta historia no sirve de nada si no se garantiza ese futuro. Parece que, a pesar de los tiempos convulsos a los que antes me refería, la actualidad y, sobre todo, la sociedad auspicia un tiempo fructífero para este modelo de escuela. Así se manifestó en la reciente asamblea general de la institución. Y así se desprende del dato de que, casi siete de cada diez solicitudes de escolarización, piden colegios concertados católicos. Pero esta cifra no debe extraviar la atención de lo verdaderamente importante. Las escuelas católicas han alcanzado sus objetivos de formación de calidad y progreso social desde una autonomía que les ha permitido mantener un carácter propio cristiano. Los gobernantes e instituciones madrileñas tienen la responsabilidad de que esta autonomía no quede menoscabada. Deben perseverar en la línea de promoción de esta autonomía y de reconocimiento del principio de libertad de enseñanza. Lo contrario impediría que la escuela siguiera prestando a la sociedad madrileña ese servicio educativo con arreglo a unos principios que, hoy más que nunca, Madrid está pidiendo a gritos. Y es que, hoy más que nunca, Madrid es tierra de Misión. ¡Ahí está el futuro de sus Escuelas Católicas!

Emilio Díaz

Responsable de Comunicación y Relaciones Institucionales de Escuelas Católicas Madrid

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